por Redacción RPP

Cuba enfrenta una crisis energética aguda desde mediados de 2024, que se ha intensificado tras el bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos en enero y medidas sancionadoras adicionales reforzadas desde mayo. Estas restricciones han ahuyentado a empresas extranjeras y generado un severo desabastecimiento de combustible, situación que el Ministerio de Educación Superior (MES) atribuye directamente a la "política agresiva sostenida del gobierno de los Estados Unidos". Ante este escenario nacional marcado por la escasez, las universidades cubanas optarán por modalidades semipresenciales y a distancia para el curso académico 2026-2027, que inicia el próximo 1 de septiembre. Según explicó el MES en redes sociales este fin de semana, esta reestructuración busca adaptarse al "desabastecimiento" actual mediante la descentralización y un enfoque territorial. Por ello, las actividades docentes se desarrollarán esencialmente con la organización académica aplicada en el semestre anterior, aunque se mantendrán algunos períodos de presencialidad fundamental para los estudiantes del curso diurno.

Las clases presenciales tendrán lugar principalmente en la sede central de cada universidad, en Centros Universitarios Municipales (CUM), Filiales Universitarias Municipales (FUM) y entidades productivas o de servicios del territorio. En particular, el caso del curso por encuentros implica que tanto los programas de técnico superior como las carreras universitarias se retomarán de manera presencial al menos una vez al mes para orientar y evaluar las tareas de aprendizaje. Esta estrategia busca asegurar la continuidad académica a pesar de los apagones recurrentes que afectan masivamente a la isla, limitando severamente las evaluaciones y el funcionamiento normal de los institutos de estudios superiores en todo el país.

"Frente a esta realidad, el sistema de Educación Superior ha reestructurado su funcionamiento", añade la nota informativa, subrayando que la crisis obliga a priorizar lo virtual y reducir drásticamente la carga presencial. La situación refleja un año académico bajo presión extrema, donde la infraestructura eléctrica inestable determina los horarios y métodos de enseñanza en las instituciones educativas superiores de la nación caribeña.

Cuba enfrenta una grave crisis energética que, en los últimos meses, ha escalado drásticamente. En La Habana, los apagones alcanzan las 20 horas y más, dejando apenas dos o tres para el servicio diario; mientras que en las provincias se reportan más de dos días consecutivos sin suministro eléctrico. Esta falta de combustible incide directamente en la educación superior, afectando el internet, el transporte y las instalaciones educativas.

Como respuesta a esta escasez, las autoridades del sector dispusieron un conjunto de acciones para ajustar las actividades universitarias. El pasado febrero, la emblemática Universidad de La Habana suspendió por 30 días sus clases presenciales del curso 2025-2026 y optó por transformar los escenarios educativos.

La medida se extendió a todas las carreras y programas de Técnico Superior Universitario (TSU), implementando la modalidad semipresencial. Para ello, se identificaron contenidos esenciales de cada carrera y se reajustó la ubicación de asignaturas en otros periodos lectivos.

Adicionalmente, las autoridades decidieron reducir las evaluaciones a las imprescindibles y realizar exámenes integradores para evaluar más de una asignatura a la vez. «La medida se enmarcó en un conjunto de acciones dispuestas por las autoridades de la Educación Superior para ajustar las actividades del sector debido a la escasez de combustibles en el país», tal como lo explicaron los responsables de la gestión académica ante esta emergencia nacional.

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