Los fósiles muestran cómo era este antiguo ecosistema marino, rico en alimento y habitado por grandes depredadores hace millones de años.

Actualmente, las arenas del desierto egipcio parecen estar muy lejos de cualquier océano. Sin embargo, hace millones de años, esta región estaba cubierta por un mar tropical que albergaba una gran variedad de animales.

Durante el Cretácico, entre hace aproximadamente 145 y 66 millones de años, la Tierra tenía un clima considerablemente más cálido que el actual y el nivel del mar era mucho más elevado. Grandes extensiones del norte de África permanecían bajo el agua.

El hallazgo se produjo en la meseta de Abu-Tartur, donde los paleontólogos recuperaron 14 dientes que pertenecieron a cinco especies de tiburones que hasta ahora no habían sido identificadas en este lugar. Al sumarlos a dos especies registradas previamente, el conjunto alcanza al menos siete especies diferentes.

Los dientes encontrados permiten reconstruir parte de aquel ecosistema perdido. La Formación Duwi conserva una de las evidencias de aquel pasado marino: enormes depósitos de fosfato. Este tipo de material suele acumularse en zonas donde existe una intensa actividad biológica y una elevada productividad marina.

Los 14 dientes representaban a varias especies. Foto: Yassin et al., Cretac. Res. , 2026

Los 14 dientes representaban a varias especies.

Los investigadores creen que las aguas de esta antigua región recibían nutrientes procedentes de zonas profundas del océano. Estas corrientes ascendentes, conocidas como surgencias, llevaban fósforo y otros elementos hacia la superficie, favoreciendo el crecimiento del plancton. A partir de ahí se desarrollaba una cadena alimentaria capaz de mantener peces, invertebrados y grandes depredadores. Para conocer mejor la diversidad del ecosistema, los científicos regresaron al yacimiento de Abu-Tartur tras identificar inicialmente dos especies a partir de unos dientes hallados en el sitio. En esta nueva visita, encontraron otros 14 dientes que permitieron reconocer cinco especies adicionales: Cretalamna cf. maroccana, Scapanorhynchus cf. raphiodon, Serratolamna cf. serrata, Squalicorax bassanii y Squalicorax pristodontus. Dos de ellas, Serratolamna cf. serrata y Squalicorax bassanii, representan nuevos registros para Egipto. Además, Scapanorhynchus cf. raphiodon, caracterizado por sus dientes largos y estrechos, podría constituir el primer registro conocido de esta especie en África. La variedad dental revela que estos animales tenían estrategias de alimentación diferentes: algunos eran largos y delgados, mientras que otros eran anchos y dentados, adecuados para cortar. Siete especies de tiburones ocupaban distintos ambientes en aquel entonces.

Diagrama que ilustra cómo los océanos cubrían la región en el pasado. Foto: Yassin et al., Cretac. Res. , 2026

Diagrama que ilustra cómo los océanos cubrían la región en el pasado. Foto: Yassin et al., Cretac. Res. , 2026

Los dientes no pertenecen a un único cementerio de tiburones

Aunque la concentración de fósiles puede recordar a un gigantesco cementerio, los investigadores advierten que no todos estos animales necesariamente vivieron allí al mismo tiempo. La acumulación de dientes se produjo durante un periodo prolongado, debido a que en esta zona se depositaba muy poco sedimento. Por ello, el estrato concentra restos procedentes de distintos momentos y posiblemente de diferentes ambientes marinos. Donde hoy solo quedan rocas y arena, alguna vez existió un mar productivo habitado por numerosos depredadores.

“En conjunto, esta asociación pone de manifiesto un ecosistema marino enriquecido en nutrientes y de alta productividad a lo largo de un margen de plataforma fosfogénica”, escribieron los investigadores dirigidos por el paleontólogo Tarek Yassin, de la Universidad de El Cairo. La presencia de Squalicorax podría indicar ambientes cercanos a la costa, mientras que Scapanorhynchus estaría relacionado con aguas más profundas. Otros tiburones, como Cretalamna y Serratolamna, apuntan a condiciones estables de mar abierto.

El estudio, publicado en Cretaceous Research, ofrece así una ventana excepcional a un paisaje que desapareció hace millones de años. Los hallazgos revelan cómo funcionaba esa antigua plataforma continental bajo el agua, antes de quedar expuesta por la erosión y la deriva tectónica que moldearon el actual desierto egipcio.

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