Guillermo Novellis, líder de “La Mosca Tsé Tsé” e intérprete de “Para no verte más” y “Todos tenemos un amor”, considera que la música tiene la magia y capacidad para trascender el paso del tiempo de manera imprevista.
“Si algo tiene esta profesión es la incertidumbre. Nuestro gran desafío en cada álbum fue qué canciones incluir para alargar nuestra carrera, porque nos encanta vivir de esto, salir de gira y cantar. En cada disco logramos dos o tres canciones exitosas que hoy son el sostén y la base de ocho a diez temas que estructuran nuestro show”, dice Novellis, que junto a su banda tocará este 26 de septiembre en el Iris Fest por la Alimentación en el Círculo Militar. “Los grandes éxitos muchas veces no los pensaba ni su propio autor”, agrega.
¿Cuánto hay de nostalgia en la gente que va a escucharlos a los shows?
Mucha, la gente está muy nostálgica, y eso se debe a que las canciones son la banda sonora de la película de nuestra vida. Cuando suena un tema como Para no verte más, a la gente se le dibuja una sonrisa porque inmediatamente lo relaciona con momentos felices, como su viaje de fin de curso, el primer amor o la época universitaria.
Siendo la cultura musical de ahora tan rápida y descartable, ¿habrá canciones de hoy que los chicos recuerden dentro de 30 años?
El último gran éxito mundial pudo haber sido Despacito, y si te das cuenta, aunque fue un fenómeno de hace unos diez años, hoy no ves que la gente lo baile en fiestas o reuniones; estuvo de moda, pero no quedó del mismo modo. Las obras artísticas se juzgan y disfrutan en el presente, pero el tiempo pone las cosas en su lugar. Lo más grande que le puede pasar a un artista es que su obra trascienda más allá de su propia existencia física, como ocurre con la música de Soda Stereo o Enanitos Verdes.
¿Cómo entiendes el éxito en la música y la incertidumbre que rodea a una canción en una industria tan cambiante?
Nosotros tenemos solo una parte de la responsabilidad, creamos la canción, pero después la gente nos elige y uno nunca termina de entender bien por qué; ese es el misterio de la música y del arte en general. Esa es la fascinación del arte: el riesgo y la falta de certeza. Un ingeniero diseña algo y, si las medidas están bien hechas, sabe que el motor va a funcionar, nosotros, en cambio, siempre tenemos la duda de si a la gente le gustará o no la canción.
Pero, todos hacemos cosas para gustar y ser aceptados...
Los artistas, desde pequeños, somos mucho más vulnerables porque tenemos esa necesidad constante de agradar, de levantar la mano para participar y de ser aceptados. Aunque mucha gente diga que no le importa la opinión de los demás, la verdad es que siempre importa.

¿Cómo te manejás en este mundo donde cualquiera opina de tu trabajo o hasta dicen que hoy es más fácil hacer música?
Hay que acostumbrarse. Creo que los de nuestra generación debemos tener la inteligencia de reconocer que vivimos una época maravillosa desde el punto de vista cultural, abarcando las décadas del 70, 80, 90 e inclusive los 2 000. Con ese bagaje cultural, debemos ser inteligentes para adaptarnos a las nuevas circunstancias.
Y siempre hay que dar la bienvenida a las nuevas propuestas…
Aunque haya mucha música nueva que no me llegue, cada generación tiene el derecho de moldear su cultura como quiera. Nunca hay que cometer el pecado de criticar al artista o a la oferta; la demanda es siempre la que convalida. Si artistas como Tini, María Becerra o Paulo Londra llenan estadios en Argentina, es porque la gente lo decidió y hay que respetarlo. En lugar de juzgar, hay que preguntarse por qué el público los elige.
¿Hoy en día con las redes sociales y plataformas, es más fácil llegar al público con la música?
Difundir música siempre ha sido complicado y aunque las plataformas y redes parezcan muy democráticas porque cualquiera puede subir su trabajo, es muy difícil llegar a toda la gente porque empiezan a jugar los algoritmos.. A veces creo que lo más importante hoy no es solo hacer buena música, sino descifrar cómo hacer para que te escuchen entre millones de canciones.
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