Si nuestro sistema electoral no es capaz de tener resultados oficiales de una elección regional y municipal a casi un mes de los comicios, es porque las cosas caminan muy mal en la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) y en el Jurado Nacional de Elecciones (JNE), que se quedaron en los años 80.

La tecnología avanzó y todo cambió, pero en el Perú un poco más y nos hacen teñir los dedos con tinta indeleble.

Acá no puede haber el argumento para justificar demoras en comicios generales, de que la difícil geografía del Perú impide la llegada de las actas, o que es complejo procesar los votos del exterior. No, pues en las elecciones regionales y ediles, nuestro sistema no puede dar resultados oficiales en un plazo razonable ni siquiera en Lima Metropolitana.

Su miramos el caso de la capital, ayer se cumplió una semana del proceso electoral y aún no se sabe a ciencia cierta quién será el próximo alcalde de Lima, y si a eso sumamos que el JNE jamás aclaró si el señor Rafael López Aliaga, podrá asumir el cargo de burgomaestre a través de la llamada “reelección encubierta”, pues vemos que todo camina mal.

Urge hacer una reforma para sacar de los tiempos de las cavernas a un sistema electoral que este año, en los dos procesos electorales que ha puesto en marcha, ha dejado en claro que se quedó en tiempos jurásicos y no que ofrece garantías a los ciudadanos.

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