Sociedad09 Sep 2026 | 11:13 hDamnificados del sismo en Junín siguen entre escombros mientras esperan viviendas del Gobierno

Han pasado 53 días desde el temblor de magnitud 5,1 que golpeó Chupaca y Huancayo. En Pumpunya, una autoridad local asegura que solo 53 módulos habían llegado para atender a 284 familias que perdieron sus hogares, mientras el Ejecutivo anuncia una ampliación de la ayuda.

El sismo de magnitud 5,1 que afectó Junín el 18 de julio aún deja a muchas familias viviendo en carpas y materiales improvisados. Las ayudas son insuficientes y la situación es crítica. | El Foco | Erick DiazFoto del autorDaniela OrellanaEscucharResumenCompartir

El sismo de magnitud 5,1 que sacudió Junín la noche del 18 de julio ya quedó atrás en el calendario, pero no en la vida de cientos de familias. A 53 días del movimiento telúrico, en algunas localidades de Chupaca y Huancayo todavía se duerme en carpas, bajo plásticos o junto a los restos de viviendas de adobe que quedaron inhabitables.

La situación es especialmente crítica en el anexo de Pumpunya, distrito de Chongos Bajo, provincia de Chupaca, donde se ubicó el epicentro. La teniente gobernadora del sector, Eulalia Gil, aseguró que la ayuda habitacional recibida hasta los primeros días de setiembre era insuficiente frente a la magnitud de los daños. “Todo está en el piso, de 284 personas sus viviendas, en el piso, y solamente han llegado 53”, declaró a RPP.

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La cifra expone una brecha entre la necesidad reportada en la zona y la respuesta efectiva que, según la autoridad local, habían recibido las familias. Ante la demora, algunos pobladores comenzaron a levantar por cuenta propia refugios con calaminas y plásticos en sus chacras. “Estamos muy tristes, preocupados, llorando y haciendo nuestras carpitas ya de calaminas con nuestros propios recursos porque ya se aproxima la lluvia”, añadió Gil.

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Entre carpas, frío y casas que ya no pueden habitar

El problema no es únicamente la falta de una vivienda. Los damnificados permanecen expuestos a las bajas temperaturas de las noches andinas y ahora enfrentan otra preocupación: la llegada de la temporada de lluvias.

La situación ya ha comenzado a afectar a familias vulnerables. De acuerdo con un reporte de RPP, algunos pobladores presentan cuadros bronquiales y una familia reportó que un niño de seis años sufrió problemas respiratorios después de permanecer en una carpa de plástico, lo que incluso le impidió acudir a clases durante una semana.

Las imágenes recogidas por El Foco muestran la otra dimensión de la emergencia. En Chupuro, por ejemplo, Brayan, de 4 años, juega entre los restos de los muebles de la que alguna vez fue su casa. La vivienda de adobe y tejas de dos pisos de su familia quedó completamente inhabitable. Sus paredes permanecen inclinadas y sin techo. Mientras esperan una solución, el menor pasa parte de sus días en una carpa instalada frente a los escombros.

Su abuelo, el agricultor Ponciano Chancavilca, teme que una nueva réplica o un eventual derrumbe del cerro Puccá pueda poner en riesgo a su familia. “No tenemos adónde ir”, contó durante el recorrido realizado por El Foco. “Pediría a nuestras autoridades que nos apoyen reubicándonos. Hemos perdido todo”.

Seis fallecidos y miles de damnificados

El movimiento telúrico afectó a 15 distritos de las provincias de Chupaca y Huancayo y dejó, según el Instituto Nacional de Defensa Civil (Indeci), más de 5.000 personas damnificadas, cientos de viviendas destruidas o inhabitables, alrededor de 150 heridos y seis fallecidos. Pumpunya fue uno de los sectores más golpeados. Cuatro de las seis víctimas mortales eran de esta localidad.

Entre ellas estuvo Jeff Orihuela, de 18 años, quien murió cuando la vivienda de adobe de su familia colapsó. Su madre, Ricardina Urbina, todavía conserva una fotografía de su hijo entre los objetos que logró rescatar. “Mi casa se hizo polvo y mi hijo falleció, le aplastó la casa, todos los adobones le aplastaron a mi hijo”, relató su padre, Epifano Orihuela. La familia consiguió posteriormente una pequeña vivienda prefabricada gracias al apoyo de voluntarios. No todos tuvieron la misma suerte.

La familia Romero Munive, también de Pumpunya, perdió su vivienda, animales, herramientas de trabajo y una mototaxi que quedó aplastada por los escombros. Además, el colapso de canales de riego complicó la posibilidad de retomar sus actividades agrícolas. “Ahorita estamos en cero. No ganamos ni un sol”, señaló Paulino Romero.

El desastre, por tanto, no solo dejó casas destruidas. También golpeó la economía de familias cuya subsistencia depende de la agricultura y la crianza de animales.

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Gobierno anuncia más módulos, pero persiste el reclamo

El Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento (MVCS) ha informado que la respuesta habitacional continúa ampliándose.

Según la información difundida por la cartera el 1 de setiembre, las intervenciones realizadas en Chongos Bajo ya habían permitido contabilizar 116 módulos temporales de vivienda destinados a familias afectadas. Además, el sector anunció el traslado progresivo de 414 módulos adicionales hacia Viques, Huayucachi, Chupuro, Huacrapuquio y San Juan de Iscos.

El ministerio precisó que sus evaluaciones técnicas determinaron que 1.203 familias requieren una solución temporal de vivienda en las zonas afectadas. De ese universo, 530 hogares serían atendidos con módulos temporales. Posteriormente, el MVCS anunció también la instalación de 68 nuevos módulos temporales para ampliar la atención.

La información oficial muestra que la respuesta estatal sí se encuentra en marcha, pero las denuncias desde Pumpunya revelan que el problema no está resuelto para todas las familias. El punto de tensión está precisamente en el tiempo que transcurre entre el anuncio, el traslado de los módulos, el acondicionamiento de los terrenos y su entrega efectiva a quienes perdieron sus viviendas. Mientras tanto, los damnificados continúan afrontando la emergencia con recursos propios.

Una emergencia que también llegó a las escuelas

El impacto del sismo alcanzó también a la infraestructura educativa. Sin embargo, en este frente el Gobierno reportó un avance concreto.

El Ministerio de Educación informó el 8 de setiembre que, mediante el Programa Nacional de Infraestructura Educativa (Pronied), culminó la instalación de 68 aulas de emergencia tipo domo en 23 instituciones educativas de Junín.

La intervención demandó una inversión de S/8.156.604,74 y busca garantizar la continuidad de las clases para hasta 4.080 estudiantes afectados por los movimientos sísmicos.

Las aulas fueron distribuidas en instituciones educativas de Chongos Bajo, San Juan de Iscos, Huayucachi, Chupuro, Huancán, Chupaca, Chongos Alto, Colca, Cullhuas y otros sectores.

El Minedu señaló que los módulos cuentan con mobiliario para estudiantes y docentes, además de pizarras, y que las intervenciones forman parte de la respuesta frente a la emergencia ocasionada por el sismo.

La cartera atribuyó la ejecución de estas acciones al compromiso asumido por la presidenta Keiko Fujimori durante su visita de inspección a Chupaca el 31 de julio.

El contraste es evidente: mientras el sector Educación informa que ya culminó una intervención para garantizar el retorno y continuidad de miles de estudiantes, en algunas de las localidades más golpeadas todavía hay familias que esperan una solución para algo más básico: un lugar seguro donde dormir.

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“De la noche a la mañana me quedé en la calle”

En el barrio La Estrellita, en Chupuro, Nancy Chancas enfrenta una situación similar. Su vivienda quedó inhabitable y ahora permanece junto a su familia en una carpa. “De la noche a la mañana me quedé en la calle”, contó.

Su hija Carol, de 16 años, escribió uno de los carteles que aparecen en la zona para pedir ayuda. Las escenas se repiten en el trayecto entre Pumpunya, Chupuro y Chongos Bajo: paredes de adobe derrumbadas, muebles recuperados de entre los restos, familias instaladas en carpas y mensajes escritos a mano para llamar la atención de las autoridades.

53 días después, la emergencia sigue abierta

El caso de Junín muestra que la recuperación posterior a un desastre no termina con la llegada de ayuda ni con el retiro de los escombros.

Para las familias que perdieron sus viviendas, el tiempo juega en contra. El frío ya es una amenaza y la temporada de lluvias se acerca. Para los agricultores que perdieron animales, herramientas o sistemas de riego, reconstruir sus casas tampoco significa recuperar automáticamente sus medios de vida. A ello se suma el miedo a las réplicas. Desde el movimiento principal se han registrado más de 20 nuevos movimientos en la zona.

El Estado ha reportado avances: módulos temporales en distintas localidades, limpieza de terrenos y 68 aulas de emergencia instaladas en 23 colegios. Pero en Pumpunya persiste una pregunta que los propios damnificados vienen repitiendo desde hace semanas: ¿cuándo podrán dejar las carpas y volver a vivir bajo un techo seguro?Mientras llega esa respuesta, las familias continúan frente a los restos de las viviendas que perdieron aquella noche del 18 de julio.

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