Sandro Cavero y su hermano Aldo estuvieron en Lateando con Puchungo y recordaron que el día que el actual dirigente de la Agremiación de Futbolistas persiguió por las calles de Miraflores a quien creyó que era un ladrón, lo alcanzó, le dio una patada, le dejó la nariz hinchada y recuperó la mochila que llevaba. Sin embargo, cuando regresó para entregársela a la supuesta víctima, la mujer terminó confesándole que aquel hombre era su esposo. “¡Qué roche!”, reconoció entre risas el exfutbolista.
Mira también:La historia salió durante la caminata que ‘Puchungo’ Yáñez realizó junto a los hermanos Aldo y Sandro Cavero por las calles de Lince. Entre recuerdos de fútbol y barrio, apareció una característica que, según Alfonso Yáñez, siempre distinguió a sus amigos: no soportan los abusos.

“Los Cavero odian el abuso, eso lo sé yo desde hace muchos años. Odian el abuso. Eso es totalmente cierto, yo puedo dar fe de esa vaina”, comentó ‘Puchungo’.
Sandro admitió que esa forma de ser más de una vez le trajo problemas. Aunque se definió como una persona tranquila, reconoció que puede reaccionar inmediatamente cuando considera que alguien se está propasando.
“Yo tengo un carácter dócil, pero si alguien se quiere propasar, yo de verdad soy reactivo. No te voy a decir un ajo, una cebolla, pero soy determinante”, explicó.
PERSECUCIÓN EN TERNO Y CORBATA
Fue entonces cuando Cavero desempolvó una anécdota de aquellas que parecen armadas para el vacilón, pero que a él le tocó protagonizar. Aquel día se dirigía a la oficina de la agremiación porque tenía una reunión con dirigentes de Universitario de Deportes.
La cita exigía formalidad. Sandro estaba con terno y corbata cuando, cerca de su oficina, vio pasar junto a su automóvil a un muchacho que llevaba una mochila y corría mientras volteaba constantemente hacia atrás.
“Dije: ‘Qué raro, mirando para atrás’. Y en eso se aparece una chica y dice: ‘¡Ratero!’. Y yo dije: ‘Le estaba robando’, y agarré y comencé a corretearlo”, relató.
La persecución arrancó en Miraflores y atravesó el parque Kennedy. La escena llamaba la atención: un hombre vestido elegantemente corría detrás de otro mientras la gente trataba de entender qué estaba ocurriendo.
“Yo corriendo en el parque Kennedy y la gente: ‘Ya, ¿qué pasa?’. Llegó hasta Diagonal”, recordó el exjugador.
Sandro no aflojó. Cuando estuvo suficientemente cerca del fugitivo, decidió intervenir a su manera. “Ya cuando estoy por agarrarlo, él mirando para atrás, le meto una patada, se cae, le quito la mochila y me la llevo”, contó.

“QUÉ RARO ESTE LADRÓN”
Para Cavero, la misión estaba cumplida. Había recuperado la mochila y solo quedaba regresar para entregársela a la mujer. Sin embargo, apareció un detalle que comenzó a hacerle ruido: el supuesto delincuente, en lugar de desaparecer, empezó a seguirlo.
“Pero el tipo me seguía. Entonces dije: ‘Qué raro este ladrón’. O sea, después que te hubiera intervenido, me sigue. Y con la nariz toda hinchada”, relató.
Cuando regresó al punto inicial, encontró a la mujer acompañada por personal de Serenazgo y llorando. El hombre al que había perseguido también llegó detrás suyo. Entonces vino la sorpresa.
“El tipo me seguía y me dice ella: ‘Mi esposo’. Y yo le digo: ‘¿Él es tu esposo?’. ‘Sí’. Pero no sabía qué decir ni cómo se iba. Y yo como la Pantera Rosa”, recordó entre risas.
La revelación dejó al exfutbolista sin reacción. Había corrido varias cuadras con terno, tumbado de una patada al hombre, recuperado la mochila y, de paso, le había dejado la nariz hinchada. Todo por una confusión.
“Una vergüenza. Dije: ‘Nunca más me meto. ¿Para qué?’”, reconoció Sandro. En medio del vacilón recordó la protesta de la mujer afectada: “¿Cómo le has pegado en la nariz?”. La respuesta del protagonista resumió todo: “¡Qué roche!”.

NO ERA LA PRIMERA VEZ
Aldo Cavero confirmó que aquella no fue la única ocasión en que su hermano decidió intervenir frente a un supuesto abuso. Recordó que, cuando ambos iban a viajar con la agremiación, encontraron a un hombre que había robado a una señora cerca de un mercado.
“Sandrito lo agarró, yo tuve que agarrarlo, tal que se desquició. Lo agarró, lo tiró, lo metió ahí bajo el carro”, contó Aldo sobre aquella intervención.
Sandro reconoció que esa impulsividad para ayudar a otras personas le ha generado más de un inconveniente. “A veces hemos estado juntos y están robando a una persona y nadie se mete, todo el mundo pasa”, explicó durante la conversación.
Los años pasaron, pero Cavero continúa vinculado al fútbol desde otro frente. Sigue trabajando en la agremiación de futbolistas y en agosto del próximo año cumplirá 25 años dentro de la institución.
“Se me ha pasado la vida. Nunca pensé quedarme tanto tiempo, pero estoy de verdad cómodo, porque sigo defendiendo a los futbolistas y eso me apasiona”, aseguró.
Además, adelantó que prepara un nuevo libro relacionado con el fútbol y el derecho deportivo. Pero entre reuniones, defensa de jugadores y estudios, aquella carrera de terno y corbata por Miraflores conserva un lugar especial entre sus anécdotas: quiso recuperar una mochila robada, dejó con la nariz hinchada al supuesto ladrón y terminó descubriendo que había perseguido… al esposo de la mujer que gritó “¡ratero!”.
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