Ubicado en el Parque Nacional Alerce Costero, este ejemplar de Fitzroya cupressoides sobrevivió a grandes transformaciones del paisaje y contiene registros climáticos de milenios.
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Kevin Charalla NájeraEscucharResumenCompartirEn las profundidades de un bosque del sur de Chile se encuentra el Gran Abuelo, un gigantesco alerce que podría tener más de 5.400 años. Su existencia se remonta a una época en la que las primeras civilizaciones apenas comenzaban a desarrollarse y mucho antes de la construcción de monumentos que hoy son símbolos de la humanidad.
El ejemplar pertenece a la especie Fitzroya cupressoides y se encuentra en el Parque Nacional Alerce Costero, en la Región de Los Ríos. Su extraordinaria longevidad no solo lo convierte en un símbolo natural, sino también en una especie de archivo viviente capaz de guardar información sobre miles de años de cambios en el clima.
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Este majestuoso árbol es un importante archivo climático, ya que sus anillos revelan información sobre miles de años de cambios ambientales.

El Gran Abuelo sobrevivió durante más de 5.000 años
El Gran Abuelo es considerado el árbol vivo más antiguo del mundo, aunque su edad corresponde a una estimación científica. Los estudios realizados por investigadores encabezados por Jonathan Barichivich calcularon una antigüedad cercana a los 5.400 años, una cifra que superaría ampliamente los aproximadamente 4.850 años atribuidos a Matusalén, el famoso pino longevo de California, Estados Unidos.
Su historia comenzó miles de años antes de que surgieran algunas de las grandes civilizaciones de la Antigüedad. El árbol incluso sobrevivió a enormes transformaciones del paisaje y del clima, mientras generaciones enteras desaparecían y nuevas sociedades surgían. Su descubrimiento moderno ocurrió en 1972, cuando Aníbal Barichivich, abuelo del científico que actualmente lo estudia, lo encontró mientras trabajaba como guardabosques.

Sus anillos guardan miles de años de historia climática
La importancia del Gran Abuelo va mucho más allá de su edad. Los alerces funcionan como verdaderos registros naturales del clima: cada anillo de crecimiento puede aportar información sobre las condiciones meteorológicas que existieron durante un determinado año. Los investigadores han utilizado estos árboles para reconstruir patrones climáticos que se remontan a miles de años.
Esta información resulta especialmente valiosa en medio del calentamiento global, porque permite estudiar cómo reaccionaron los bosques frente a diferentes condiciones ambientales. Sin embargo, el Gran Abuelo también enfrenta amenazas: una propuesta de carretera atravesando el área protegida generó preocupación por el aumento del riesgo de incendios y por el posible impacto sobre los alerces centenarios. La presión científica y de comunidades locales consiguió frenar el proyecto por ahora.
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