No todos los estudiantes concluyen el primer semestre con los resultados deseados. Las dificultades en cursos específicos, sumadas a la
pérdida de motivación o la frustración por las calificaciones, pueden transformarse en obstáculos para afrontar la siguiente etapa académica. Sin embargo, el
inicio del segundo semestre ofrece una oportunidad crucial: revisar qué ocurrió durante los primeros meses, identificar áreas que requieren mayor atención y establecer nuevos hábitos de estudio. En este contexto, Fairuz Saba, directora del Colegio Villa Caritas, señala que la respuesta de los padres frente a las notas es fundamental para acompañar adecuadamente el proceso.
“Cuando un estudiante no obtiene los resultados esperados, lo primero que necesitan los padres es evitar que las calificaciones se conviertan en una fuente de presión y entender que forman parte de su proceso de aprendizaje”, explica Saba. La especialista recomienda mantener una comunicación abierta con los estudiantes para ayudarlos a identificar tanto sus fortalezas como aquellos aspectos que pueden mejorar para alcanzar sus objetivos académicos. Antes de establecer nuevas metas, resulta conveniente identificar qué dificultades se presentaron durante el primer semestre y si estuvieron relacionadas con un curso específico, los hábitos de estudio, la organización u otros factores.
El
primer paso es conversar con el estudiante antes de plantear soluciones. Los padres pueden preguntar qué curso resultó más difícil, qué problemas encontró y qué considera que podría hacer diferente durante el nuevo semestre. Según la especialista, escuchar sin juzgar permite conocer mejor las razones detrás de los resultados académicos y facilita la búsqueda de estrategias específicas. Esta conversación también ayuda a distinguir si el problema se concentra en una asignatura determinada o si existen dificultades más generales relacionadas con la organización y el estudio.
Finalmente, es vital recordar que un semestre con resultados inferiores a los esperados no determina por sí solo las capacidades de un estudiante. Bajo ninguna circunstancia deben las notas definir la autoestima del alumno. El objetivo debe ser siempre comprender el origen de las dificultades para trabajarlas activamente. Si un estudiante obtiene bajas calificaciones, lo ideal es transformar esa situación en un punto de partida para mejorar, no como una sentencia definitiva sobre su potencial. La clave está en la paciencia y en construir puentes hacia el éxito académico sin generar ansiedad innecesaria en casa ni en el aula.
Los padres deben ayudar a sus hijos a comprender los errores como parte natural del aprendizaje, evitando que una calificación específica se convierta en una etiqueta sobre sus capacidades. El objetivo final es reconocer lo que necesita mejorar sin transformar las notas en una fuente permanente de presión.
Para lograr esto, es vital **reconocer los avances, no solo las calificaciones**. El esfuerzo, la constancia y los pequeños progresos también forman parte del aprendizaje. Reconocerlos puede ayudar al estudiante a identificar qué hábitos están dando resultados. Esta valoración no implica ignorar las dificultades académicas, sino observar el proceso de mejora además de la nota final. Los avances pueden reflejarse en una mayor organización, cumplimiento de tareas, participación en clase o constancia al estudiar.
En lugar de establecer un objetivo general como "sacar mejores notas", la recomendación es definir metas concretas y que puedan ser evaluadas durante el semestre bajo el título de **crear un plan con metas específicas**. Para ello, se puede identificar primero qué cursos necesitan mejorar y establecer acciones: organizar horarios de estudio, realizar repasos varias veces por semana, aumentar la participación en clase o evaluar la necesidad de un refuerzo académico. El plan puede revisarse periódicamente para determinar qué estrategias funcionan y cuáles necesitan ajustes.
Finalmente, es necesario **fortalecer la autonomía del estudiante**. El acompañamiento de los padres no significa resolver las tareas de sus hijos. La especialista recomienda ayudarlos a organizar el tiempo, establecer prioridades y asumir responsabilidades de manera progresiva. De esta forma, el estudiante puede desarrollar herramientas para gestionar sus propias obligaciones académicas. La organización, el seguimiento de metas y la identificación de dificultades pueden convertirse en hábitos que trasciendan una determinada calificación o semestre.
Diario Correo
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