La Marina Nacional impulsará en abril de 2027 una campaña oceanográfica para instalar seis observadores de fondo marino, denominados OBS, a 140 kilómetros de la costa de Acajutla y entre 5 y 6 kilómetros de profundidad.
Debido a la falta de transmisión en tiempo real, las autoridades recuperarán los equipos tras un año de permanencia anclada en la zona de subducción entre las placas de Cocos y del Caribe, para examinar in situ la información acumulada. Esta iniciativa tecnológica busca profundizar el estudio de amenazas telúricas y maremotos mediante sensores submarinos, geófonos y fibra óptica frente al océano Pacífico.
Dicha red sumergida permitirá capturar datos inaccesibles para las estaciones terrestres tradicionales, fortaleciendo el conocimiento sobre los fenómenos tectónicos centroamericanos para prevenir desastres. Ante la expectativa del monitoreo marino, las autoridades académicas de la Universidad de El Salvador (UES), entidad que recibió la donación de un equipo tecnológico especial para investigar los sismos en el país —según fotografía de Alexander Montes— han precisado un punto fundamental: "Esta tecnología no permitirá predecir cuándo ocurrirá un terremoto, sino estudiar mejor los procesos que generan la actividad sísmica y aportar información para reducir riesgos".
Este innovador sistema también usará geófonos y tecnología de fibra óptica para mejorar el estudio de amenazas sísmicas y tsunamis.
Para detectar microterremotos desde 2027, El Salvador instalará sensores a 5 km bajo el mar. Estos dispositivos captarán eventos complejos, como el deslizamiento lento de la corteza en el punto de convergencia de las placas tectónicas. Miguel Hernández Martínez, coordinador de Ingeniería Geológica de la UES, detalló el procedimiento: "Mediante comandos acústicos, desactivaremos los anclajes de hierro; los sismómetros flotarán a la superficie".
El proyecto complementará su infraestructura con cuatro geófonos Atoms MCSEIS-AT y cuatro receptores GNSS para medir movimientos mínimos del terreno. Asimismo, la red integrará la tecnología Distributed Acoustic Sensing (DAS) sobre 52 kilómetros de fibra óptica de ETESAL. Un centro de cómputo de la Universidad de El Salvador procesará todos los registros con el fin de optimizar la evaluación de riesgos ante terremotos y tsunamis.
¿Qué es la brecha sísmica en El Salvador y quiénes la investigan?
El programa SATREPS une a la UES, la UNAM, la Universidad de Kioto, JICA y JST para fortalecer la prevención de desastres tectónicos. Esta alianza internacional busca transformar el conocimiento científico en soluciones concretas para la comunidad. Como enfatizó Hiromi Nai, representante de JICA, "la tecnología adquiere verdadero valor cuando es acompañada por investigadores, docentes y estudiantes capaces de utilizarla y convertirla en soluciones para la sociedad".
Los especialistas detectaron un silencio tectónico prolongado en la corteza del talud continental sobre la placa del Caribe. Aunque el área, conocida como brecha sísmica, exhibe rasgos geológicos similares a zonas dinámicas y registra baja densidad de epicentros, las autoridades aclaran que no sugiere un sismo devastador inminente. La acumulación de energía sí requiere monitoreo constante, pues la subducción de Cocos genera una exposición permanente a riesgos telúricos en El Salvador. Tras retirar los sismómetros submarinos OBS en 2028, los expertos combinarán datos marinos con estaciones terrestres para simular escenarios de tsunamis. Juan Rosa Quintanilla, rector de la UES, sintetizó el propósito central: “contribuir a salvar vidas”. Esta labor integrará información crítica para proteger al país centroamericano frente a amenazas naturales futuras y garantizar una respuesta más efectiva ante eventos sísmicos potenciales en la región.
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