Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un arroz con pollo y papa a la huancaína. Para tomar pidió una jarrita de naranjada fresquecita. “María, el ataque sexual contra un escolar de 16 años por parte de sus propios compañeros del Liceo Naval de San Borja ha revelado muchas cosas sobre nuestra sociedad, todas negativas.
Primero, que la educación de los niños se ha salido de control en el hogar y en la escuela. Décadas de permisividad y de ideología progresistas han relajado la disciplina y dado al mundo pequeños monstruos capaces de perpetrar acosos, violencia sexual y daños a la propiedad.
A los ‘niños de cristal’ de esta época no se les puede hacer nada. Hay que comprenderlos y antes que victimarios, son víctimas. Eso dicen los ‘progres’ educadores, psicólogos y juristas. Si un menor de edad viola, secuestra o dispara contra una persona, es culpa de la sociedad, del hogar disfuncional o del Estado por no ayudarlo. O sea, son considerados inimputables”.
“En la escuela es casi lo mismo. Se prohíbe la expulsión de ‘manzanas podridas’ que muchas veces son mejor tratados y protegidos que sus víctimas. El mundo al revés. Tengo amigos profesores que tienen miedo de sus alumnos y de los padres de estos. En algunos lugares amenazan de muerte a los docentes que se atreven a desaprobar a los ‘angelitos’.
Los esperan afuera de los planteles o les envían mensajes amenazantes. Eso lo replican después en las universidades. Los escolares de ahora reciben contenidos violentos a través de redes sociales, las que están deformando su mente.
Por eso, en Francia han prohibido el uso de redes sociales en menores de 17 años. Estos medios de comunicación son peligrosos sin control. El Gobierno debe hacer algo. Por lo pronto, que vuelva la disciplina a los colegios. Mandar a la basura ideologías enfermizas que están acabando con la autoridad, la disciplina y el orden en sectores clave como la escuela. Muy atentos a eso”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.
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