Las zonas secas del planeta podrían seguir expandiéndose todavía, aunque las nuevas proyecciones indican que el crecimiento quizá sea menor de lo calculado anteriormente.
Estas regiones incluyen áreas hiperáridas, áridas, semiáridas y subhúmedas, donde la lluvia resulta insuficiente frente al agua que podría perderse por evaporación y plantas.
Actualmente, estas zonas cubren aproximadamente el 38,58 por ciento de la superficie terrestre mundial, sin contar la Antártida, según los cálculos más recientes.
El estudio, publicado en Environmental Research Letters, combinó datos climáticos históricos con modelos para estimar cómo podría cambiar la distribución de estas regiones secas.
Los investigadores analizaron registros desde 1960 y utilizaron modelos climáticos para proyectar diferentes escenarios de emisiones de gases de efecto invernadero durante este siglo.
Según sus resultados, entre 2071 y 2100 las tierras secas podrían ocupar entre 39,31 y 40,28 por ciento de la superficie, dependiendo de las emisiones.
En el escenario de emisiones más altas, eso supondría sumar 2,37 millones de kilómetros cuadrados de nuevas tierras secas respecto al periodo reciente.
Esa superficie adicional sería comparable al tamaño de Argelia y representa un cambio suficiente para afectar ecosistemas, disponibilidad de agua, agricultura y comunidades en regiones.
Sin embargo, el trabajo encontró un detalle que modifica las proyecciones anteriores: el aumento del dióxido de carbono puede reducir parcialmente la pérdida de agua vegetal.
Cuando hay más dióxido de carbono en la atmósfera, las plantas pueden cerrar parcialmente los poros de sus hojas utilizados para intercambiar gases con el ambiente.
Al cerrar esos poros, llamados estomas, las plantas pierden menos agua mediante transpiración, algo que influye directamente en los cálculos utilizados para medir aridez climática.
Muchas proyecciones anteriores no incorporaban completamente este efecto y, por eso, podían calcular una expansión mayor de las zonas secas durante las próximas décadas.
Cuando los científicos incluyeron esta respuesta de las plantas, la estimación máxima bajó. Sin ese efecto, las tierras secas podrían alcanzar alrededor del 42,11 por ciento.
Eso no significa que el dióxido de carbono sea beneficioso para el clima. Sigue impulsando el calentamiento global y genera numerosos efectos negativos sobre los ecosistemas.
Lo que muestra el estudio es que una consecuencia fisiológica sobre las plantas puede moderar parcialmente uno de los efectos asociados con el calentamiento global.
Además, un aumento relativamente pequeño en el porcentaje mundial puede esconder cambios regionales importantes, porque algunas zonas pueden secarse mientras otras evolucionan hacia condiciones más húmedas.
Australia aparece como una de las regiones con mayores cambios proyectados, seguida por Brasil, mientras varias partes de África también muestran riesgos considerables de mayor aridez.
En cambio, regiones del norte y noroeste de China podrían experimentar tendencias más húmedas, mostrando que el cambio no ocurrirá igual en todo el planeta.
Los autores advierten que estos modelos tampoco incluyen completamente factores como riego, extracción de aguas subterráneas, cambios de uso del suelo y manejo humano del agua.
Por eso, las cifras no predicen exactamente dónde aparecerán desiertos, sino cómo podrían desplazarse las condiciones climáticas secas y aumentar la presión sobre agua, vegetación y agricultura.
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