La debacle que ha sufrido en las elecciones regionales y municipales Alianza para el Progreso (APP), el partido de César Acuña, en la zona donde antes reinaba y era imbatible, debería ser vista por todos como la manera en que acaban los políticos y sus agrupaciones cuando defraudan la confianza del ciudadano, que una vez que se cansa de que se burlen en su cara y no le den soluciones a sus problemas pese a los discursos y las poses propias de las campañas, pasa su elevada factura en las urnas.

El 12 de abril último, en los comicios generales, Acuña y su partido fueron repudiados en las urnas hasta en su antiguo bastión de la costa norte del país, donde antes manejaban gobiernos regionales, alcaldías y escaños en el Congreso. De nada valieron los millones de soles invertidos en la campaña, los bailecitos y los mítines con grupos de cumbia para atraer gente. No pasaron la valla y perdieron la inscripción, por lo que a partir de ahora APP no existe. Si quieren volver a participar en elecciones, deberán recolectar firmas y seguir el largo proceso de renacimiento.

Tanto en abril como ahora en los comicios regionales y municipales, los ciudadanos de la costa norte no le han perdonado a Acuña y compañía el haberse aliado con sucesivos gobiernos a cambio de poner su bancada de borregos al servicio del Poder Ejecutivo de turno. Eso les permitió manejar algunos ministerios como el de Salud, con los resultados que todos estamos viendo. Lo mismo hicieron en Essalud, donde ojalá se esté realizando una buena fumigación para acabar con todo rezago de la presencia apepista. En el Poder Legislativo, también hicieron lo que les dio la gana.

En las elecciones del domingo han ganado en algunas jurisdicciones, sí, pero más por el atractivo de ciertos candidatos en particular, que porque la gente los identifique como representantes de Acuña, como Reynaldo Hilbck, en Piura. Allí están también los casos de los distritos trujillanos de La Esperanza y Florencia de Mora. Cómo habrá sido esta crisis en APP que en estos comicios ni siquiera lanzaron candidato al Gobierno Regional de La Libertad, que estuvo en manos de Acuña hasta que decidió renunciar –pese a que dijo que no lo haría– para postular por tercera vez a la Presidencia de la República.

El “sólido norte” de Acuña ha pasado a la historia, como en su momento sucedió con el “sólido norte” del Apra. Que sirva esto de enseñanza a los políticos y a quienes aspiran serlo. La demagogia, la mecida, el clientelismo, la burla, la falta de empatía, la frivolidad, la sonrisa falsa en los paneles de campaña, y el uso de la función pública para beneficio personal y familiar, tarde o temprano genera la indignación de la gente. Podrá aguantar un tiempo, pero cuando se harta, no hay marcha atrás. Lo estamos viendo.

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