Carina Morales, gerenta general de Cappes, propone a Gestión que Perú adopte un sistema de créditos educativos financiado mediante un fondo revolvente. Este modelo permitiría al Estado transformar los recursos actuales destinados a becas en capital inicial para dicho fondo, el cual se reabastecería con los pagos de los préstamos y aportes externos. La ventaja clave es que esto no requiere incrementar el gasto presupuestal; este año, la inversión educativa recibió inicialmente unos S/ 50,000 millones. Como ilustración del potencial, Morales señala los S/ 100 millones asignados a Beca 18 para unos 5,000 estudiantes. Ese monto podría constituir el núcleo de un fondo que luego se nutriría con recursos de gobiernos regionales, organismos multilaterales como el BID y el Banco Mundial, así como empresas interesadas en financiar talento para sectores demandantes. La administración de este esquema podría recaer en COFIDE o en el Banco de la Nación. «El dinero empezaría a circular», explica Morales tras presentar Invertir en el talento: Hacia un modelo sostenible de créditos educativos en el Perú, elaborado junto con Andrea Salas, gerente de Proyectos de Cappes. «Los recursos retornarían al fondo y podrían financiar posteriormente a nuevos estudiantes». Actualmente, la oferta de becas y créditos de Pronabec atiende menos del 2.4% de la matrícula superior, dejando fuera al 97.6% de los estudiantes de pregrado. Ante esta brecha, el enfoque cambia hacia soluciones más inclusivas. Morales y Salas destacan que Chile, Costa Rica, Colombia y Brasil entregan créditos educativos desde hace décadas; en conjunto, han beneficiado a más de 1.9 millones de personas. En contraste, las experiencias peruanas son acotadas y promovidas mayormente por privadas o con articulación estatal limitada. «Estos países apostaron por diseños que priorizaron la empleabilidad de los estudiantes y con criterios flexibles de compromiso», subrayan las expertas. Su propuesta busca replicar esa estructura para cerrar la brecha financiera que actualmente deja a casi el 98% de los universitarios sin acceso a financiamiento directo, aprovechando un ciclo virtuoso donde el capital se regenera constantemente gracias al repago de los beneficiarios anteriores, asegurando así una sostenibilidad fiscal y social. Foto: Cappes

Dos tipos de crédito para estudiantes

Desde Cappes, proponen distinguir entre los créditos para el acceso y los destinados a la permanencia. El segundo esquema presenta menor riesgo e incertidumbre, al ser de corto plazo y dirigirse a alumnos en la segunda mitad de su carrera, donde ya existe información sobre su rendimiento académico. En contrapartida, el modelo de créditos para el acceso conlleva mayor riesgo porque desconoce las notas del estudiante y demora más tiempo el egreso; aquí cobra relevancia un sistema revolvente, según la propuesta.

Morales indica que las tasas oscilarían entre 3% y 5% anual, ajustándose a la inflación. Asimismo, vincula el pago con los ingresos del graduado: ante pérdida de empleo, las cuotas se suspenden temporalmente para reactivarse al retornar al trabajo; si disminuyen sus recursos, estas pueden reducirse o condonarse. “Se requieren esquemas de repago flexibles y adaptados a la progresión de los salarios para evitar el sobreendeudamiento y no pago”, resaltan.

Según la propuesta de Cappes, se puede ampliar el mercado de créditos educativos con participación de bancos y compañías que buscan talentos específicos. El Estado puede actuar como garante y asumir parte del riesgo. Foto: AndinaPara operativizarlo, sugieren una institución autónoma que regule, administre el fondo y defina la recuperación. La creación pasaría por el Congreso, mientras los criterios de elegibilidad —nivel socioeconómico, rendimiento académico e instituciones— se detallarían en la reglamentación.

Si se aplica, Morales calcula que entre los 881,000 estudiantes en riesgo de abandonar su formación por falta de fondos, la deserción caería un 20%, pasando del 40% al 10%. Sin embargo, Jorge Mesinas, exdirector de Pronabec, advierte que el crédito estatal demandaría S/ 4,000 millones adicionales anuales al presupuesto sectorial.

Una puerta para banca y empresas

Foto: Cappes También considera necesaria una mayor participación de la banca, actualmente enfocada principalmente en créditos de posgrado. El Estado podría actuar como garante y asumir parte del riesgo, mientras las entidades financieras administrarían y cobrarían los préstamos. Otra vía sería incorporar directamente a las empresas. Estas podrían financiar los estudios de estudiantes que potencialmente se incorporen a sectores donde existe escasez de talento. Según ManpowerGroup, las mayores dificultades de contratación en Perú se concentran en ventas y marketing, front office, operaciones y logística, y manufactura y producción; mientras que las carreras más demandadas —en datos del MTPE— son: sistemas y cómputo; gestión y administración; construcción e ingeniería civil (en universidades) y mecánica, marketing y contabilidad (en institutos). Víctor Sierra, vicerrector administrativo y financiero de la Universidad Javeriana de Colombia, identifica cinco riesgos principales para este tipo de esquemas: garantías, plazo, tasa de interés, deserción y empleabilidad. «La propuesta consiste en determinar qué actor puede asumir cada uno de estos riesgos y qué incentivos puede recibir a cambio», señala. Como referencia, Sierra concluye que Colombia creó fondos de garantía para facilitar que universidades y entidades financieras otorguen préstamos a estudiantes que no cuentan con garantías tradicionales. Fernando Cuadros Concha x-twitter Periodista con más de 5 años de experiencia en la cobertura de coyuntura económica e informes especiales en prensa escrita y digital.

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