La primera respuesta ante un desastre es asegurar la atención de la población afectada en sus necesidades básicas de supervivencia. En rigor, la primera respuesta es determinante para generar confianza o por el contrario sembrar la incertidumbre. En ese contexto, hoy nos formulamos la siguiente pregunta, ¿estamos preparados para atender de manera inmediata a los damnificados de un desastre?

Los gobiernos locales tienen un rol directo en la gestión del riesgo de desastres. Sin embargo, los datos del RENAMU 2025 muestran que solo el 52.6% de gobiernos locales indicó haber implementado brigadas vinculadas al Programa Presupuestal N° 0068, mientras que el 71.3% reportó contar con un almacén local de bienes de ayuda humanitaria.

Pero, conformar brigadas o contar con un almacén no nos dice, por sí solo, que tan preparado está el gobierno local para asistir de forma inmediata a los damnificados. Por ejemplo, se registran más bienes de herramientas, materiales para techado y artículos de abrigo. No obstante, si se trata de bidones de agua y alimentos no perecibles, los hallazgos advierten que en promedio contamos con cantidades insuficientes.

El tiempo nos juega en contra, la respuesta ante un desastre no puede medirse únicamente por la existencia de infraestructura o por el cumplimiento de un indicador en un registro gubernamental, sino también por los recursos disponibles de manera inmediata cuando la población los necesita. El factor confianza fortalece al gobierno, genera paz social y coadyuva al proceso de reconstrucción que toda sociedad debe afrontar tras un desastre natural.

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