Mi amigo, el fotógrafo Gary, llegó al restaurante por un chaufita de mariscos con cremas y rocoto. Para la sed pidió un emoliente fresquecito. “María, no deja de causar indignación el abuso sexual perpetrado por escolares del Liceo Naval Almirante Guise, de San Borja, contra uno de sus compañeros de 16 años.
El médico que examinó a la víctima confirmó que fue una violación con objeto extraño. Comprensiblemente, el menor agredido y su familia estaban muy mal anímica y emocionalmente. Es que es una desgracia terrible que además ocurre en el ámbito escolar, en un bus particular con adultos del colegio que llevaba de regreso a los adolescentes tras haber jugado un partido de futsal.
Se supone que los colegios deben ser los lugares más seguros para los chicos, pues están al cuidado de profesionales de la enseñanza. Qué clase de personas pueden perpetrar un acto tan monstruoso. Y más tratándose de chiquillos. Estoy seguro de que hasta algunos delincuentes muy peligrosos tendrían más de un reparo en cometer un acto tan abominable”.
“De los diez adolescentes retenidos, ayer liberaron a cuatro y hasta el cierre de esta edición el juez estudiaba si daba a los seis que quedaban los cuatro meses de internamiento preventivo que solicitó la Fiscalía. La violación sexual es de los peores delitos.
Las investigaciones deben identificar a los culpables para que sean castigados con todo el peso de la ley. Un chico de 16 años sabe muy bien lo que hace. No puede perpetrar un delito espantoso y a continuación pedir que se le trate como a un niño inocente.
Este caso debe ser un escarmiento para los que hacen bullying y llamarnos a todos a preguntarnos qué estamos haciendo bien y mal en la educación de nuestros hijos. No podemos criar seres terribles capaces de hacer tanto mal.
Conversemos con ellos, enseñémosles a asumir sus responsabilidades y afrontar las consecuencias de sus actos. Hay que criarlos con amor y disciplina. Al corregirlos hay que hacerlo con firmeza y respeto, sin humillarlos. Debemos enseñarles a ser empáticos, a defender a los débiles, a no burlarse de los demás, a ser bondadosos. Hay que meterles en la cabeza que cada vida es valiosa y todos merecen consideración”. Gary tiene razón. Me voy, cuídense.
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