La digitalización de los servicios públicos debería tener un propósito concreto: facilitarle la vida al ciudadano. Menos desplazamientos, menos colas, menos pérdida de tiempo y trámites que puedan realizarse desde un teléfono de manera sencilla y eficiente. Al cierre de 2025, el 95,4% de los hogares peruanos contaba con un smartphone, según OSIPTEL. Incluso en los hogares rurales la penetración alcanzaba el 85%.

El desafío, entonces, ya no es solamente la brecha tecnológica. Es que el Estado convierta esa tecnología disponible en servicios realmente simples y útiles. Por eso resulta difícil entender el que renovar un DNI mediante un procedimiento virtual pueda convertirse en una odisea para conseguir algo tan sencillo como registrar una fotografía virtual.

El sistema de captura biométrica facial de RENIEC exige paciencia infinita, y múltiples y fracasados intentos hasta conseguir que la fotografía sea aceptada. Y no hablamos de fotografías tomadas en condiciones inadecuadas. Incluso con un smartphone moderno, buena iluminación y siguiendo las indicaciones al pie de la letra, hay ciudadanos que pueden pasar horas intentando obtener una captura que el sistema considere válida.

Entonces ¿Dónde está la facilitación del trámite? Existe una alternativa que debería evaluarse. RENIEC ya posee una fotografía del ciudadano en sus propios registros. ¿Por qué no incorporar, como opción adicional, la posibilidad de utilizar la fotografía anteriormente registrada cuando sea suficientemente reciente y cumpla con los estándares de identificación y seguridad? El ciudadano podría optar libremente por una nueva captura o autorizar el uso de la fotografía que ya obra en poder de RENIEC. No se trata de relajar los controles ni de prescindir de la identificación biométrica. Se trata de utilizar inteligentemente la información que el propio Estado ya posee y evitar que el ciudadano repita procesos técnicamente prescindibles.

El objetivo debería ser que la renovación del DNI sea realmente digital de principio a fin. Porque si después de horas de intentos fallidos el ciudadano termina obligado a ir a una oficina y hacer una larga cola para completar un trámite que podría ser virtual, la digitalización se convierte en una promesa incompleta. La verdadera transformación digital del Estado no se mide por la cantidad de aplicaciones que pone a disposición de los ciudadanos, sino por las horas de vida que consigue ahorrarles. RENIEC tiene una enorme responsabilidad: que sus sistemas biométricos no solo sean sofisticados, sino que funcionen de verdad.

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