El 78% de los trabajadores peruanos afirma experimentar estrés laboral o burnout, según el estudio Burnout 2025 de Bumeran. La cifra mantiene al agotamiento profesional como uno de los principales desafíos para trabajadores y organizaciones en el país.

Otro análisis regional también coloca al Perú en una situación crítica. El Reporte de Burnout Laboral 2025 de Buk señala que uno de cada seis trabajadores peruanos experimenta burnout de manera frecuente, la mayor incidencia entre los países evaluados: Perú, Chile, Colombia y México.

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Cuando todo se convierte en urgente

En este contexto, la denominada cultura del “todo para ayer” puede fomentar jornadas dominadas por interrupciones, pedidos inmediatos y dificultades para establecer prioridades.

“Cuando todo es urgente, el cerebro entra en un estado de alerta permanente y ahí la productividad real cae, aunque la sensación de estar ocupado aumente”, señaló María José Valenzuela, docente de EAE Business School, de acuerdo con información proporcionada por la institución.

La especialista sostiene que trabajar de manera permanentemente reactiva no solo afecta la organización del tiempo, sino también la capacidad de tomar decisiones y sostener el desempeño de los equipos.

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1. Preguntarse para quién es realmente urgente

Antes de cambiar toda la agenda por una nueva solicitud, Valenzuela recomienda identificar si la urgencia corresponde realmente a la persona que debe ejecutar la tarea o si proviene de una presión externa.

Una herramienta que puede ayudar en ese análisis es la matriz de Eisenhower, que clasifica las tareas según dos criterios: urgencia e importancia. Sin embargo, la especialista remarca que el valor no está únicamente en utilizar una metodología, sino en definir qué actividades generan mayor impacto.

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2. Identificar cuándo se trabaja en modo reactivo

Revisar el teléfono o el correo apenas comienza el día, terminar la jornada sin tener claridad sobre las tareas realizadas o tomar decisiones constantemente bajo presión pueden ser señales de una dinámica reactiva.

Según Valenzuela, introducir espacios breves para detener las interrupciones y revisar prioridades puede ayudar a recuperar capacidad de decisión antes de responder automáticamente a cada nueva demanda.

3. Negociar plazos y gestionar expectativas

Otra de las recomendaciones es conversar con jefes, clientes o compañeros sobre los plazos reales de cada pedido.

Preguntas como qué consecuencias tendría entregar una tarea al día siguiente, en lugar de hacerlo inmediatamente, permiten determinar si existe una fecha límite objetiva o si la urgencia responde únicamente a una expectativa que puede ser negociada.

La gestión transparente de los tiempos también puede evitar que pequeñas solicitudes se acumulen hasta convertirse en situaciones críticas.

4. Aprender a postergar tareas con menor impacto

No todas las actividades pendientes requieren la misma atención. La especialista recomienda preguntarse cuál sería la única tarea que debería completarse durante el día si fuera posible realizar solo una.

Este ejercicio permite identificar las acciones con mayor impacto y postergar aquellas que, aunque puedan parecer inmediatas, no contribuyen de la misma manera a los objetivos establecidos.

5. Definir tres prioridades por día

La última recomendación consiste en establecer previamente las principales actividades de la semana y seleccionar tres prioridades diarias antes de comenzar a responder correos, mensajes u otras solicitudes.

La finalidad no es controlar todos los imprevistos, sino disponer de una referencia que permita decidir qué tareas deben conservar prioridad cuando aparecen nuevas demandas.

El rol de los líderes frente a las urgencias

Para Valenzuela, los responsables de equipos también cumplen una función central a la hora de reducir la presión innecesaria.

“Un líder que traslada todas las urgencias tal cual las recibe no está liderando, está reenviando presión”, sostuvo la especialista. Agregó que los responsables deben filtrar, contextualizar y determinar qué pedidos son realmente críticos antes de trasladarlos al equipo.

El reporte regional de Buk, elaborado a partir de más de 5.000 encuestas en Chile, Colombia, México y Perú, encontró que el 46% de los participantes experimentó burnout al menos una vez durante el último año y un 14% señaló haberlo vivido muchas veces o siempre.

En el caso peruano, los datos de Bumeran y Buk refuerzan la necesidad de evaluar no solo cuántas horas trabajan las personas, sino también cómo se establecen prioridades, plazos y cargas dentro de las organizaciones.

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