¿Puede un sismo lejano "encender" la falla de San Andrés? Sí, pero no garantiza un gran terremoto
Sí es posible que un evento sísmico distante active temporalmente tramos de este sistema tectónico. Sin embargo, aclaran los expertos que este fenómeno no desencadena de manera inevitable un megaterremoto. La evidencia más contundente se registró tras el sismo de magnitud 9,0 en Tohoku, Japón, ocurrido durante el año 2011.
El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) confirmó que las vibraciones generadas a una distancia de 8.200 kilómetros provocaron ráfagas de temblor subterráneo en Parkfield, California. Específicamente, los sismos ocurrieron a profundidades situadas entre los 20 y los 30 kilómetros.
Este mecanismo responde a lo que los investigadores denominan "activación dinámica", un proceso donde la energía que cruza nuestro planeta modifica el estado de las zonas bajo tensión tectónica. Científicos que analizaron eventos de magnitud 7,5 o superior confirmaron la presencia de este comportamiento inducido en la región central del estado.
El fenómeno ocurre mediante ondas telúricas que viajan por el globo terráqueo e introducen esfuerzos dinámicos transitorios al alcanzar zonas geológicamente activas. Esas perturbaciones comprimen, estiran o desplazan la corteza terrestre durante un breve lapso, facilitando así el deslizamiento en fracturas sometidas a presión previa.
Respecto a la fractura californiana, los científicos identificaron que las ondas S, Love y Rayleigh impulsaron diferentes pulsos de actividad sísmica. Un estudio revela que estas influencias introducen el concepto del "vaso casi lleno", donde pequeñas perturbaciones pueden tener grandes efectos en la resistencia final de la falla.
Finalmente, investigaciones del USGS documentan episodios de "temblor profundo" en Parkfield exactamente al momento en que arriban las ondas de megaterremotos remotos, demostrando que la falla de San Andrés registra alteraciones provocadas por sismos ocurridos a miles de kilómetros.
Taka'aki Taira, investigador que lideró un análisis publicado en la revista Nature, demostró cómo los líquidos atrapados en las profundidades de la tierra influyen en este "encendido" remoto. Su estudio determinó que grandes eventos lejanos causan variaciones en la resistencia de la falla y mostró pruebas coincidentes con una "migración de fluidos inducida por variaciones del esfuerzo". En consecuencia, este impacto actúa como un impulso pasajero sobre un sistema en tensión, en lugar de una transferencia directa de energía destructiva.
Diversos registros científicos confirman la vulnerabilidad de la falla de San Andrés ante sismos lejanos tras el megaterremoto de Sumatra-Andamán de magnitud 9,1 en 2004. Dos décadas de observaciones en Parkfield revelaron alteración en la estructura geológica. Al respecto, Taira y su equipo concluyeron que cataclismos de tal magnitud poseen una influencia global sobre la resistencia de los sistemas tectónicos terrestres.
Otros sismos también impactaron la región: el evento de Maule (Chile) de magnitud 8,8 en 2010 y el de South Napa de magnitud 6,0. Investigadores del USGS detectaron pulso de temblores en la franja Parkfield-Cholame compatibles con un esfuerzo crítico. Horas después del impacto en Napa, inició una intensa reactivación sísmica en Cholame, cuyo retorno a la calma tardó más de tres semanas.
Este fenómeno sustenta la analogía del "vaso casi lleno": ondas distantes aportan una leve perturbación, pero una fractura al límite de su capacidad reacciona con severidad. No obstante, estos hallazgos descartan pronosticar el "Big One" o anticipar la fecha de una ruptura definitiva, pues la transición hacia un desastre mayor exige factores geológicos adicionales.
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