La presidenta Keiko Fujimori parece haber asumido una nueva función dentro de su propio Gobierno: “apagafuegos”. El problema es que los incendios no los provocan la oposición ni sus adversarios políticos. Los están encendiendo algunos de sus propios ministros con declaraciones desafortunadas que obligan a Palacio de Gobierno a salir rápidamente a corregir, explicar o desmentir.
El último episodio resulta particularmente preocupante. El ministro del Interior sostuvo que los homicidios no han sobrepasado al país y atribuyó a la prensa una supuesta percepción de inseguridad. Es difícil imaginar una frase más desconectada de la realidad que viven miles de familias. En un país golpeado por asesinatos, extorsiones, sicariato y delincuencia, decirle al ciudadano que su miedo es, básicamente, un producto de los medios equivale a mirar la realidad desde una oficina climatizada y con las ventanas cerradas.
La presidenta tuvo que poner los puntos sobre las íes. Reconoció que la situación es dramática y dejó claro que su principal objetivo es recuperar el orden, la paz, la tranquilidad y la confianza de los ciudadanos. Es decir, la propia mandataria tuvo que recordarle a su ministro cuál es el problema que debe resolver.
Y como si un incendio no fuera suficiente, apareció otro. El ministro de Justicia, Ernesto Álvarez, cuestionó duramente el Código Procesal Penal y afirmó que fue elaborado por abogados penalistas para defender a sus clientes delincuentes. Nuevamente, Palacio tuvo que intervenir. Fujimori calificó la expresión como “una frase desafortunada”.
Desafortunada, sí. Pero el problema va más allá de una frase. Un ministro de Justicia no puede hablar del sistema que debe defender como si fuera un enemigo al que hay que demoler a martillazos. Si el Código Procesal Penal tiene fallas, que se identifiquen técnicamente, que se propongan reformas y que se explique a la ciudadanía cómo contribuirán a combatir la criminalidad. La indignación puede servir para una tribuna política; para gobernar se necesitan argumentos, normas y resultados.
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