Guillermo Bussinger aprendió de su padre a amar la música y del deporte, la disciplina. Antes de subir a un escenario, fue basquetbolista y, siendo adolescente, llegó a integrar la selección peruana. Pero mientras crecía en las canchas, otra pasión comenzaba a ganar terreno: la música.

Su padre, violinista argentino, fue su primera gran influencia musical. Guillermo creció en una casa donde la música estaba siempre presente. Primero fue la clásica; después llegó el rock. Su padre lo acompañó en ese descubrimiento y le enseñó no solo a escucharla, sino también a sentirla y respetarla.

“Él fue quien me inculcó el amor por la música y mi primera gran influencia. Alcanzó a verme tocar profesionalmente, pero falleció antes de que llegara esta etapa de mi carrera, que tuvo una exposición mucho mayor”, recuerda Bussinger.

A los 21 años dejó el básquet competitivo y apostó de lleno por la música. Grabó varios discos con distintas bandas, inició su carrera como solista y, cuando ya construía un camino propio, recibió la propuesta para convertirse en la voz de Pedro Suárez-Vértiz La banda.

Gran desafío

Todo comenzó con un mensaje de WhatsApp. Pedro y su mánager, Robelo Calderón, le explicaron el proyecto. “Lo leí y dije: ‘¿Cómo es? ¿Yo voy a cantar? ¿Pedro va a tocar?’”, recuerda Bussinger. La condición era clara: interpretar las canciones con su propio estilo e identidad propia, sin imitar a Pedro.

Bussinger aceptó el desafío y debutó con la banda en el Estadio Nacional, durante el festival “Cuando piensas en volver”. Ese primer concierto, ante un estadio lleno, abrió una etapa que se prolongó por más de una década entre giras, viajes y escenarios.

“Fue un reto muy grande que Pedro me convocara para cantar en su banda. ¿Cómo decirle que no? Él siempre fue una de esas personas que te marcan”, recuerda.

Con Pedro Suárez-Vértiz La Banda recorrió el Perú y también se presentó en el extranjero. Fueron años de viajes y conciertos que, asegura, le permitieron crecer como músico y ganar experiencia sobre el escenario.

Me permitió conocer muchos lugares, mucha gente y aprender de todo. Siempre me han gustado los retos y experimentar con distintos géneros, estilos y sonidos”, explica.

Pero de Pedro también se llevó una lección que trascendió la música. Cuando la enfermedad le impidió cantar y tocar como antes, Suárez-Vértiz encontró otras formas de seguir creando: escribió, desarrolló proyectos musicales e hizo canciones para niños. Bussinger fue testigo de esa reinvención y la considera una de sus mayores enseñanzas.

Más que un consejo, me dio una enseñanza de vida. Cuando enfermó, continuó. Buscó la forma”, afirma. “Se reinventó, siguió siendo un artista musical. Para mí, eso fue lo más importante que me dejó”.

Cuando Pedro Suárez-Vértiz murió, a finales de 2023, Bussinger sintió que esa etapa también comenzaba a cerrarse. Sin embargo, aún quedaba un año de presentaciones ya pactadas. Sin Pedro detrás de nosotros, se sentía raro, para mí era incómodo seguir cantando en su banda. Pero el mánager ya tenía fechas vendidas y me pidió continuar. Acepté”, recuerda. Finalmente, en 2025 decidió cerrar el ciclo.

Guillermo mira hacia el horizonte y piensa en el futuro: seguir haciendo música, disfrutar el camino y llevar alegría a quienes lo escuchan. (Foto: Giancarlo Ávila / El Comercio)
Guillermo mira hacia el horizonte y piensa en el futuro: seguir haciendo música, disfrutar el camino y llevar alegría a quienes lo escuchan. (Foto: Giancarlo Ávila / El Comercio) / NUCLEO-FOTOGRAFIA > GIANCARLO AVILA

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