Un reciente estudio global pone sobre la mesa una realidad incómoda: el problema del cambio climático ya no radica en la falta de concienciación de la ciudadanía, sino en la ineficiencia y la inacción de quienes toman las decisiones. La Encuesta de Perspectivas Mundiales de la Red Mundial Independiente de Investigación de Mercado (WIN), basada en más de 45 000 entrevistas en 45 países, confirma que un abrumador 81 % de la población considera el calentamiento global como una amenaza grave. Sin embargo, bajo esta aparente unanimidad, se esconde una peligrosa erosión en la confianza hacia las autoridades.

El fracaso sistémico y el escepticismo ciudadano

El dato más crítico del informe revela que hoy solo el 46 % de los ciudadanos a nivel global cree que sus gobiernos están tomando las medidas necesarias para mitigar la crisis climática, lo que representa un drástico desplome del 9 % respecto a años anteriores.

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La crisis ecológica es comprendida mayoritariamente como un desafío sistémico. Las poblaciones, especialmente los jóvenes y los sectores con mayor nivel educativo, exigen una acción coordinada del Estado y del sector privado, negándose a cargar únicamente con el peso de la responsabilidad individual. Este sector de la población, al estar más informado, es paradójicamente el que muestra mayor escepticismo sobre la verdadera eficacia institucional, evidenciando una desconexión total entre el discurso político oficial y las políticas ambientales ejecutadas.

Mientras que en países de Europa como Noruega, Finlandia o Grecia la confianza en la actuación gubernamental se ha desplomado a niveles críticos (entre el 13 % y el 21 %), en otras latitudes la frustración crece al sentir que el esfuerzo ciudadano no encuentra respaldo en políticas públicas contundentes.

Perú y América Latina: Alta vulnerabilidad, ¿respuestas lentas?

La brecha entre la urgencia ciudadana y la respuesta estatal es particularmente sensible en América Latina, una región donde los impactos climáticos no son proyecciones futuras, sino catástrofes cotidianas.

En países como Venezuela (93 %), Colombia (92 %), México y Perú (89 %), el calentamiento global se percibe como una amenaza inmediata y sumamente visible, superando con creces los niveles de alarma de potencias del norte global como Estados Unidos o los Países Bajos (72 %). A pesar de esta clara demanda social por protección y resiliencia en la región, las poblaciones siguen enfrentando los embates climáticos desde la vulnerabilidad, esperando liderazgos que logren articular soluciones a gran escala.

El bolsillo como límite para la acción

A esta crisis de representatividad ambiental se suma la realidad financiera. Aunque el 77 % de las personas aún cree que sus acciones cotidianas pueden generar un impacto positivo y al 62 % le gustaría llevar un estilo de vida más sostenible, estas aspiraciones chocan con la barrera del costo de vida.

Actualmente, el 65 % afirma estar dispuesto a pagar más por productos ecológicos, pero esta cifra ha comenzado a retroceder. La falta de infraestructura adecuada, la ausencia de incentivos estatales y la crisis económica impiden que las familias puedan traducir sus valores ambientales en cambios sostenidos.

Como advierte Richard Colwell, presidente de la Asociación Internacional WIN, estamos entrando en una nueva fase de la crisis. La ciudadanía no ha perdido la esperanza en que el cambio es posible, pero ha dejado de creer en promesas vacías: hoy, más que nunca, se exige que los gobiernos y las grandes empresas asuman el costo político y económico de liderar una transición real.

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