Asegurar la resiliencia de los sistemas agroalimentarios y el desarrollo rural ha dejado de ser una meta ambiental para convertirse en una necesidad urgente. Bajo esta premisa, especialistas de Brasil, Costa Rica, México, Paraguay y Perú emitieron un pronunciamiento que establece once directrices clave: el «Llamado a la Acción para la Protección de los Polinizadores en América Latina y el Caribe». A través del proyecto regional PoliLAC, las autoridades, comunidades y expertos demostraron que la articulación entre gobiernos, academia, sector privado y pueblos originarios puede transformar compromisos globales en soluciones territoriales concretas.

Se debe reconocer y fortalecer los procesos territoriales que los pueblos originarios ya poseen. (Foto: Inforegión)

Este documento surgió del Seminario Internacional sobre Gobernanza y Mecanismos de Financiamiento para la Conservación de los Servicios de Polinización, celebrado en Brasilia entre el 18 y el 20 de agosto de 2026. El evento congregó a representantes que buscan frenar el declive de estas especies vitales.

Expertos internacionales exigen reconocer el conocimiento indígena y redefinir la conservación de polinizadores

Dentro de las medidas propuestas, uno de los puntos más críticos insta a los Estados a reducir drásticamente las presiones generadas por el uso inapropiado de plaguicidas. El llamado propone fortalecer el manejo integrado de plagas bajo el enfoque de «Una Sola Salud» (One Health). Se busca así incentivar la aplicación de bioinsumos y garantizar asistencia técnica para que los productores agrícolas logren una transición económica y operativamente viable.

Asimismo, los expertos exigen priorizar la restauración socioecológica de los territorios. Esto implica utilizar flora nativa para recuperar recursos alimenticios, sitios de anidación y refugio. El objetivo es restablecer la conectividad de los paisajes agrícolas, forestales y urbanos.

Reconocer el conocimiento indígena y redefinir la conservación son ejes centrales que buscan proteger la seguridad alimentaria en la región, integrando las prácticas ancestrales con estrategias modernas para garantizar un futuro sostenible donde la biodiversidad y la producción agrícola caminen de la mano frente a los desafíos ambientales actuales.

Finalmente, las delegaciones hicieron un llamado a la comunidad internacional para acelerar el establecimiento de la Plataforma Mundial sobre Polinizadores. El pronunciamiento destaca el rol central de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) para consolidar el acompañamiento técnico, las políticas y los fondos necesarios que aseguren la preservación de estas especies y, con ellas, la seguridad alimentaria global. Para materializar estas exigencias, el foro instó a movilizar de forma estratégica recursos financieros públicos y privados, así como a integrar obligatoriamente la conservación de polinizadores en las políticas públicas y los planes de ordenamiento territorial de cada nación. El componente humano y cultural ocupa un lugar central en la nueva agenda regional. El documento demanda el reconocimiento y protección de los derechos territoriales y los sistemas de conocimiento tradicional de los pueblos indígenas, garantizando estrictamente el consentimiento libre, previo e informado. La directriz subraya la urgencia de financiar y asegurar la participación activa de mujeres, jóvenes, niñas, niños y organizaciones productoras para lograr una distribución justa de los beneficios derivados de la biodiversidad. Para medir el impacto de estas intervenciones, la cumbre recomendó implementar sistemas de monitoreo técnico a largo plazo que incorporen iniciativas de ciencia ciudadana, permitiendo una toma de decisiones respaldada por datos sistematizados. Este enfoque integral busca no solo frenar el declive de los polinizadores en América Latina, sino también proteger la base misma de nuestra seguridad alimentaria mediante acciones coordinadas entre gobiernos, comunidades y organismos internacionales que prioricen tanto la ciencia rigurosa como las sabidurías ancestrales en la conservación del patrimonio natural.

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