Cultural13 Sep 2026 | 2:43 hLuis Fernando Cueto: “Celia Bustamante usó su reputación para impulsar la carrera de José María Arguedas”

Con “Los ojos del cielo,” el reconocido escritor chimbotano obtuvo el XXIX Premio Novela Corta Julio Ramón Ribeyro del Banco Central de Reserva del Perú. Cueto nos presenta el lado menos conocido del autor de “El zorro de arriba y el zorro de abajo”.

Luis Fernando Cueto. Foto: Difusión.Foto del autorGabriel Ruiz OrtegaEscucharResumenCompartir

En Los ojos del cielo, Luis Fernando Cueto aborda a José María Arguedas desde la voz de su primera esposa, Celia Bustamante, quien quizá conoció como nadie la intimidad de nuestro imprescindible escritor. A propósito de esta novela, La República conversó con el celebrado autor.

 

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-Recuerdo que en 2006 publicaste la novela Llora corazón; ahí relatabas los días que Arguedas pasó en Chimbote mientras escribía El zorro de arriba y el zorro de abajo, y la voz narrativa era la de una niña.

-Así es, desde la voz de la sobrina de Arguedas, la hija de Arístides, Beatriz. Ella es una especie de cicerone que guía a José María por las calles del puerto, lo lleva por las fábricas, por los pueblos pobres, por las invasiones y le presenta algunos personajes como el loco Moncada, que es un personaje clave en esta novela. Entonces eso fue hace unos 25 años, más de dos décadas, y de ahí yo comencé a recopilar información sobre José María. He tenido tanta información que en un principio pensé escribir una biografía con detalles exactos.

-Los ojos del cielo no es una biografía novelada.

-Es una memoria novelada. Acá en Perú se han hecho muchas biografías modeladas. Guillermo Thorndike era un trome en eso. Pero el que empezó con las biografías noveladas fue Luis Alberto Sánchez. Pero no es estrictamente una biografía, es una memoria. Celia Bustamante, ya en su vejez, se pone a recordar todo lo que ha vivido con José María en esos 27 años que estuvieron juntos. Y bueno, la memoria tiene muchos vuelos; la memoria no es la historia, la memoria se inventa. Celia da rienda suelta a su fantasía, porque uno nunca recuerda lo que ha pasado exactamente como fue.

-Arguedas era una deuda pendiente, ¿no?

-Sin duda. Creo que no hay un lugar en Perú donde se sienta más íntimo a Arguedas como Chimbote. Yo he estado en Apurímac, incluso en Andahuaylas, donde nació, y Arguedas es como un fantasma lejano. Él nació en Andahuaylas, pero no pasó grandes etapas ahí; después se trasladó a Ayacucho, en La Mar, donde murió su mamá. A los seis años lo llevan a San Juan de Lucanas y de ahí ya no tiene estancias en Andahuaylas. Pero la cercanía de ellos con Arguedas no es tanta como la de los chimbotanos con Arguedas. La gente en Chimbote cree que Arguedas, de alguna manera, nos ha configurado y nos ha dado como una idiosincrasia. La manera en que los chimbotanos se comportan es casi el extremo, y los extremos son Moncada y Banchero Rossi. El loco Moncada es un iluso, casi como un poeta que va hablando y delirando por las calles, y el extremo es un tipo capitalista muy materialista que quiere hacer dinero a costa de lo que sea, incluso a costa de la contaminación del pueblo y de pasar por encima de todo el mundo. En esos extremos están configurados los chimbotanos.

-Esa es una configuración que parte de lo literario.

-Sí. Es un fenómeno de cómo la literatura sirve para influir en la realidad. La realidad influyó en Arguedas para que haga su novela. Y después esto viene de regreso, la novela a moldear la realidad.

-El tono narrativo de Celia presenta a una mujer cuya devoción hacia Arguedas parecía inclinarse más hacia la profunda admiración que hacia el amor romántico. ¿Coincidimos?

-Celia lo descubrió. Cuando lo empezó a leer, sintió que aquí había oro, que este es un diamante en bruto que tengo que pulir. Y apostó por él. Primero lo admiró y luego lo llegó a querer.

Luis Fernando Cueto: “Para escribir la novela, conseguí los audios de las conferencias de Arguedas. Yo me preguntaba cómo una persona tan alegre y graciosa pudiera tener ideas suicidas”. Imagen: Difusión.

Luis Fernando Cueto: “Para escribir la novela, conseguí los audios de las conferencias de Arguedas. Yo me preguntaba cómo una persona tan alegre y graciosa pudiera tener ideas suicidas”. Imagen: Difusión.

-Pero no estás seguro.

-No. Hay que meterse en muchas profundidades. Yo quiero creer que hubo amor ahí. Más de ella hacia él que de él hacia ella.

-Lo digo con respeto, pero cuando Celia leyó Agua, Arguedas no era nadie.

-Es la verdad. Celia hizo a Arguedas. Usó su reputación para impulsar su carrera de escritor. Cuando se divorcian, ella, de alguna manera, le dice en unas cartas que ha apostado todo por él. Arguedas se va y la deja a ella en una edad en que ya no puede rehacer su vida.

-Los ojos del cielo nos presenta a un Arguedas con tramos de alegría. Esta es una imagen muy distinta de la que la gente tiene de él.

-Para escribir la novela, conseguí los audios de las conferencias de Arguedas. Yo me preguntaba cómo una persona tan alegre y graciosa pudiera tener ideas suicidas. En sus presentaciones, cada cinco minutos la gente estallaba en carcajadas. Tenía una manera muy particular de hacer bromas, se ponía en ridículo él mismo. Bromeaba sobre su condición de serrano, quechuahablante, de huérfano. Arguedas tenía extremos muy volubles.

-De acuerdo con la novela, Arguedas era un manipulador. Hay una parte en donde una tía de Arguedas le dice a Celia que él es un gran mentiroso.

—Pero miente porque es como un niño. Un niño que necesita reconocimiento, que necesita afecto. En su círculo íntimo, era un tipo al que le gustaba mucho quejarse, lamentarse. Era una forma de manipular a la gente. Le gustaba hacerse la víctima. Lo hacía porque necesitaba reconocimiento. Celia le llegó a decir tú no debiste casarte conmigo, no debimos casarnos, porque tú no necesitabas una mujer, tú necesitabas una madre que te vuelva a criar.

"Los ojos del cielo" (BCRP). Imagen: Difusión.

"Los ojos del cielo" (BCRP). Imagen: Difusión.

-¿Este era el Arguedas que pensabas perfilar?

-No fue mi intención. Pero inconscientemente lo que buscaba era, de alguna manera, desnudar al héroe cultural y presentar al ser humano en estado puro. Arguedas era un tipo genial, con destellos, pero con muchas sombras.

-Una metáfora de tu novela sería “líbrame de las aguas mansas, que de las bravas me cuido yo”. En el tono de dolor y queja de Celia, nos presenta a un Arguedas muy errante.

-La psiquiatra Lola Hoffmann llega a decirle a Celia que el problema de José María era incurable. De ahí emerge ese hombre de caídas bruscas y volubles, que flota y se hunde, que tiene sus filias y preferencias, y que se escapa por las noches en busca de aventuras. Ese otro Arguedas, poco conocido pero retratado en las cartas a Hoffmann sobre sus salidas nocturnas, resulta terrible porque se muestra atrapado por sus demonios. Me aventuraría a decir que padecía una especie de síndrome del niño abandonado, un rasgo que he leído también en las biografías de otros personajes con el mismo problema.

-Como que hay un patrón de conducta.

-Sí, hay un patrón, el de un niño que perdió a la madre a muy tierna edad y la busca inconscientemente en las mujeres con las que se encuentra, incluso en las prostitutas que él sale a buscar. Es terrible.

-Un seductor.

-Así es, un seductor. Sucede que nos hemos hecho dos estereotipos. Uno con Arguedas y otro con Vallejo. Cuando se habla sobre Vallejo, siempre surge la tristeza, su profundo dolor, y eso nos impide ver en Vallejo a un hombre enamorador, porque Vallejo fue enamorador y le gustaban mucho las mujeres. Era un galán.

-Este libro sobre Arguedas es de ficción. Pero ¿por qué no se explora desde la crítica el lado frívolo de nuestros grandes autores?

-Porque son héroes culturales y hay un prejuicio. Se cree, y yo pienso que es erróneo, que la vida del autor debe ser tan perfecta como la calidad de sus libros. El lector no va a dejar de admirar el producto literario en razón de la vida que ha llevado el escritor. Eso me parece absurdo, porque son cosas separadas. Porque si nosotros leyéramos a un autor con el prejuicio de su vida, ninguno se salvaría. O se salvarían muy pocos, porque buscaríamos lados oscuros en todo.

-Para terminar, tengo una pregunta ya fuera de la novela: ¿tú fuiste parte de la PIP, la Policía de Investigaciones del Perú?

-Sí. Yo fui policía de investigación diez años. Era investigador criminal de delitos. He estado en varias dependencias de Lima y en zonas de conflicto. De esa experiencia salieron varias novelas mías. Tengo la mente fabulando historias todo el tiempo, incluso cuando duermo, y Arguedas ha sido una de mis mayores obsesiones como escritor. Investigué mucho sobre la vida de Arguedas para escribir Los ojos del cielo.

 

 

Dato:

La publicación. Los ojos del cielo está disponible en la tienda delMUCEN (jr. Lampa 474 (esquina con el jr. Ucayali), en Cercado de Lima. Precio: S/30.

BCRP. El jurado del concurso de novela del BCRP estuvo integrado por Alonso Cueto, Francesca Denegri, Mirko Lauer, Karina Pacheco y Marcel Velázquez.

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