Zelmira Beatriz, tras participar en el Encuentro Internacional sobre Audición y Lenguaje realizado en Montevideo por la Facultad de Psicología de la Universidad de la República, trae consigo una selección de textos que ahora compartimos: poesía, cuento, novela, crónica, ensayo y otros géneros.

Aunque estos autores y obras fueron obligatorios durante nuestra etapa secundaria, hoy han desaparecido de los programas escolares en nuestro país. Por ello, creo que vale la pena ofrecer este fresco recuento para reflexionar sobre la importancia de la literatura dentro de nuestro sistema educativo.

JOSÉ ENRIQUE RODÓ: “ARIEL”

Rodó integró la generación del 900, un grupo que contó con figuras destacadas como el narrador Horacio Quiroga; Julio Herrera y Reissig, poeta y militante de la misma escuela; las poetisas modernistas Delmira Agustini y Alfonsina Storni; además de María Eugenia Vaz Ferreira y Florencio Sánchez. Esta generación marcó un momento fundamental en la cultura uruguaya.

Con el paso del tiempo, “Ariel” se ha consolidado como la obra más leída y comentada de su producción literaria. Es el texto que lo identifica con un perfil de maestro al expresar la conciencia sobre el valor de su libro. Rodó lo definió en una emotiva carta dirigida a Antonio Rubio y Lluch como: «una “obra de acción y propaganda en favor de la intelectualidad y del arte, de acción, en favor de toda la idealidad generosa y también de la tradición y del porvenir de nuestra raza de América”». Así, la pieza trasciende el simple ejercicio estético para convertirse en un manifiesto cultural.

Leer estos clásicos hoy nos permite recuperar esa conexión con los ideales que impulsaron a una generación entera. La ausencia actual de estas obras en las aulas hace más urgente su difusión y estudio. A través de textos como este, buscamos reafirmar el papel central de la literatura en la formación integral de nuestros jóvenes.

Es fundamental recordar que la educación no solo transmite conocimientos técnicos, sino también valores y pensamiento crítico. La literatura clásica nos ofrece herramientas para comprender mejor nuestra identidad nacional y nuestro lugar en el mundo contemporáneo.

Ariel no es una simple obra literaria, sino un discurso académico que su autor bautizó como "oratoria sagrada", entendiendo así las palabras dirigidas a los jóvenes. Por ello, el célebre libro también puede considerarse ensayo o bien como "Sermón laico", otra forma válida de calificarlo.

HORACIO QUIROGA: CUENTOS

El narrador nació en Salto, el 31 de diciembre de 1878. Fue el cuarto hijo de Prudencio Quiroga con Juana Patrona Forteza. Tragedia temprana golpeó la familia: el padre murió el 14 de marzo del mismo año al disparársele la escopeta que había llevado a cazar al monte.

Ese mismo año, la madre y sus cuatro hijos viajaron a Córdoba (Argentina) para atender la salud de María, hermana de Horacio. A pesar de ello, atraído por la vida de la selva, él se interna en Misiones; sin embargo, por desentendimiento familiar su esposa regresa a Buenos Aires. Posteriormente se le diagnostica cáncer de próstata y, ante la gravedad de la enfermedad, toma una radical determinación: el 18 de febrero de 1937 sale a visitar a algunos amigos, compra cianuro y muere por envenenamiento al día siguiente.

En su producción destacan la novela "El desierto", "Cuentos de amor, de locura y de muerte", "Anaconda", "Cuentos de la selva", "El salvaje" y "Los desterrados".

Sobre este legado, según Lucrecia Martel, "Quiroga tiene la particularidad de escribir cosas muy realistas, pero con un componente afiebrado. Son historias físicas, de esas que uno les cuenta a los chicos medio para asustarlos. Es fascinante esa especie de atmósfera de fiebre constante en sus cuentos".

DELMIRA AGUSTINI: POESÍA COMPLETA

Nacida en Montevideo en 1886, Delmira Agustini ingresó al ejercicio poético a una edad temprana y logró un reconocimiento inmediato. Su carrera se consolidó con la publicación de tres libros que tuvieron rápida acogida: "El libro blanco" (1910), "Cantos de la mañana" (1910) y "Los cálices vacíos" (1913). Tradicionalmente vinculada al modernismo, su obra fue desgraciadamente truncada por un asesinato a manos de su exmarido, lo que interrumpió su fulgurante trayectoria.

A pesar de las tensiones propias del fin de siglo y la alborada del siguiente periodo, según Mirta Fernández dos Santos, la poetisa imprimió un nuevo aliento al Modernismo literario en una época de ocaso inminente para el movimiento. Asimismo, se convirtió en precursora de otras voces femeninas que tomaron su legado y estética para construir trayectorias descollantes. Admirada o cuestionada por igual, su figura trascendió las contradicciones de su tiempo.

La antología respectiva recopila no solo sus poemarios ya citados, sino también la sección "Los astros del abismo" (1924), poemas publicados en revistas entre 1902 y 1904, e incluso "Otros poemas" (1924). Estos textos complementan su producción literaria más conocida.

ALFONSINA STORNI: POESÍAS

Hija de migrantes, Alfonsina Storni nació el 29 de mayo de 1892 en un ambiente familiar marcado por una lucha constante por la vida. Creció y se desarrolló bajo la atmósfera del modernismo, corriente literaria fundada por el nicaragüense Rubén Darío y cuya figura más visible en el Perú fue José Santos Chocano. Esta influencia marcó profundamente su desarrollo artístico.

Su obra poética refleja esa herencia estética dentro de un contexto social difícil desde los inicios de su vida. A diferencia de Agustini, quien murió joven por violencia doméstica, Storni logró una longevidad mayor en el escenario cultural, aunque también enfrentó obstáculos personales. Falleció en 1938, dejando atrás una producción literaria que resonó con la sensibilidad de su generación y que hoy es estudiada como un pilar fundamental de la poesía latinoamericana moderna.

Nancy Fernández, biógrafa de Alfonsina Storni, destaca que la poeta transformó su labor periodística en un medio de vida, mientras dedicó su magisterio a garantizar una condición material digna. En la maternidad, selló un destino marcado por la búsqueda del amor pleno. Fernández sugiere que los signos del neorromanticismo, presente gran parte de su existencia, marcaron los límites entre experimentación y trascendencia. Quizá en esos desacordados preanuncios, reiterados en motivos marinos y soledad, podamos leer la captura más sensible del sentido implícito en el nombre de Alfonsina Storni.

Su obra literaria abarca diversos poemarios fundamentales: «La inquietud del rosal», «El dulce daño», «Irremediablemente», «Languidez», «Ocre», «Mundo de siete pozos», «Motivos de ciudad» y «Mascarilla y trébol». Estos títulos conforman la extensa producción que deja como legado una voz irrepetible en la literatura uruguaya.

Alfonsina Storni

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