¿Qué tal, amigos de Lateando con Puchungo? ¡Un programa más! Ya estoy mejor del radiador, después de los programas anteriores y del viaje. Ahora estamos en Breña, en un barrio donde me ha tocado vacilar. En realidad, he disfrutado de todos los barrios, pero este lugar tiene un significado especial para mí, porque es la zona de un viejo amigo. Martín Farfán.
Mira también:Hoy hemos llegado a Ascona, en el corazón de Breña, para reencontrarnos con un gran amigo y hermano, con quien me he criado desde chico y con quien también he compartido algunas pichangas. Ahora le voy a preguntar si realmente jugó.
A él le decían Uribe, aunque nosotros lo conocíamos como “Munibe”. Así que estamos en Ascona, una zona de peloteros, cuna de personajes como el tío “Buyo” Ramírez y Adhemir Arrué. Y dicen que también es el barrio de un personaje muy querido.
Por eso, vamos a buscar a mi hermano, el simpático, el agradable y, según algunos, el más guapo de todos: ¡Martín Farfán!
A latear...
¡Cuántos recuerdos! ¿Qué tal? ¡Cuántos recuerdos de mi hermano Martín Farfán! ¿Qué tal, papá? Mi hermanito, ¿cómo estás?
Bonito, viniendo con la gente del barrio, siempre, siempre bueno.
¡Qué tales recuerdos! Hemos juergueado acá.
Bonito, la hemos hecho hermosa.
¿Dónde fue que te pegaron?
No me pegaron, eran tres rumbas. Yo había sacado cara por Balán, por él. Yo quería parar y ya no había brazo. Pero tu cholo estaba fuerte.
¿Para qué te metes?
Porque quería defender a mis amigos, mi hermano. La primera, la segunda, ya no, ya.
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Ya, compadre, antes de comenzar a latear.
¡Blanquiazul, blanquiazul!
Tengo pruebas, ¿ah? Sí, sí, sí. Tengo pruebas durmiendo en el Sheraton con la gente.
Está bien, pero yo he parado con la gente de la ‘U’, porque eran mis patas, ustedes.
Este festejaba los títulos de la ‘U’.
Es que eran mis amigos, mis hermanos, mis brothers. Hasta que la metió Balán: “¡Balán, Balán, Balán, Balán!”. “¡Gol, gol, gol! ¡Puta, Balán!”. Y se la ponía a mi compadre. Y yo, feliz. Yo caminaba todo el día con ellos, bien bacán, hermoso.
¿Tú vienes siempre a tu barrio?
Siempre vengo. Acá jugamos ahí, en el Marianito, en la cancha de Marianito, que está al fondo.
Martín Farfán primer influencer y su inicio en la actuación
¡Ya, en Maxicar, tú siempre llevabas a todo el mundo.
Todos los peloteros eran mis amigos. O sea, todos los peloteros llegaban porque ya sabían que yo paraba con ustedes. Y llegaban bien bacán. Después, a la semana, ellos habían consumido parlantes, porque había los equipos… Eso era con el cartucho de los CD. Cada compra me dejaba un topito (propina). Me daban mi propina. Antes del sueldo, un billete.
Y todos tenían su calcomanía, ¿no?
Claro. Su sticker en la puerta, en la placa. Claro.
Era la primera imagen que hubo, que la gente ahora utiliza mucho eso. Ahí te quedaste. ¿Cómo dices que ahí iniciaste el tema de la televisión?
Porque Rafael Santacruz pasó. Necesitaba un personaje, un duende, para la obra “Sueño de una noche de verano”.
¿Tú no conocías a Rafael?
No, no. Lo conocía de vista, porque su esposa vivía aquí, en Napo. Todos los viernes nos pasábamos la voz. Me dice: “¿Sabes qué? Estoy haciendo con Piero Solari una obra de teatro, ‘Sueño de una noche de verano’”. “¿Teatro? No, yo nunca he hecho teatro”. Necesitaba un personaje como tú, chiquito, me insistió.

Pero empírico total. Nunca habías estudiado nada.Pero tú eras pilas.
Yo era pilas. Me gustaba tocar con mi cajón. Ahí me habían visto.
Y me dice: Vamos. No, yo estoy chambeando, le dije. Vamos un ratito. Y fui al casting. Me vio Laura Solari. Piero Solari, que en paz descanse, y dijo: ¡Oh, él es!.
¿Qué cosas tenías que hacer con el personaje para ganarlo?
La obra de teatro era sobre un duende que hacía unos romances entre Carlos Alcántara. También ahí conocí a Carlos Alcántara y a Paul Matan. Ahí los conocí a ellos. Recién estaban haciendo sus pininos.
Cuando arrancas en esa obra, la gente se conecta contigo. Te muñequeaste. Tu primera actuación, porque eso es corto y te van ensayando. ¿Te tocó equivocarte o arrancaste bien?
No, me equivocaba, tartamudeaba. Leía el libreto. Dije: “No, no tengo experiencia. Con las justas he salido del colegio”. Leía y no... Decía: “No pasa nada”. Me pusieron un profesor con mucha paciencia y solté al personaje. Fue un triunfo.
¿En cuánto tiempo ya dijiste: “Acá soy un capo”?
No, no, no, ahí nomás. De ahí me llama Paul y me dice: “Martín, escúchame, vamos a hacer un casting para la novela ‘Qiatari, Buscando la Luna’”. Nos lleva Rafael Santacruz, a Octavio y a mí. También quedamos. Fernando Barreto, que en paz descanse, dijo: “Uy, estos zambos son”. Estamos con Aristóteles Picho. Esa fue la primera novela.
Su inicio con ‘Los Hermanos Santacruz’
¿Cómo se juntan ustedes tres? Los hermanos Santacruz y Martín Farfán. ¿Ahí nace la idea de formar el grupo?
Claro, por Rafa. Entonces armaron un grupo chiquito y se hizo un grupo.
Claro, en Barranco, en todos lados. Todas nuestras rumbas. Y de ahí, cuando los hermanos Santacruz comienzan con ese boom, tú dijiste: “¿La música o ser actor?”. ¿O iban las dos cosas de la mano?
No, no, no, actor. Estábamos con los Santacruz. Empezamos con la música, viajamos y comenzamos a conocer gente. Actores como Paul. Y ahí nos llevaban a los castings de novelas. Por eso, Rafa iba a trabajar conmigo en la novela “Natacha” también. Porque lo que pasa es que siempre había una espina ahí brava de que no llamaban a los morenos para interpretar personajes grandes. Porque decían que había racismo y toda esa...
¿Y cómo hacías? ¿Estudiaste después para ser actor?
Un taller nada más.
Pero en esa obra, por tu forma de ser, la gente te agarró cariño rápido. ¿Y quiénes eran más tus engreídos? ¿Quién te engreía más? ¿Paul Martan?
Con Paul parábamos todo el día. Paul estaba en nuestros shows. Carlos Alcántara, gran amigo. Hicimos una amistad bien bacán, justamente con Paul, con Carlos Alcántara y con Rafael. Iban a los shows de nosotros.

Para ellos debe haber sido un vacilón, algo especial. El hecho de que sean actores estudiados y que aparezca un pata que, sin estudios, se suma a la chamba con ellos.
Ellos me aconsejaban siempre. Me decían: Martín, tranquilo. Tú tienes toda la pasta de actor. Solo tienes que estudiar un poco”. Y siempre me daban los ‘speech’, las cositas. Porque eso es lo mejor de la calle. En la calle está la mejor actuación que hay. Lo mejor no, sino que tienes que perfeccionarte bien bacán. Ellos querían que yo les enseñara a zapatear y a tocar cajón. Justamente con Rafael. Y nos poníamos a tocar cajón. Igualito pasó con Christian Meier, con Luis María.
Y acá, ¿alguna vez actuaste en tu barrio?
Sí, he actuado. He venido para las chocolatadas. Siempre vengo.
Cuando actuabas, ¿lo hacías con la gente del barrio? ¿Para los chibolos? ¿De qué: de cómico o en alguna actuación?
No, no, no. Acá todo era pelota. Martín era la estrella, jajaja
¿En qué ha cambiado tu barrio desde tu época, tú que eres de acá?
No, lo que pasa es que ahora los chiquillos casi no ‘manyan’ a la gente, ¿no? Porque vienen de otro barrio, de otro lado. Pero está bonito, está controlado, está controlado. Acá está todo correcto.
Martín Farfán recibe oferta para trabajar en JB Noticias
¿Cuándo llegas a JB?
Yo llego a raíz de la novela en la que estuve trabajando. Hice “Obsesión”, “Malicia” y “Torbellino”. Entonces, como la novela salía por Frecuencia Latina, Jorge me ve y me dice: “Martín, ¿no quieres dobletear y trabajar en el programa?”. “JB Noticias”, el primero, cuando Jorge tenía el pelo largo. Y comencé a dobletear.
Ahí llegó JB. Pero el primer programa cómico en el que trabajé fue “El Enchufe”. Me llevó Chuiman. Yo estuve trabajando en Pimentel, justamente con Rafael Santacruz.
Después terminamos la música. Y Adolfo había hecho un show con “Felpudini”, que en paz descanse. Y me dicen: “Mi negro, ¡qué bonito! ¿No quieres trabajar en un programa cómico?”.
“No”, le digo a Adolfito. “Con las justas hago de extra en la novela”. Me dijo: “Yo me acabo de ir de Panamericana, me he ido al Cuatro. Me estoy llevando a Elmer Alfaro y a Bárbara Codina. Búscame mañana lunes”.
Me dijeron: “Mañana estamos bajando con Rafael. Me buscas en la puerta del Cuatro”. “¿A qué hora?”. “A las 9 de la mañana”. Pero a las 6 de la mañana ya estábamos ahí. Y ahí entré a “El Enchufe”. Ese fue el primer programa cómico en el que trabajé.
Pero trabajar como actor es diferente. Es algo más serio que hacer comedia. ¿Te costó más o fue al revés?
Sí, porque es más difícil hacer reír que hacer llorar.
¿Es verdad eso? Se lo escucho decir a muchos actores: es más complicado hacer reír que hacer llorar.
Sí, de verdad que sí. O sea, gracias a Dios, por los años —ya cerca de 40 años de trabajo—, he adquirido experiencia, pero siempre estamos nerviosos. Todavía tienes técnicas para poder llorar.
Cuando te tocaba llorar en las novelas, en las películas o en lo que hacías, ¿qué recursos utilizabas?
Tenías que concentrarte en lo que... Te metes en una historia que tú has oído pasar. Y ahí te concentras, pensando. Hay actores que no lo pueden hacer.
Y tú tienes que meterte en el personaje. Tienes que concentrarte.
Tienes que lograr una concentración en el personaje. El libreto ya está hecho y estudiado. Una vez que estás concentrado, tu personaje está ahí. El perfil del personaje ya lo tienes estudiado.
O sea, si te pido que llores ahorita, ¿tú puedes llorar?
Lloro diez veces.
¿Alguna vez te tocó interpretar una escena romántica con la chica más guapa que te haya tocado?
Me casé en una novela de “Luz María”. En “Luz María” me casé con Angie Cepeda. También estaba Christian Meier. Ahí me casé, me casé. Yo ya estaba con mi esposa.
Se achoró la mujer.
Totalmente.
¿Te tocó darle su beso? ¿Con quién?
Con una zambita guapa, actriz de teatro. Nos casamos en la novela. Y le dije a mi esposa un día antes: Mira el libreto, lo que marca. Sí, ¿qué es lo que te gusta?, indicaba su esposa. La bronca.

El negocio de la tía Bombelé
“¿Cómo empiezas con el tema de los panetones, de los turrones?”
Lo que pasa es que yo tengo un personaje, el personaje de la ‘Tía Bombelé’.
¿Ese personaje quién lo inicia? ¿Tú mismo? ¿Cómo lo sacas? ¿Por alguna señora?
Yo mismo. Había un tío acá en Napo al que le decían el tío Bomba, Lucho Bomba, que vive acá en la espalda. ‘Nunca le falles a Bombelé’, decía el tío. ‘Nunca le falles a Bombelé’.
¿El tío era Bombelé?
Claro, el tío. Pero también había una señora que vendía chicharrita. La Tía Bombelé vendía su camotito, esas chicharritas, en las esquinas. Ahí me inspiré con la tía y dije: ‘Algún día vamos a hacer un personaje como esa tía’. Y lo hice por la tía Bombelé.
Se te metió en la cabeza esa vaina. ¿Y a quién le pides hacer ese personaje?”
Ah, en ‘Risas de América’. En ‘Risas de América’ le digo a José Luis Aguilar, este papá lindo, para hacer un personaje. Entonces me dice: ‘Vamos a hacer un callejón’. Hacía la secuencia de callejón y, como Ernesto tenía el personaje de la chola, la Pánfila tenía a la Pánfila, le dije: ‘Vamos a meter a la Bombelé’. Hice a la Bombelé y pegó. Me decían: ‘Turrón de Doña Pepa, turrón de San José’. Una empresa me llama, se llama Isabela, la empresa de los Joel. Me dice: ‘Quiero que seas imagen de mi turrón’. Le hice. Y digo: ‘¿Por qué no hago mis turrones?’. De la Bombelé. Le propongo al dueño de la panadería y lo hice, un año. Y fue un éxito bacán.
La vestimenta que tienes, el maquillaje, ¿todo tú mismo?
Me la mando a hacer. Todo, todo. Yo no me maquillo. Me maquilla mi amigo Miguel Cáceres, caracterizador bravo. Lo que me mando a hacer son las nalgas, los pechos, todo. Y la ropa también.”
Y ahí dijiste: ‘Voy a hacer’. ¿Y los panetones para fin de año salieron después?
Después. Primero los turrones.
Debo confesar algo. Martín Farfán arrancó con nosotros acá, en su barrio. Iba a Gambetta, iba a Lazareto, a mi barrio, el barrio de Balán.
Y siempre caminábamos juntos. Mi compadre se recurseaba; a nosotros nos iba bien, gracias a Dios. Y cuando al hombre comenzó a irle de puta madre, de verdad, nunca se olvidó de nosotros.
Siempre, en julio y en diciembre, se aparece en la casa para dejarles a nuestras mamás, a nuestros papás —cuando están en vida—, nuestro panetón y nuestro turrón. Esa vaina sí debo confesarla. Yo sé que Martín no lo cuenta, pero con mucha gente siempre ha sido agradecido.
Siempre hay que ser agradecido en la vida, con todo y, sobre todo, con Dios. Con Dios hay que estar agradecido siempre, hoy, mañana y siempre. Y con los viejos que están en el cielo, que son los que nos guían, nuestros ángeles, que son para siempre.
¿Tienes algún pendiente en la televisión? Has hecho película, has hecho serie, has hecho novelas. ¿Hay algún pendiente?
No, o sea, lo que Dios me ponga en la vida. Nunca digo no. Me gustaría hacer todos los personajes. Ya hice de mudo, he hecho de mudo en ‘Gente como uno’.
¿Eso se estudia también? ¿Te ponen a un profe o algo?
Sí, te ponen una guía. Porque no puedes hacer las muecas sin sentido. Es una burla para la gente, claro.
Lo del mudo, ¿cómo hacías?
Es un personaje de hace tiempo, pero me llevaron a una escuela, Sepal se llama. Mínimo, fue un movimiento mínimo, porque es bravo para comunicarse. Lo que decían los libretos, me decían: ‘Tienes que hablar así’. Eso lo hice para Canal 11, para RBC.
¿Es lo más complicado que te ha tocado?
Sí, lo más complicado. Lo más complicado. Y algún día haré papel de galán.
Pero hiciste eso, que me pareció mostrazo de la época antigua.
Ah, sí, ‘Luz María’. También me llevaron a la escuela para aprender a montar caballo.
El cocinero Martín Farfán
Breña o Chincha, ¿por qué Chincha?
Mi vieja es de Chincha, compadre. Siempre voy a Chincha.

¿Breña o Chincha?
Breña. Qué difícil, pero mi Breña es mi Breña. Acá nací.
Fútbol o actuación.
Los dos. Me encanta el fútbol y la actuación. Es parte del arte.”
¿Te hubiese encantado jugar al fútbol?
Sí, es espectacular.
Pero jugando por la ‘U’.
Cajón o micrófono.
Cajón. Cajón para tocar, ah
La primera palabra que se te viene a la mente cuando escuchas JB.
Lo máximo. Un profesional. Un caballero. Un gran productor. Un gran director. Y lo mejor de todo: es una gran persona.”
¿Tu primer ídolo en la actuación o en el mundo del fútbol?
En la actuación es Eddie Murphy. Él y Bill Cosby.”
¿Qué comida peruana podrías comer todos los días? Aparte de los panetones de la Bombelé y el turrón de la Bombelé.
Sopa seca con carapulca. Me encanta, sí.
¿Qué tal en la cocina?
¡Uy! 20 puntos. Todos los lunes le cocina mi vieja. A mi vieja la cocino todos los lunes. Un día cada uno cuida a la mamita. 91 años, pues. A mí me toca los lunes.
Le pregunto a mi hermana qué cocinamos un día antes, para no repetir el plato.
¿Cuál es tu plato bravo?
A mi mamá le encanta el cau cau o lomo saltado.
¿Te ha tocado salir a un show y prenderte de alguien y es el que paga? ¿O el gerente?
Sí. Una vez me pasó. Pero te avisan, ¿ah? No lo vayas a agarrar. Sí, te dicen. O te dicen: Él es el gerente, pero ¿se le puede agarrar?. Sí, normal. Siempre pregunta. Porque si no, se pican.
¿El mejor consejo que te dieron?
Que nunca sea un billete, que toda la vida sea sencillo, mi viejo.
Buena, hermano. Qué buena, qué buena frase esa, ¿ah? Qué buena. Nunca la había escuchado.
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