Los resultados de PISA 2025 deberían preocuparnos y llevarnos a preguntarnos qué estamos haciendo para que nuestros adolescentes aprendan. El Perú retrocedió en Matemática y Lectura hasta niveles cercanos a los de hace una década. En Matemática obtuvimos 382 puntos, frente a los 387 de 2015; en Lectura, 390 frente a los 398 de aquella evaluación. Apenas el 30% de los estudiantes peruanos de 15 años alcanza el nivel 2 o superior en Matemática. Siete de cada diez no llegan a ese umbral.
No se trata de un problema exclusivamente nacional. La caída también afecta a diversos países de América Latina y obliga a revisar nuestras reformas educativas.
A mi juicio, uno de los factores que merece especial atención es la formación de nuestros docentes. ¿Estamos preparando a los profesores para responder a las exigencias reales del aprendizaje? La pregunta resulta especialmente relevante en educación secundaria, donde el docente debe no sólo dominar aquello que enseña, sino también saber enseñarlo y comprender a la persona que tiene al frente y debe formar.
También debemos revisar el lugar del conocimiento en nuestro currículo. El enfoque por competencias del Currículo Nacional (CN) enfatiza la aplicación de los conocimientos, el desarrollo de habilidades y actitudes, pero corre el riesgo de dejar en segundo plano la comprensión profunda de aquello que se conoce. El contenido debe recuperar protagonismo, no como acumulación de información, sino para comprender la realidad. Los saberes no existen de manera aislada: se complementan y permiten interpretarla.
En esta línea, el informe Unlocking High-Quality Teaching de la OCDE (2025), basado en evidencia de más de 150 escuelas de 40 países, identifica como dimensiones de una enseñanza de calidad el compromiso cognitivo del estudiante, la calidad del contenido disciplinar y el apoyo que recibe para aprender. Enseñar bien exige que el estudiante piense, comprenda y pueda utilizar lo aprendido. Para ello, el docente necesita dominio disciplinar, conocimiento didáctico y capacidad de acompañamiento.
PISA también debería interpelar a las instituciones que forman profesores. Integrar disciplina, didáctica y formación de la persona es un desafío que debe asumir la universidad. Formar docentes capaces de comprender la realidad, integrar los saberes y ayudar a sus estudiantes a descubrir el valor de lo que conocen es mucho más exigente que enseñar técnicas o aplicar metodologías.
Estos resultados deberían plantearnos una pregunta más profunda: ¿estamos formando a los docentes que nuestros estudiantes necesitan para volver a avanzar?
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