Tensiones sísmicas en Perú

La amenaza sísmica en nuestro territorio permanece activa debido a la continua interacción entre las placas tectónicas Nazca y Sudamericana. Un sismo de magnitud 7,2, ocurrido la tarde del jueves 20 de agosto en Ayacucho, no disminuye este riesgo latente. Este movimiento telúrico sacudió también a otras regiones, incluyendo Lima. El Instituto Geofísico del Perú (IGP) ubicó el epicentro a 35 kilómetros al norte de Coracora, en Parinacochas, con una profundidad focal de 108 kilómetros y una intensidad de III-IV grados en las zonas adyacentes.

Dados los alcances del evento y la magnitud registrada, se han reabierto interrogantes sobre el comportamiento sísmico del país. La duda central es si este sismo aislado podría predecir movimientos futuros o modificar el riesgo en otras zonas. Ante esto, los científicos responden que No. No existe sustento para afirmar que un evento de estas características anuncie la proximidad de otro gran sismo en Perú, pues un suceso aislado no permite certeza predictiva.

El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) aclara que, a nivel mundial, la probabilidad de que un terremoto sea seguido por otro más grande en sus cercanías durante la semana posterior ronda el 5 %. Esta cifra estadística global descarta cualquier pronóstico específico para nuestro territorio. Mientras tanto, las autoridades evalúan los daños generados por la sacudida.

El reciente terremoto en Ayacucho llegó a sentirse en Ica, el norte de Arequipa, Abancay y Lima. Foto: IGP

La onda expansiva del sismo de 7,2 que sacudió Ayacucho se hizo notar hasta en Ica, el norte arequipeño, Abancay y la capital limeña. Sin embargo, aunque un impacto masivo pueda alterar el entorno sísmico mediante la transferencia dinámica de esfuerzos —donde las ondas favorecen fallas en zonas vulnerables— esto no permite predecir lugar, fecha ni fuerza del siguiente temblor. El USGS advierte que la energía transportada por estas ondas sísmicas puede impulsar una nueva ruptura en áreas ya críticas, pero sin dar pistas sobre cuándo ocurrirá.

Cualquier calificación de sismo precursor solo se hace retrospectivamente si sucede un evento mayor dentro de la misma secuencia. En la mayoría de los casos, las réplicas resultan de menor intensidad; por ello, el temblor de Ayacucho constituye un fenómeno bajo estricta vigilancia que no debe presentarse científicamente como advertencia de desastre. Ahora bien, ¿sirve este evento para liberar energía y evitar uno mayor? La respuesta es negativa según Hernando Tavera, presidente ejecutivo del IGP.

"El sismo de Ayacucho tiene su epicentro en el continente, a una profundidad de 108 kilómetros, y el que todos conocemos, que puede ocurrir en cualquier momento [...], tendría su epicentro en el mar, en el océano. Son procesos completamente diferentes", explica Tavera. El peligro en el margen costero obedece al constante roce entre las placas tectónicas de Nazca y Sudamericana. Tras analizar un temblor previo de 6.1 frente al Callao, ocurrido en junio de 2025, el IGP constató que ese tipo de fracturas aisladas no atenúa la tensión guardada en la zona de acoplamiento.

Como el tamaño de la ruptura determina la fuerza del evento, los remezones no eliminan el riesgo latente de un megaterremoto en la región central del país. Por tanto, el temblor de Ayacucho no reduce la carga acumulada frente al litoral peruano y la amenaza sísmica costera persiste intacta. La ciencia sigue monitoreando con atención los movimientos subsuelo, pero hasta ahora ninguna señal indica que este sismo haya mitigado la tensión que podría desencadenar un gran evento en el futuro cercano.

¿Por qué Perú seguirá expuesto a grandes terremotos?

La amenaza sísmica en el país se mantiene por la fricción constante entre la placa de Nazca y la Sudamericana. Este proceso tectónico genera zonas con alto acoplamiento que almacenan energía durante extensos períodos. Según investigaciones del IGP, respaldadas por monitoreo satelital GPS, los sectores con mayor deformación acumulada se localizan frente a Lima y Callao, Ica-Arequipa y Moquegua-Tacna. Estos puntos son propensos a registrar rupturas violentas.

En el caso del área metropolitana de la capital, los científicos detectaron un bloque atascado de 460 por 150 kilómetros. Los análisis proyectan como escenario de peligro la posibilidad de un terremoto del orden de magnitud 8,8. Ese evento eventual no tiene una fecha prevista ni se vincula directamente al sismo profundo acontecido en Ayacucho. El riesgo responde a la dinámica tectónica de largo plazo y no a la ocurrencia de un único sismo.

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