Ganadora del Midori Prize for Biodiversity 2024, la ingeniera química Ysabel Calderón expuso los resultados de su empresa Sumak Kawsay en Brasilia el pasado 19 y 20 de agosto de 2026. La conservación de polinizadores, vitales para más del 75 % de los cultivos globales, demanda acciones concretas que garanticen condiciones económicas viables a los agricultores, y no solo sensibilización comunitaria.
Bajo esta premisa, Calderón canalizó parte de su premio internacional al lanzamiento del programa «Guardianas de las Abejas Nativas», iniciativa diseñada para empoderar a 60 mujeres campesinas e indígenas quechuahablantes. Estas participantes, mayoritariamente entre los 30 y 65 años de edad, provienen de siete caseríos en el distrito de Salas, Lambayeque.
El proyecto «Guardianas» enfrentó un choque frontal contra el machismo estructural de la zona, donde históricamente las mujeres carecen de voz en asambleas comunitarias. Durante las primeras capacitaciones, los esposos acudían a vigilar a sus parejas y se negaban a dejarlas solas, situación que obligó a algunas pobladoras a abandonar por completo la iniciativa ante la presión conyugal.
Mientras tanto, en otras regiones del país, la cooperativa Bioamaz ejecuta proyectos similares para generar ingresos sostenibles. La organización trabaja con 500 familias de aproximadamente 60 comunidades ubicadas en Loreto y San Martín mediante un proyecto orientado a conservar especies nativas.
Meliponicultura y construcción de un corredor biológico
Frente a amenazas críticas como la deforestación, el uso intensivo de pesticidas y la expansión de monocultivos de caña de azúcar y café, las mujeres han sido capacitadas para manejar abejas nativas sin aguijón. La iniciativa trabaja con dos especies en cajas tecnificadas: una del género Plebeia, adaptada al bosque seco, y otra para el clima frío de las montañas. En todas las fases se prohíbe la alimentación artificial y solo se cosecha la miel necesaria.
El proyecto se sustenta en cuatro pilares: conservación, investigación, restauración de hábitats e ingresos justos a través de la comercialización de miel medicinal y panela artesanal. Las guardianas ya identifican empíricamente las flores que visitan los polinizadores. Además, recolectan semillas nativas con mochilas y frascos especiales para preparar almácigos en viveros locales. El objetivo ecológico central es reforestar áreas degradadas de la comunidad.
Con estas acciones buscan conformar un gran corredor biológico continuo que conecte ecosistemas clave. Esta ruta iniciaría en el bosque seco, a unos 400 metros sobre el nivel del mar, y ascendería progresivamente hasta superar los 1800 metros de altitud en las montañas. Así se garantiza la movilidad de especies y la resiliencia territorial frente al cambio climático.
El impacto de El Niño y el alto costo de la ciencia local
Calderón, ingeniera especialista en el tema, advirtió que los grandes fondos climáticos suelen canalizarse exclusivamente hacia la Amazonía. Esta tendencia ignora la interconexión de los ecosistemas y omite un hecho crucial: las lluvias selváticas dependen directamente de la salud de las zonas montañosas. De este modo, la experta denunció con firmeza la invisibilización sistemática que sufren las poblaciones del bosque seco y las montañas por parte de la cooperación internacional.
No obstante, los factores climáticos han impactado de manera directa la rentabilidad proyectada del programa para este año. La anomalía del fenómeno de El Niño ha generado lloviznas cortas en el territorio que lavan el néctar de las flores y provocan el desprendimiento prematuro de los frutos. Ante esta pérdida, las mujeres deberán aguardar a la segunda temporada de floración, prevista entre septiembre y octubre, para intentar reactivar su producción. Esto obligó a suspender la primera cosecha de miel que estaba programada originalmente para el mes de julio.
A estas inclemencias meteorológicas se suma una grave barrera económica para generar investigación rigurosa, un problema que la expositora resumió bajo la premisa de que «sin ciencia restauramos a ciegas». En el Perú resulta excesivamente caro ejecutar estudios especializados de melisopalinología o palinología. Estos análisis clínicos son indispensables para identificar científicamente los granos de polen presentes en la miel y conocer sus propiedades fisicoquímicas exactas. Además, permiten garantizar que las especies de flora seleccionadas para la reforestación sean las correctas.
Fundadora de Sumak Kawsay, ante el auditorio, sentenció: «No podemos pedirle a una comunidad que conserve lo que el sistema económico le exige destruir». Esta frase denuncia la desconexión financiera que acelera la destrucción de la biodiversidad local. Los créditos disponibles exigen requisitos inalcanzables para emprendimientos comunitarios, como tener un mínimo de cincuenta empleados en planilla. Al carecer de alternativas viables y de tierras extensas —las comunidades campesinas apenas asignan parcelas minúsculas para viviendas—, los pobladores recurren a la tala para asegurar su supervivencia. Como consecuencia directa, los comuneros terminan derribando algarrobos centenarios. Estos árboles sirven como lugar de anidación para las abejas nativas.
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