¿Un examen de orina permite diagnosticar la salud integral de una persona y compararla con otras? Difícilmente. Del mismo modo, ¿una prueba de una disciplina por dos horas, aplicada a una muestra de estudiantes de 15 años, puede considerarse adecuada para rankear países y hablar de la calidad de sus sistemas educativos?
Entre 2022 y 2025 cayeron en Matemáticas Eslovenia 25 puntos; Serbia 23; Hong Kong 19; Suecia 18; Noruega 17; España y Francia 16; Finlandia 15; Singapur, Canadá e Irlanda 12; Perú, Chile y Suiza 9. ¿Todos deterioraron su educación en apenas tres años?
PISA no puede considerarse representante de toda la educación. No mide si un joven sabe formular preguntas, crear alternativas, colaborar, sostener proyectos, enfrentar situaciones inesperadas o cuidar su bienestar emocional. Tampoco captura el ecosistema político, social, económico y cultural en el que funciona cada escuela.
Curiosamente, somos más rigurosos para rankear deportes o economías. Nadie clasifica al mejor equipo de fútbol por un solo partido ni determina la inflación por el precio del pollo en un día ni el riesgo de un país a partir de un único indicador. Se consideran múltiples desempeños y dimensiones, acumulados en el tiempo.
Perú necesita transformar profundamente su educación, pero no para ganar puntos en PISA. Necesita escuelas con autonomía, maestros con autoridad sin acoso del SiseVe, menos asfixia normativa y administrativa, más investigación, proyectos interdisciplinarios, creatividad, colaboración y salud mental, para educar en un mundo que ya cambió y seguirá cambiando aceleradamente.
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