Cultura
El Silencio (Tystnaden, 1963), de Ingmar BergmanLee la columna de Rodolfo Acevedo Palomino
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31 segundos agoon
24/09/2026By
Rodolfo Acevedo
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Dos hermanas mantienen una relación cargada de hostilidades, resentimientos. Ester y Anna viajan en tren, de regreso a su país, en compañía del hijo de la segunda, Johan. A Ester la aqueja una rara enfermedad. Ahogos, debilidad, dificultad para hablar, le impiden continuar el viaje, por lo que los tres se ven forzados a hacer una parada en la ciudad de Timoka, un lugar extraño (casi onírico), cercano a un conflicto bélico. Anna no parece sentir compasión por su doliente hermana, y no esconde el gesto despreciativo, ni el fastidio de verse obligada por las circunstancias. Ester, por su parte, intentará recuperarse en el hotel, acercarse a su sobrino –uno de sus últimos actos-, y sobrellevar el menosprecio y los celos que siente por su voluptuosa hermana.
En la ciudad desconocida se habla un idioma incomprensible para las protagonistas. También es un paisaje desconcertante. Calles agitadas, atiborradas de gente yendo de un lado a otro, caballos decrépitos jalando carros, y tanques que aparecen patrullando en las noches. El lugar tiene un aire incómodo, como sitiado, como si estuviese a punto de entrar en crisis. (Y puede que también evoque alguna especie de borde, de lugar transitorio, donde purgar culpas o desatarlas).
En la habitación del hotel, Anna pasa mucho tiempo arreglándose, paseando (desnuda), preocupada por cual vestido usar, y muy fastidiada por el calor. En medio de su andar, se da tiempo para mimar a su hijo y dejar que el niño la admire. Una actitud hedonista gobierna su conducta, y una inquietud permanente, la hacen muy sensible a lo que percibe de los otros extraños. (El movimiento callejero, el clima, la visión de un coito en las penumbras de un teatro de variedades -eso la afecta de sobremanera). Ester no parece ofrecerle mucha resistencia a Anna. Debilitada, fuma, bebe, escucha música y habla sola. Así distrae el dolor. También revisa cosas de su trabajo –es traductora-, para no desplomarse. (Su hermana aborrece todo lo que tiene que ver con su trabajo. No soporta ese aspecto intelectual y racional de la vida. Y lo contrapone con su propia manera de existir: vital, desorganizada, física). Ester se encuentra sola, sino es por el viejo camarero del hotel que la atiende cada vez que está muy grave. Pero en general sus actos se cierran sobre sí misma, y repite una disciplina aprendida que la mantiene a flote, pero también la aísla. (Y justifica en cierto momento esa autosuficiencia, al decir que repudia el sexo con otros, porque huele a “pescado podrido”).
Las hermanas reducen sus relaciones a lo mínimo, al casi silencio. Cuando hablan, siempre surge el reproche y la agresión. Se miran cuando no están peleando -una más pendiente que la otra. Se vigilan -podría decirse-, pero también en esas miradas hay envidia y desprecio. Sus cuerpos se distinguen en el movimiento, en la actividad enérgica de Anna, frente a Ester, limitada en sus desplazamientos y a veces contraída. Pero esos movimientos intensos en una y sosegados hasta la parálisis en la otra, son también muestras de sus relaciones con el exterior y consigo mismas, y en ambas sus conductas las dirigen a la insatisfacción y al vacío. La incapacidad para construir un vínculo significativo que no fuera desesperado o instrumental (como el sexo en Anna), o la negación de la comunicación por falta de interés o simple asco hacia la vida mundana (en Ester).
Por su lado, Johan descubre, explora, pero no entiende mucho lo que observa. Su proceder es inocente, curioso, irresponsable hasta cierto punto. Él ve a los tanques detrás de la ventanilla del vagón, sin saber qué sucede. Y mira a su madre con deseo infantil, siempre que puede. Deambula por los pasillos del hotel, conoce a unos enanos actores, y juega un rato con ellos vestido de niña. También se acerca al viejo camarero, quien le muestra unas fotos (de su familia, suponemos), y entre ellas, una en particular, la de una muerta siendo velada. El niño no sabe lo que el anciano le dice, no lo entiende, pero algo tiene que ver con la condición de sobreviviente del viejo. (El camarero le obsequia las fotos. Al salir al corredor Johan escucha unos pasos, entonces decide esconder las imágenes bajo la alfombra. ¿De quién son esos pasos?). El niño está asombrado del mundo a su alrededor, conociéndolo sin prejuicios, sin intenciones preestablecidas. Pero Johan no está solo, depende de la autoridad materna (el padre, siempre de viaje, es una figura muy lejana, casi fantasmal). Anna limita el alcance de las incursiones de su hijo, así como interviene en su relación con Ester. (La tía le entregará a su sobrino una carta con dos palabras escritas en su interior, dos palabras aprendidas del idioma de Timoka. Un gesto agónico que intentará preservar su relación).
La muerte es una presencia fuerte en la película de Bergman. Está detrás de los tanques que aparecen durante el recorrido en tren o en medio de la calle, como un aviso de lo que podría suceder. Es la muerte la que ronda a Ester en su enfermedad, y lo que la hace tomar conciencia de su final, mientras Anna la abandona, después de su última discusión. Y algo parecido a la muerte, está en la destrucción del frágil vínculo que une a las protagonistas, en su incomunicación, y en el silencio en que transcurre la mayor parte de la película. La muerte, su amenaza, o como metáfora de la crisis de la convivencia humana, es el elemento que asedia unas relaciones vacías de fundamento, o de fe (en un Dios), según lo plantea Bergman. Por todo ello, a pesar de breves gestos vistos en el filme, no parece haber nada que redima a sus criaturas, ni siquiera la inocencia de un niño, finalmente sometido por su madre egoísta.
Comentarios Related Topics:Cineel silencioIngmar Bergmanpelícula Don't MissDesnudoteatro presenta obra experimental «Sentir»
Rodolfo Ernesto Acevedo. (Lima, 1977) Es escritor y sociólogo.
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Cultura
Desnudoteatro presenta obra experimental «Sentir»Miguel Blásica presenta unipersonal con una propuesta cruda que cuestiona y resignifica lo sagrado. Dos funciones.
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3 horas agoon
24/09/2026By
Redacción Lima Gris
Desnudoteatro vuelve a las tablas con SENTIR, obra abstracta y experimental que refleja una cruda realidad humana donde el cuerpo es una herramienta de devoción y destrucción.
En un mundo que se reconfigura en la violencia y la locura, SENTIR propone una inmersión en los símbolos sagrados para cuestionarlos y revalorizarlos como elementos de poder social, cultural y político.
De esta forma, SENTIR se presenta como una búsqueda inconsciente de un asomo de coherencia y de la función del mito más allá de las formas y prácticas con lo que se concibe la religiosidad.
Con la actuación unipersonal y dirección escénica de Miguel Blásica, la obra establece y rompe simbólicamente el diálogo entre tradición y modernidad, mientras pone en cuestión la resignificación de símbolos populares.
La propuesta experimental apela a lo sagrado, no solo como baluarte de un país y sociedad, sino como parte de un alfabeto donde confluyen fe, sufrimiento, éxtasis, dolor, suplicio, soledad, vida, muerte y esperanza.
SENTIR es resultado de un largo proceso de creación, donde lo artístico participa como elemento vital en la concepción de la memoria y la historia de los pueblos.
La obra se enmarca en una propuesta de largo aliento que Desnudoteatro ha trabajado durante más de 30 años por intervenir el cuerpo-símbolo y superar los límites convencionales de la interpretación y reinterpretación.
Con un enfoque que nace desde lo artístico para cuestionarlo, la obra presenta escenas de violencia simbólica que pueden inquietar a algunas audiencias. Por ello, la puesta en escena está dirigida a un público mayor de edad.
SENTIR tendrá dos presentaciones: sábados 24 y 31 de octubre a las 7:30 p.m. en el local del Auditorio SITENTEL – Jr. Mariano Carranza 498, Santa Beatriz, (frente a América Televisión).
Las entradas para la función de SENTIR tienen un costo de 25 Soles preventa (hasta viernes 16), luego el precio será 30 soles. Se pueden adquirir mediante mensaje a las redes de Desnudoteatro (en Instagram), Miguel Blásica – actor (en Facebook), al 991 042 451 (WhatsApp) o al correo: [email protected]
Para entrevistas o mayor información, contactar al 991 042 451 (Miguel Blásica)
Fechas: 24 y 31 de octubre
Hora: 7:30 pm
Duración: 1 hora
Lugar: Auditorio SITENTEL – Jr. Mariano Carranza 498, Santa Beatriz, (frente a América Televisión).
Entrada general: 25 soles
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Svetlana Smolina, una de las grandes pianistas rusas, llega a Lima para un único recitalLa reconocida intérprete, elogiada por su intensidad, precisión y riqueza sonora, se presentará el 26 de octubre en el Teatro Municipal de Lima, como parte de la Temporada 2026 de TQ Producciones.
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1 día agoon
23/09/2026By
Redacción Lima Gris
De los grandes escenarios de Europa, Estados Unidos y Asia a Lima. La pianista rusa Svetlana Smolina llegará al Perú para ofrecer un único recital el próximo 26 de octubre en el Teatro Municipal de Lima, en el marco de la Temporada 2026 de TQ Producciones.
La presentación permitirá al público peruano acercarse al trabajo de una intérprete cuya trayectoria internacional la ha llevado a compartir escenario con algunas de las principales orquestas del mundo y a presentarse en reconocidas salas de concierto.
A lo largo de su carrera, Smolina ha actuado junto a la Filarmónica de Nueva York, la Orquesta del Teatro Mariinsky, la Filarmónica de San Petersburgo, la Orquesta Nacional de Francia y la Filarmónica de Róterdam, entre otras agrupaciones. Su recorrido también incluye escenarios como la Royal Opera House de Londres, el Mozarteum de Salzburgo, el Carnegie Hall de Nueva York y el Hollywood Bowl de Los Ángeles.
Durante 2026, la pianista ha mantenido una intensa agenda internacional con presentaciones en Estados Unidos, Sudamérica y Europa, antes de continuar su temporada con su esperado recital en la capital peruana.
Su interpretación ha recibido elogios de diversos medios especializados. The New York Times destacó su capacidad para construir un “piano tempestuoso, que respiraba”, mientras que Los Angeles Times la calificó como una “pianista excepcional, de tono suntuoso”. Por su parte, el Herald Tribune de Londres resaltó los efectos de sus interpretaciones y su capacidad para conducir al público hacia una experiencia de gran intensidad. El medio ruso Zapolyarnaya Pravda llegó a definirla como “un verdadero milagro”.

La trayectoria discográfica de Smolina también forma parte de su reconocimiento internacional. Sus grabaciones han sido publicadas por Universal Music, Warner Music y Pentatone, mientras que su registro de Les Noces, de Ígor Stravinski, bajo la dirección de Valery Gergiev, recibió un International Classical Music Award.
Ganadora del Concurso Internacional de Piano Città di Senigallia, en Italia, y del Concurso Murray Dran de dos pianos, Smolina también desarrolla una importante labor pedagógica. Desde 2011 dirige el Programa de Piano del Philadelphia International Music Festival y forma parte del cuerpo docente de piano del Irvine Valley College, en California. Anteriormente enseñó en el Kaufman Music Center de Nueva York.
A esta trayectoria se suma un nuevo reconocimiento. Este año, la Academia de la Grabación, organización responsable de los premios Grammy, la invitó a incorporarse como miembro votante, en reconocimiento a su trayectoria artística y a sus contribuciones a la comunidad musical internacional.
En Lima, el público tendrá la oportunidad de escuchar a Smolina en un recital que tendrá como protagonistas la técnica, la expresividad y la intensidad interpretativa que han marcado su carrera en los principales escenarios internacionales.
Información para los compradores
Las entradas para el recital de Svetlana Smolina ya se encuentran a la venta a través de Ticketmaster.
Los espectadores que adquirieron entradas para el concierto de Daniil Trifonov, inicialmente programado para el 26 de octubre, podrán utilizar sus boletos para asistir al recital de Smolina y conservarán los mismos asientos. También podrán optar por solicitar la devolución total de su compra.

Para elegir entre ambas alternativas, los compradores deberán registrar su decisión hasta el 6 de octubre de 2026 mediante el formulario habilitado por la organización. Quienes confirmen su asistencia al recital de Smolina conservarán sus entradas y no podrán solicitar posteriormente el reembolso.
En caso de optar por la devolución, esta se realizará a través del mismo medio de pago utilizado para adquirir las entradas. Los plazos correspondientes pueden consultarse en la información oficial de Ticketmaster sobre formas y plazos de devolución.
Si el comprador no completa el formulario hasta el 6 de octubre de 2026, Ticketmaster procederá automáticamente con el reembolso de la compra.
El dato
Recital: Svetlana Smolina
Lugar: Teatro Municipal de Lima (Jr. Ica 377, Centro Histórico de Lima)
Día: 26 de octubre
Hora: 8:00 p. m.
Preventa BBVA: 23 de septiembre
Venta general: 24 de septiembre
Entradas en Ticketmaster
Cultura
Luis Fernando Aspajo: “La literatura amazónica está en constante evolución”Luis Fernando Aspajo Pozo, escritor y poeta amazónico, natural de Iquitos y docente de primaria, cuenta cómo nació su vínculo con la escritura, las dificultades que ha enfrentado en su camino literario y su experiencia difundiendo la literatura amazónica en diferentes partes del Perú. Además, nos habla de su primer grupo literario «Sinfonía del Ensueño».
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1 día agoon
23/09/2026By
Redacción Lima Gris
Por Mónica Aguilar Obregón
La literatura también puede nacer en las aulas, crecer en las calles y encontrar en el contacto cotidiano con la gente una fuente permanente de inspiración. Desde Iquitos, Luis Fernando Aspajo Pozo ha construido su camino como escritor y poeta amazónico entre la docencia, la escritura y la difusión cultural, llevando sus libros y la literatura de la selva a distintas ciudades del país.
Natural de Iquitos, Luis Fernando Aspajo Pozo es docente de primaria, escritor y poeta amazónico. Su acercamiento a la literatura comenzó desde los 13 años, cuando estudiaba en el Colegio César Vallejo de la capital loretana y participaba en actividades de lectura y declamación, desde entonces, ha desarrollado una trayectoria vinculada a la escritura y a la difusión de la literatura amazónica en distintos lugares del país.
En esta conversación con Lima Gris, recuerda sus primeros acercamientos a la poesía, a los escritores que marcaron su formación, las dificultades de dedicarse a una actividad que todavía enfrenta prejuicios y lo que significa para él asumirse como un “escritor de la calle”.

Luis Fernando, ¿Cómo nació tu vínculo con la escritura y qué circunstancias lo llevaron a descubrir que quería expresarse a través de las palabras?
Mi vínculo como escritor comenzó a partir de los 13 años, cuando me encontraba estudiando en el Colegio César Vallejo, un colegio particular de la ciudad de Iquitos. Justamente ahí nos inculcaron la lectura de las obras de nuestro vate peruano, así como la declamación. En el aniversario del colegio, siempre participaban estudiantes de diferentes grados, quienes realizaban declamaciones y leían sobre la vida y obra de César Vallejo.
Y además de eso, para mí fue parte como una formación académica y durante todo el proceso que ha ido pasando los años en el colegio, yo participé internamente en mi aula, en Iquitos grado B, donde ahí con un conjunto de compañeros fuimos escogidos y, por un poema que había escrito, inspirado en una amiga, participé en un concurso y gané. Es así que partir de ese momento, nace mi vínculo con la escritura comenzando a ser un poco más formal.
Y durante todo este tiempo me he dedicado a escribir, he viajado llevando la literatura amazónica a diferentes rincones del país y, de esa manera, también difundiendo la parte cultural.

Foto: Diario La Región.
¿Y qué experiencias de tu vida en la calle influyeron en tu manera para escribir y en los temas que abordas?
Lo que influyó mucho fue la realidad que existe en el Perú, una realidad en la que el hombre de la selva es menos visto o, en algunos casos, mal visto. No todos lo consideran así, pero existe la percepción de que es una persona que no tiene un pensamiento progresista ni aspiraciones de alcanzar grandes cosas.
Pero, sin embargo, he viajado por Arequipa, Tacna, Juliaca, Puno, Puerto Maldonado, he estado difundiendo la literatura amazónica por esos sitios y también dando a conocer que la literatura amazónica está en constante evolución y que muchos piensan que no hay escritores, no hay poetas en la selva, totalmente equivocado. Hay escritores, hay poetas, sino lo que pasa es que en la capital todo brilla, pero no dan la oportunidad a otros escritores y poetas referentes en la zona selva.
Es por eso que algunos se atreven a salir de Moyobamba o de Iquitos o de Pucallpa hacia la capital para darse a conocer y es una manera como marquetearse también, vendiendo sus libros por la Plaza o por Miraflores, yendo por restaurantes y de esa manera uno se hace conocido vendiendo sus libros y contando sus experiencias a lo largo de sus vidas.

¿Cuál fue el primer texto, poema o historia que escribiste? ¿Y qué significó dar ese primer paso?
Ese primer paso lo di cuando yo estudiaba la carrera de educación primaria en el pedagógico, es allí que con un grupo de compañeros nos reunimos, formamos un grupo poético llamado “Sinfonía del Ensueño”, con seis integrantes, y solamente tres estudiábamos ahí y el resto eran de otras carreras.
Así nació la idea de formar el grupo “Sinfonía del Ensueño”, donde nosotros escribíamos, declamábamos, compartíamos nuestros pensamientos a través de poemas, y ahí nació este grupo y de ahí nos unimos para trabajar en el proyecto para publicación de nuestros libros. Así fue donde yo participé en ese convenio poético con el libro “Comisión de un Espejismo”.

¿Y quiénes fueron las personas que más influyeron en sus primeros años como escritor?
Me influenciaron, escritores de la zona donde vivo en Iquitos, fueron Arnaldo Panaifo Teixeira, Germán Lequerica, Carlos Reyes, también un escritor muy conocido como Fernando Fonseca, y también un gran amigo mío que ya falleció, Roger Walter, gran escritor, ellos me influenciaron mucho en la parte de la literatura amazónica y ellos conforman también un grupo literario que se llama “Javier Heraud”
¿Y tuvo algunas dificultades que enfrentar cuando decidió dedicarse a escribir y cómo consiguió mantenerse firme en ese camino?
La dificultad es que un escritor, poeta o artista vive a diario en una sociedad que muchas veces considera que estas actividades no forman parte de una actividad económica pujante ni generan un aporte significativo a la economía. Más bien, se las ve como actividades vanas, que no generan ingresos ni son consideradas un trabajo, como puede ser la docencia, una carrera profesional o el comercio, actividades que sí generan ingresos y permiten pagar impuestos.
Pero a un poeta o escritor no lo miran bien, lo miran como si fuera un mendigo, un vagabundo que anda trotando por la calle sin rumbo y sin sentido.
¿La calle ha sido para usted una fuente de inspiración, una escuela de vida o también un espacio de confrontación?
Yo lo tomo como una forma de vivir, de experimentar y de compartir experiencias con otras personas. De esa manera, uno aprende y también permite que la otra persona aprenda.
Pero yo no me incorporo al lado confrontacional, porque uno no busca chocar con otras personas. A veces puedes encontrarte con un grupo de gente que, sin darse cuenta, también está chocando con personas de poder, con gente de la élite, y eso no les gusta ni les conviene. Sobre todo, cuando alguien está haciendo algo en beneficio de la educación y la cultura, más que todo por los niños y las niñas que están estudiando primaria o secundaria.
Uno busca lo que es la innovación, la creatividad y cuando uno va innovando, va creando, uno va mostrando que tiene otra mentalidad, otra visión de ver las cosas y también las formas de hablar, como también se expresa.

¿Y qué realidad de la sociedad considera que la literatura escrita desde la calle puede mostrar que muchas veces permanece invisible?
Al andar por la calle, tú puedes encontrar muchas cosas y también muchas sorpresas. Estar ofreciendo unos libros de esta manera es una forma de relacionarse con otras personas, de compartir con ellas y, desde el lugar de donde yo vengo, contarles un poco sobre mi tierra. También es una forma de invitar a las personas a conocer el lugar de donde provengo, que vayan por Moyobamba, Iquitos o Pucallpa, para que tengan otra perspectiva, otro concepto.
Porque cuando uno viene a la capital, desde allá, desde donde yo vengo, siempre dicen: “No, es miserable, es malo,”. Pero cuando uno viene realmente acá, a Lima, se da cuenta de que sí hay apoyo, hay una hermandad, no es como uno piensa, tenemos un concepto muy equivocado, tanto en la selva como en la costa, porque nuestras realidades son muy diferentes.
Y después de todo lo vivido, ¿qué significa hoy para usted ser un escritor de la calle? ¿Qué mensaje quisiera dejar a quienes recién comienzan a escribir?
Ser un escritor en la calle, justamente, es ser una persona que puede ser incomprendida, marginada, puesta a un costado y no siempre bien vista por la sociedad. A pesar de que algunas personas no lo aceptan, lo rechazan o le dan la espalda, uno mantiene esa convicción, esa impetuosidad y también bastante prudencia en las cosas que está haciendo.
Por eso, uno mantiene la convicción de que lo que está haciendo no es solamente para uno mismo, sino para todos. Es demostrar que se pueden cambiar muchas cosas, siempre que el cambio empiece primero en uno y después en los demás. De esa manera, uno va sembrando y, a lo largo del tiempo, llega la cosecha.
Y si pudiera volver al momento en el que escribió sus primeras líneas, ¿qué le diría a aquella persona que todavía no sabía a dónde podían llevar sus palabras?
Lo que yo diría es que no tenga miedo, porque hay una frase que dice: “El que no arriesga, no gana”.
Uno tiene que pensar que quien arriesga puede conseguir el éxito, porque si no hubiera fracaso, tampoco habría éxito. Una persona tiene que equivocarse, porque al equivocarse también está aprendiendo durante el proceso.
Uno tiene que habituarse a seguir adelante sin miedo. ¿Por qué? Porque puede lograr muchas cosas, aun sabiendo que en su mente y en su corazón existen dudas, temor y miedo por el qué dirán. Hay personas en el camino que te juzgan, otras que no lo hacen y también están aquellas que te dan ánimo. Incluso hay personas hipócritas en el camino.
Entonces, en el camino siempre se encuentra todo tipo de gente: personas que te van a apoyar y otras que no. Pero eso no debe ser motivo para desanimarse; al contrario, es un motivo más que impulsa a seguir caminando día a día.
Cuando una persona desea lograr un objetivo, ya sea publicar un libro o desarrollar algún proyecto, debe hacerlo pensando también en el beneficio de los demás.
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La persistencia del oficio: Ecuador y Perú reivindican el arte figurativoCinco artistas de Ecuador y Perú se reúnen en Quito para reivindicar el dibujo, la pintura figurativa y el dominio técnico como herramientas vigentes de creación, reflexión y expresión contemporánea. La exposición se inaugura el 16 de octubre en el Centro Cultural Benjamín Carrión La Mariscal.
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2 días agoon
22/09/2026By
Redacción Lima Gris
El dibujo, la pintura figurativa y el dominio de la técnica encuentran un nuevo punto de encuentro entre Ecuador y Perú. Bajo esa premisa, el Centro Cultural Benjamín Carrión La Mariscal, en Quito, acogerá desde el próximo 16 de octubre la exposición La Persistencia del Oficio: exposición de arte figurativo Ecuador–Perú, una muestra que reúne a cinco artistas cuyas obras reivindican el valor del estudio, la observación y la práctica rigurosa en la creación artística.
Paúl Calderón, Armando Requena, Marcelo Castro, Diego Rodríguez (DARO) y Juan Carlos Jurado Reyna participan en esta exposición con propuestas que, aunque transitan por diferentes temas y sensibilidades, tienen como punto de encuentro una sólida formación técnica. El estudio del cuerpo y la anatomía, el manejo de la luz y la sombra, la perspectiva y la construcción del espacio son algunos de los elementos que atraviesan sus obras.

La exposición plantea así una reflexión sobre el oficio artístico entendido no solo como dominio técnico, sino también como disciplina, conocimiento y perseverancia. En tiempos en que las fronteras del arte contemporáneo se amplían constantemente, la muestra propone volver la mirada hacia prácticas que requieren tiempo y aprendizaje, demostrando que la pintura figurativa continúa dialogando con la experimentación y las búsquedas estéticas de la actualidad.
En la obra de Diego Rodríguez (DARO), la tradición del arte sacro se encuentra con una sensibilidad contemporánea. Sus figuras, cargadas de dramatismo y contenida expresividad, exploran asuntos como el dolor, la pérdida y la trascendencia. En sus composiciones, la luz y la sombra dejan de ser únicamente recursos técnicos para adquirir una dimensión simbólica.
Armando Requena encuentra en el retrato un territorio para explorar la dimensión emocional y psicológica de sus personajes. Su aproximación al realismo académico y su minuciosa atención al detalle permiten que los rostros representados trasciendan la reproducción física y planteen una mirada sobre la dignidad, la identidad y la condición humana.
El paisaje ocupa un lugar central en la propuesta de Marcelo Castro. Volcanes, montañas, valles y lagunas de la geografía andina aparecen construidos a partir de la luz y la atmósfera. Sus paisajes adquieren una dimensión contemplativa y buscan conducir al espectador hacia una experiencia que supera la representación de la naturaleza para aproximarse a una idea de lo sublime.

En las pinturas de Paúl Calderón, las escenas parecen continuar más allá del instante capturado por el artista. Los gestos de sus personajes, los ambientes y las composiciones construyen narrativas silenciosas que dejan espacio para la interpretación y llevan al espectador a imaginar qué sucede detrás de las miradas, los cuerpos y los espacios representados.
Juan Carlos Jurado Reyna, por su parte, desarrolla una pintura marcada por el claroscuro y el simbolismo. Sus obras transitan entre zonas de luz y oscuridad para construir atmósferas cargadas de misterio, donde aparecen preguntas relacionadas con la muerte, lo sagrado, el miedo, la fragilidad y la existencia.
Más que una reivindicación nostálgica de la pintura académica, La Persistencia del Oficio propone observar cómo el conocimiento técnico puede convivir con las inquietudes del presente. La muestra establece, de este modo, un diálogo artístico entre Ecuador y Perú y recupera una tradición vinculada con los primeros pintores de la República y con el desarrollo de la enseñanza académica del arte en ambos países.
Cinco artistas, cinco aproximaciones y una misma preocupación atraviesan la exposición: reivindicar el tiempo que demanda aprender a mirar, dibujar y pintar. En esa persistencia se encuentra, precisamente, la vigencia de un oficio que continúa buscando nuevas formas de representar la experiencia humana.
Datos de la exposición
Exposición: La Persistencia del Oficio: exposición de arte figurativo Ecuador–Perú
Inauguración: viernes 16 de octubre de 2026, a las 17:00 horas
Duración: del 16 de octubre al 18 de diciembre de 2026
Lugar: Centro Cultural Benjamín Carrión La Mariscal, Jorge Washington E2-43 y Ulpiano Páez, Quito
Artistas: Paúl Calderón, Armando Requena, Marcelo Castro, Diego Rodríguez (DARO) y Juan Carlos Jurado Reyna
Organizan: La Galería del Diablo y Córax Ediciones
Cultura
IBP obtiene 10 premios, lidera en primeros puestos y suma 10 años consecutivos de triunfos en “Concurso Nacional Pianistas del Futuro”Con cinco primeros puestos, tres premios especiales y una década de reconocimientos consecutivos, la Escuela de Música IBP volvió a destacar en el Concurso Nacional “Pianistas del Futuro”. Ocho de sus estudiantes obtuvieron diez premios en las cuatro categorías, confirmando el crecimiento de una nueva generación de jóvenes pianistas formados en sus sedes de Lima, Tarapoto y bajo modalidad virtual.
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6 días agoon
19/09/2026By
Redacción Lima Gris
La Escuela de Música IBP obtuvo 10 premios con ocho estudiantes en las cuatro categorías del XI Concurso Nacional “Pianistas del Futuro”, realizado del 10 al 12 de septiembre en Trujillo, consolidándose como la institución con más primeros puestos de esta edición. Entre los reconocimientos obtenidos destacan cinco primeros puestos, incluyendo premios especiales a la Mejor Obra Peruana, y diez años consecutivos de primeros puestos y máximos reconocimientos en esta competencia.
Los resultados fueron obtenidos por estudiantes de las sedes Tarapoto, Miraflores y San Miguel, además de la modalidad virtual. Asimismo, los 13 integrantes del Club de Campeones IBP que participaron lograron clasificar a la etapa final, como parte de los 45 participantes que llegaron a esta instancia de los 56 pianistas que participaron en el concurso, provenientes de diferentes regiones del Perú.
El certamen contó con un jurado internacional integrado por Manuel Matarrita (Costa Rica), Margarita Troetsch (Panamá) y Christian Restrepo (Colombia), quienes evaluaron el desempeño técnico, interpretativo y artístico de los participantes. La etapa semifinal se realizó el viernes 11 y la final el sábado 12 de septiembre en el Teatrín Virgilio Rodríguez Nache.
“Quiero agradecer grandemente a todo el equipo compuesto por padres, estudiantes, administrativos y formadores de IBP, quienes trabajaron arduamente para lograr este objetivo. Esta vez conseguimos 10 premios con 8 estudiantes en las 4 categorías del concurso. Estos resultados son fruto del trabajo constante de nuestro equipo de formación”, señaló Fidel R. Castro, director y formador de piano de IBP.
El director, quien lidera el Club de Campeones IBP, destacó también el trabajo realizado junto a los formadores Flor Ramírez y Jhocell Mego, quienes este año se sumaron al proceso de preparación y acompañaron a estudiantes que también obtuvieron reconocimientos en el concurso. Entre ellos se encuentran Abril Cedillo, estudiante de Jhocell Mego, y Eizan Santa Cruz y Pía Torres, estudiantes de Flor Ramírez.

Entre las historias que acompañan estos resultados se encuentra la de José Vázquez, de la sede Tarapoto, quien lleva cinco participaciones en este concurso. Después de obtener menciones de honor, terceros y segundos puestos a lo largo de estos años, alcanzó en esta edición el Primer Puesto de la Categoría C.
Valeria Granda, de la sede Miraflores, ya había obtenido el Primer Puesto en la Categoría A. En esta oportunidad volvió a conseguir el Primer Puesto, esta vez en la Categoría B, y recibió además el Premio Especial a la Mejor Obra Peruana.
Por su parte, Cristopher Cano, estudiante de la sede Miraflores, llegó a Lima desde Cusco con el objetivo de formarse como pianista en IBP. En esta edición obtuvo el Tercer Puesto de la Categoría D y el Premio Especial a la Mejor Obra Peruana.
Estos resultados también reflejan el camino de otros estudiantes que han pasado por este concurso y que actualmente continúan desarrollando su carrera musical, varios de ellos estudiando en Estados Unidos con becas integrales.
Con esta edición, la Escuela de Música IBP suma 379 premios nacionales e internacionales y alcanza 10 años consecutivos obteniendo primeros puestos y máximos reconocimientos en el Concurso Nacional “Pianistas del Futuro”.

Detalle de los premios
Categoría A
- Valeska Gómez — Primer Puesto — Sede Tarapoto
- Eizan Santa Cruz — Tercer Puesto — Sede Tarapoto
- Pía Torres — Mención de Honor — Sede Tarapoto
Categoría B
- Valeria Granda — Primer Puesto — Sede Miraflores
- Valeria Granda — Premio Especial a la Mejor Obra Peruana — Sede Miraflores
- Juliette Navarro — Tercer Puesto — Sede Miraflores
Categoría C
- José Vázquez — Primer Puesto — Sede Tarapoto
- Abril Cedillo — Tercer Puesto — Sede Miraflores
Categoría D
- Cristopher Cano — Tercer Puesto — Sede Miraflores
- Cristopher Cano — Premio Especial a la Mejor Obra Peruana — Sede Miraflores
Finalistas
- Julieta Ruiz — Sede Tarapoto
- Kendra Castillo — Sede Tarapoto
- Leonardo Flores — Sede Miraflores — procedente de Ayacucho
- Ella Espirilla — Modalidad virtual — Cusco
- Mateo Loayza — Sede San Miguel
Cultura
“Póntelo en la Lengua” cumple 30 años y vuelve al vinilo para celebrar su lugar en el rock peruanoEl segundo álbum solista de Pedro Suárez-Vértiz, publicado en 1996 y convertido en uno de los discos más populares de la música peruana, tendrá una edición limitada de 500 vinilos y estrenará 14 visualizers oficiales, elegidos por sus propios seguidores.
Published
1 semana agoon
17/09/2026By
Redacción Lima Gris
Tres décadas después de su lanzamiento, Póntelo en la Lengua vuelve a ocupar un lugar central en la memoria musical de varias generaciones. El segundo álbum solista de Pedro Suárez-Vértiz celebra sus 30 años con una edición especial en vinilo y una nueva propuesta audiovisual que permitirá reencontrarse con las 14 canciones que forman parte de uno de los discos más emblemáticos del rock peruano.
La celebración comienza hoy, 17 de septiembre, con el inicio de la preventa de una edición limitada de 500 unidades en vinilo, la primera publicación en este formato dentro de la carrera solista de Pedro Suárez-Vértiz. La propuesta está concebida como una pieza de colección para los seguidores de una obra que, desde su aparición en 1996, consiguió convertirse en parte de la banda sonora de una generación.
Póntelo en la Lengua llegó en un momento particularmente complejo para la industria musical peruana, marcado por la expansión de la piratería física. Pese a ese escenario, el álbum superó las 40 mil copias vendidas, una cifra que evidenció el impacto alcanzado por Suárez-Vértiz entre el público peruano.

Temas como Los Globos del Cielo, Me Estoy Enamorando, Te Siento de Solo Pensar y Mi Auto Era una Rana se instalaron rápidamente en las radios y contribuyeron a consolidar la carrera del músico como una de las figuras más populares de la escena nacional. El éxito del álbum no solo se midió en ventas, sino también en la permanencia de sus canciones en la memoria colectiva.
El alcance de aquella producción también trascendió las fronteras peruanas. Los Globos del Cielo, una de las canciones más reconocidas del disco, fue incluida por Billboard entre las 25 obras maestras atemporales del rock en español. Tres décadas después, el catálogo de Pedro Suárez-Vértiz mantiene una importante presencia en las plataformas digitales, con más de 130 millones de reproducciones y certificaciones Diamante + Oro, según la información difundida con motivo de este aniversario.
La celebración tendrá además una dimensión audiovisual. Las 14 canciones de Póntelo en la Lengua contarán con visualizers oficiales que serán estrenados progresivamente. En una particular forma de involucrar a quienes mantuvieron vigente el álbum durante estos 30 años, fueron los propios seguidores quienes participaron en la elección del orden de lanzamiento de las piezas audiovisuales.
Los primeros tres visualizers estarán disponibles desde hoy, mientras que los restantes serán publicados progresivamente. La iniciativa busca recuperar las canciones desde una perspectiva contemporánea y acercarlas también a nuevas generaciones que han descubierto la obra de Suárez-Vértiz a través de las plataformas digitales.
La edición en vinilo representa, así, una nueva etapa para un álbum que nació en la década de los noventa y que ha conseguido mantenerse vigente en un escenario musical completamente distinto. El formato físico, esta vez convertido en objeto de colección, permite recuperar la experiencia de escuchar un disco completo y, al mismo tiempo, preservar parte de la historia de la música popular peruana.
Treinta años después, Póntelo en la Lengua no solo regresa en un nuevo formato. También vuelve a ser revisitado desde otras plataformas y por nuevas audiencias. Entre vinilos y visualizers, el aniversario propone reencontrarse con un repertorio que marcó una época y que continúa formando parte de la memoria musical del Perú.
Preventa: los seguidores pueden acceder a la edición especial en vinilo a través de los canales oficiales de Póntelo en la Lengua.
https://www.youtube.com/channel/UC9i0nxmIE9sN62Ra18ZtSkQ
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Miguel Ángel y Bruno Velit: padre e hijo recuperan el cómic urbanoLa exposición bipersonal “El retorno al cómic urbano” reúne por primera vez el trabajo de ambos artistas en la Galería de Arte Renée Navarrete Risco, en una muestra que conecta la tradición de la historieta, el dibujo urbano y las experiencias de la vida cotidiana con una mirada contemporánea.
Published
1 semana agoon
17/09/2026By
Redacción Lima Gris
La muestra, que seviene presentando hasta 30 de setiembre de 2026 en la Galería de Arte Renée Navarrete Risco, propone una aproximación al cómic desde las artes plásticas. Más que trasladar literalmente las viñetas al formato pictórico, los Velit incorporan recursos propios de la historieta —la línea, el encuadre, la secuencia, los personajes y la construcción de escenas— para desarrollar propuestas visuales con identidad propia.
En el caso de Bruno Velit, egresado de Corriente Alterna en 2022, su trabajo parte de una relación temprana con la cultura visual y el manga oriental. Coleccionista desde la infancia y seguidor de este lenguaje gráfico, el artista convierte esas referencias en materia para una pintura de carácter urbano e íntimo. Sus obras parten de viñetas personales y experiencias cotidianas, procesadas mediante una estética que dialoga con referentes como Akira Toriyama, creador de Dragon Ball Z y Dr. Slump.
La propuesta de Bruno no se limita a reproducir una estética vinculada al manga. Su interés está en utilizar ese universo visual para construir narrativas propias, capaces de moverse entre diferentes escalas y registros. La experiencia personal, la cultura popular y la observación de lo cotidiano se encuentran así en composiciones que trasladan al lenguaje pictórico una sensibilidad formada también por el cómic y la ilustración.
Miguel Ángel Velit, por su parte, llega a esta exposición con una trayectoria vinculada directamente al estudio del dibujo y el cómic. Egresado de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata, Argentina, en 1990, profundizó en el cómic y el dibujo urbano durante el curso de Lenguaje Visual, realizado en 1987 junto a los maestros Moneta, Zanotto y Ricardo Cohen.
Su propuesta recoge la influencia de una importante tradición de la historieta argentina, con nombres como Alberto Breccia y Quino, además de publicaciones emblemáticas como El Eternauta y Fierro. En ese recorrido encuentra también una dimensión documental y social: el cómic como testimonio gráfico de una época marcada por la transición de la dictadura a la democracia argentina entre 1984 y 1992.
Esa investigación sobre la línea, el plano y la sintaxis del cómic se transforma en el punto de partida de sus actuales composiciones pictóricas. Velit incorpora aquellas herramientas narrativas a una obra contemporánea donde el dibujo mantiene su capacidad de contar, sugerir y registrar una realidad.
En esta exposición, padre e hijo establecen así un diálogo que trasciende el vínculo familiar. Miguel Ángel Velit representa una generación formada en la tradición del cómic y el dibujo urbano, mientras Bruno Velit incorpora a ese legado las referencias visuales de una nueva generación marcada por el manga y la cultura popular.
La exposición puede visitarse de lunes, miércoles y viernes, de 10:00 a. m. a 1:00 p. m. y de 2:00 p. m. a 5:00 p. m., en la Galería de Arte Renée Navarrete Risco, ubicada en Jr. Contumazá 971, Centro Histórico de Lima.
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Raúl Fernández Llerena: artesanos, librepensadores y la revolución ciudadana de ArequipaUn artículo de Hélard Fuentes Pastor
Published
1 semana agoon
15/09/2026By
Redacción Lima Gris
Por Hélard Fuentes Pastor
Desde que tengo memoria —y desde que conozco a Raúl Fernández Llerena—, ha existido en él un interés genuino por estudiar las dinámicas y los movimientos obreros de Arequipa a inicios del siglo XX. Aquella especialización respondía, en buena medida, a su formación como sociólogo. En los primeros años de su trayectoria, acontecimientos como las elecciones de 1900 o la masacre obrera de 1915 todavía se percibían como un pasado cercano y por ello concitaron especialmente la atención de la sociología. Fernández Llerena fue, en ese sentido, uno de los primeros en aproximarse a estos procesos desde las aulas agustinas, desarrollando, a comienzos de la década de 1980, un trabajo pionero al respecto en Arequipa.
Con el transcurrir de los años, aquella aproximación sociológica fue adquiriendo una dimensión cada vez más histórica. Las décadas habían pasado y aquello que alguna vez pudo ser considerado un pasado próximo se había convertido, definitivamente, en objeto histórico. Al mismo tiempo, las fuentes disponibles se habían ampliado y las perspectivas de investigación extendieron sus horizontes y alcances. Su interés por los sectores populares no desapareció, se transformó: pasó de la mirada del sociólogo que buscaba comprender las dinámicas sociales de ese tiempo a la del historiador que podía, además, interrogar sobre sus antecedentes, sus actores y sus procesos con nuevas preguntas.
Su obra Histórica revolución ciudadana. Arequipa 1890-1920: una visión multidimensional, tiempos de la República Aristocrática (2025) es el resultado de décadas de investigación, revisión e interpretación de la sociedad arequipeña. En ella, Fernández coloca en el centro de su análisis, en un primer momento, a los artesanos y, posteriormente, a los obreros. Pero ¿por qué los artesanos?
La respuesta parece encontrarse en la propia trayectoria del asociacionismo arequipeño. La fundación de la Sociedad de Artesanos en 1866, seguida por la Sociedad Fraternal de Artesanos en 1876 y la Sociedad Humanitaria de Artesanos en 1883, que evidencian la temprana capacidad de organización de dichos sectores y su progresiva presencia en la vida social de la ciudad. A esta primera etapa se suma, en 1883, la Nueva Sociedad de Artesanos; posteriormente, en 1890, la Sociedad Fraternal de Empleados y Obreros del Ferrocarril y, en 1896, el Círculo de Obreros Católicos de Arequipa. Es precisamente en este momento cuando se polarizan las nuevas corrientes ideológicas y políticas que encuentran en los artesanos y obreros un espacio privilegiado de proyección.

El Círculo de Obreros Católicos de Arequipa resulta particularmente revelador, pues su aparición puede entenderse como una expresión, en el ámbito asociativo y popular, de una pugna más amplia entre corrientes liberales y clericales que atravesaba la sociedad de la época. Los trabajadores organizados ya no constituían únicamente espacios de ayuda mutua, fraternidad o asistencia: comenzaban también a convertirse en escenarios de disputa por ideas, proyectos de sociedad y formas de entender la ciudadanía y la democracia.
Una tercera etapa de esta trayectoria puede situarse entre finales del siglo XIX y los primeros años del XX. En ella aparecen la Sociedad Fraternal de Artesanos de Mollendo, en 1899; la Sociedad Patriótica de Artesanos, en 1900; y la Sociedad de Empleados del Comercio, en 1901. La expansión y diversificación de estas asociaciones nos lleva a considerar cómo el fenómeno asociativo trascendía progresivamente los límites de un oficio o de una localidad para articular a distintos sectores del ámbito laboral.
Es allí donde adquiere sentido la elección de los artesanos como punto de partida en su investigación. Antes de que el obrero industrial adquiriera la centralidad que tendría en las décadas siguientes, el artesanado ya había construido formas de organización, solidaridad y participación que lo vinculan con la vida pública de Arequipa. En la lectura de Fernández, los artesanos no aparecen, por tanto, como un antecedente menor del movimiento obrero, sino como uno de los espacios desde los cuales se fue configurando una nueva cultura asociativa y cívica que, con el cambio de siglo, terminaría proyectándose en la sociedad.
Del mismo modo, el autor se detiene en la Asociación Patriótica, institución surgida en 1890 y vinculada a la publicación de La Patria, uno de los espacios desde los cuales se expresó un pensamiento político de la época. Entre los exponentes más «radicales» de este grupo destacó Francisco Gómez de la Torre, cuya participación permite advertir el carácter cada vez más definido de las corrientes que disputaban el rumbo político-social de Arequipa.
Frente a esta posición se encontraba el clero, la Iglesia católica, que también construyeron su propio espacio de expresión a través de El Deber. Para Raúl Fernández, este periódico representaba una posición más próxima a los sectores poderosos de la localidad y constituía, desde esa perspectiva, la expresión de intereses distintos a los defendidos por los sectores liberales y reformistas que defendían los derechos del pueblo.
Así se van configurando —narra el sociólogo— dos grupos cada vez más definidos en la sociedad mistiana. De un lado, los librepensadores, vinculados a las corrientes de renovación política e intelectual, entre cuyos exponentes se encontraban personajes como Francisco Mostajo Miranda y Mariano Lino Urquieta. Del otro, los conservadores, más próximos a la tradición católica y al orden social establecido, entre los que destacaba, por ejemplo, Víctor Andrés Belaunde y Eduardo López de Romaña.
La ciudad comenzaba a dibujar una geografía política e intelectual marcada por las ambivalencias y antagonismos. No se trataba únicamente de diferencias ideológicas: detrás de ellas se encontraban distintas maneras de entender el acto cívico y patriótico, la misma religión y el papel que correspondía a los nuevos actores sociales que irrumpen en la vida republicana de Arequipa.
Raúl Fernández Llerena cumple también con el propósito de rendir homenaje a dos personajes fundamentales de la historia social y política de Arequipa: Mostajo y Urquieta, este último recordado como «el médico del pueblo». Ambos representan, desde distintos ámbitos, aquella corriente librepensadora que identifica como una de las fuerzas intelectuales que contribuyeron a transformar la sociedad arequipeña de comienzos del siglo XX.
Pero el homenaje no se agota en ellos. La mirada del autor alcanza también a don Santiago Mostajo y Quiroz, fundador del Centro Social Obrero y figura estrechamente vinculada a la organización de los trabajadores. Hacia 1906, Santiago Mostajo declaraba públicamente que en su carpintería la jornada laboral era de «ocho horas diarias» y que esta se mantenía con el mismo salario, una decisión que adquiere especial relevancia cuando se observa en el contexto de las reivindicaciones laborales de atención y demanda en nuestros días.
Su trayectoria trasciende, además, el ámbito del trabajo y del asociacionismo. Santiago fue considerado, por un sector, como el primer alcalde triunfante de Arequipa mediante un proceso de elecciones democráticas, pese a la anulación. En su figura confluyen así varias de las preocupaciones que atraviesan la obra de Fernández Llerena: el mundo del trabajo, la organización obrera, el ejercicio de la ciudadanía y la posibilidad de construir una sociedad distinta desde su cotidianidad.
Es quizá por ello que estos personajes ocupan un lugar tan significativo en su relato. Más que rescatar nombres del pasado, busca devolverles su condición de protagonistas de una época en la que Arequipa comenzaba a discutir, con particular intensidad, cuál debía ser el lugar de los trabajadores en el siglo XX.
Uno de los aspectos más polémicos de la obra aparece cuando Fernández dirige su mirada hacia la Juventud Católica. En su interpretación, esta organización habría constituido uno de los espacios «más rancios» de la aristocracia terrateniente y de los comerciantes adinerados de Arequipa, sectores interesados en preservar el statu quo. La afirmación resulta provocadora porque desplaza la discusión del terreno estrictamente religioso hacia las relaciones entre poder económico, tradición y participación política.
En esa misma línea, el sociólogo se concentra en el que consideraría el primer mitin de mujeres realizado en Arequipa, en 1901, presidido por María Nieves y Bustamante: interpreta aquel acontecimiento desde una perspectiva particularmente crítica y señala el carácter clerical, clasista y racista que, a su juicio, habría marcado la participación de aquellas «mujeres encopetadas». Más allá de la dureza de la expresión, lo que interesa en su lectura es mostrar que la incorporación de las mujeres al espacio público no constituyó un proceso homogéneo ni estuvo necesariamente vinculada a las corrientes de renovación social que comenzaban a ganar terreno.
Aquellas tensiones terminarían trasladándose al terreno electoral. La confrontación entre las distintas corrientes políticas adquirió entonces una dimensión más áspera y, según sostiene Raúl, llegó incluso a la persecución de quienes cuestionaban el orden establecido. Entre los principales detractores se encontraba Urquieta, cuya figura aparece nuevamente como uno de los protagonistas de esta disputa por el poder, las ideas y el rumbo que debía tomar la sociedad arequipeña.
Una de las declaraciones más lúcidas del autor es cuando sostiene que los artesanos fueron la columna vertebral de Arequipa. La afirmación adquiere especial fuerza si se observa el papel que estos hombres desempeñaron en la vida pública de la ciudad, muchas veces invisibilizado por la narración oficial. No fueron, como podría sugerir una lectura superficial, actores secundarios: estuvieron allí, organizándose, participando y disputando espacios de representación.
Personalmente, pienso que quizá fueron ellos, junto con los obreros y los campesinos, quienes contribuyeron de manera decisiva a forjar aquello que posteriormente identificamos como la «Ciudad Revolucionaria» de Juan Gualberto Valdivia o el «León del Sur» de la segunda mitad del siglo XX. Detrás de esas denominaciones, convertidas con el tiempo en parte del imaginario arequipeño, estuvieron hombres anónimos: los llamados «hombres del pueblo», la gente de a pie, aquellos que desde sus talleres, en fábricas, en el campo, en las asociaciones y en mítines en las calles fueron construyendo otra manera de entender el civismo.
Quizá allí reside una de las mayores virtudes de la obra: equilibrar el protagonismo histórico a quienes durante mucho tiempo permanecieron en los márgenes del relato. Porque sí Arequipa llegó a convertirse en la «ciudad levantisca», no fue únicamente por sus élites. También fue obra de aquellos hombres que, desde abajo, junto a profesionales emergentes, aprendieron a organizarse, a exigir justicia y, sobre todo, a sentirse parte de la historia de su ciudad.
El libro de Raúl Fernández Llerena será, sin duda, como una aguja en el pajar dentro de la numerosa bibliografía que ha narrado la historia de Arequipa, pero que no siempre se ha atrevido a encarar los acontecimientos de su tiempo ni las fuerzas que se enfrentaron detrás de ellos. A menudo, preferimos recordarlos en paz y no en pugna. En sus páginas se desprenden con claridad las principales características de las ideas liberales y de las corrientes conservadoras, pero, sobre todo, resuena la hazaña de los primeros frente a un establishment que había encontrado formas creativas de enfrentar la disidencia.
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