La paradoja alimentaria en América Latina y el Caribe ha alcanzado cifras alarmantes. Mientras 33 millones de personas enfrentan hambre y 167 millones viven en inseguridad alimentaria. Además, la región concentra cerca del 20 % de los alimentos que se pierden a nivel mundial entre la etapa de poscosecha y la venta minorista.
Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), América Latina pierde el 11,6 % de los alimentos que produce incluso antes de que estos lleguen al punto de venta. Esta ineficiencia en las etapas de producción, almacenamiento, procesamiento y transporte golpea duramente a países como el Perú. El Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) reportó que 3 de cada 10 peruanos experimentaron inseguridad alimentaria moderada o severa durante el 2025.
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Lima, epicentro del debate regional
Ante este crítico panorama, la ciudad de Lima se convierte en el centro de la discusión durante la semana del 28 de septiembre. Es sede de un encuentro de ciudades latinoamericanas organizado por la FAO. Este evento se enmarca en el Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, que se conmemora cada 29 de septiembre.
En este contexto, la Alianza Latinoamericana y del Caribe de Asociaciones de la Industria de Alimentos y Bebidas (ALAIAB) ha levantado la voz para destacar el rol indispensable del sector privado en la prevención de estas pérdidas.
“En esta conversación cada actor tiene un tramo donde puede incidir, y el nuestro es la transformación: cómo se conserva un alimento, cómo se envasa, cómo se aprovecha lo que antes se descartaba. Ahí hay margen concreto de mejora y ahí es donde la industria puede aportar”, explicó Juliana Cortez, Líder de Asuntos Públicos, Comunicación y Sostenibilidad de ALAIAB.

Tres frentes clave para salvar los alimentos
La pérdida y el desperdicio exigen una respuesta sistémica a lo largo de toda la cadena de valor. Desde ALAIAB identifican tres estrategias fundamentales que la industria ya está implementando para mitigar el problema:
- Innovación en envases: El empaque es la principal barrera contra la humedad, el oxígeno y la luz, factores que aceleran el deterioro de los productos. A la par de proteger el alimento, la industria apuesta por la economía circular. Por ejemplo, utilizar PET reciclado para fabricar nuevas botellas reduce las emisiones en un 64 %. Además, disminuye el consumo de energía en un 79 % en comparación con el material virgen.
- Fortalecimiento de la cadena de frío: En una región caracterizada por grandes distancias y climas extremos, mantener una temperatura estable durante el almacenamiento y la distribución es vital. Es más, romper la cadena de frío es una de las principales causas de pérdida de productos perecibles.
- Tecnologías de conservación: La implementación de procesos que extienden la vida útil de los alimentos, sumada a la creación de formatos adaptados a los hábitos de consumo reales, ayuda a reducir drásticamente el descarte tanto en los supermercados como en los hogares.
“Cada alimento y bebida que evitamos perder es también agua, energía, trabajo y recursos que logramos aprovechar”, concluyó Cortez. Reducir esta brecha no solo es un imperativo ambiental, sino la vía más directa para fortalecer la seguridad alimentaria en una región que necesita, hoy más que nunca, que lo que produce llegue a la mesa de quienes más lo necesitan.
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