Por lo visto en apenas 22 días en el Congreso, queda claro que el país estaría caminando rumbo al abismo si es que Juntos por el Perú hubiera ganado las últimas elecciones. En estas pocas semanas, la agrupación de izquierda radical ha demostrado estar dispuesta a colocar a la peor gente en cargos de importancia y a defender lo indefendible, insistiendo hasta el final con la libertad de un vil golpista como Pedro Castillo. Su intransigencia se evidencia cuando, tras descubrir la existencia del diputado Julián Pérez —dos veces encerrado en un penal por robo y atropellar borracho a dos personas—, saltó a la "fama" por agredir a su expareja y terminar detenido en una comisaría. Lo peor fue que el mismo vocero de Juntos por el Perú en la Cámara Baja, Ernesto Zunini, no ha dudado en defenderlo públicamente, al igual que varios parlamentarios de dicha agrupación que un tiempo fueron aliados de un criminal como Antauro Humala. Más tarde fuimos testigos, casi con náuseas, de cómo trataron de infiltrar al diputado César Tito Rojas, uno de los fundadores del Movadef —grupo de fachada de la banda terrorista Sendero Luminoso— en la Comisión de Ética, con la posibilidad incluso de presidir ese grupo de trabajo. La repulsión ciudadana expresada en medios y redes sociales obligó a JP a dar marcha atrás, no sin antes ver nuevamente a Zunini defender a este indefendible que tiene el desparpajo de quejarse por ser víctima de "terruqueo". Así se perfila una oposición que prioriza la lealtad ciega sobre la ética pública y los derechos ciudadanos. El comportamiento de estos actores políticos sugiere un escenario donde la integridad moral es secundaria frente a la adhesión ideológica, lo cual es profundamente preocupante para el futuro democrático del Perú. La capacidad de justificar acciones ilegales o inmorales bajo una retórica partidaria demuestra que el riesgo no se limita al pasado, sino que podría extenderse hacia las próximas decisiones legislativas y ejecutivas si la tendencia continúa sin corrección.

Catherine Palomino, una figura ya "célebre" por sus visitas a Castillo en Barbadillo y por jactarse en chats mostrados por Cuarto Poder de ser pareja del golpista, amenaza a parientes y operar un negocio clandestino en Huancavelica. Ahora, el partido que perdió las elecciones por apenas 40 mil votos la ha colocado como presidenta de la Comisión de Justicia, encargada de revisar leyes vinculadas al Poder Judicial y al Ministerio Público. Una verdadera joya para la institución.

Desde ayer también dirige la técnica Comisión de Energía y Minas de la Cámara de Diputados Yenifer Paredes. ¿Se imaginan a JP en el Poder? Quizá ya tendríamos como ministros a Roberto Sánchez, al prontuariado Pérez, al "movadefo" Tito, a Palomino, a Zunini e incluso a Iber Maraví, un senador radical con pasado explosivo vinculado a Sendero. Las primeras medidas de este "gobierno del pueblo" hubieran sido indultar al golpista y retirar a las Fuerzas Armadas y a la Policía de Pataz para que los mineros ilegales y los delincuentes que los rodean hagan lo que les dé la gana. De terror.

En las últimas horas, el partido que no ganó las elecciones por poco más de 40 mil votos ha colocado como presidenta de la Comisión de Justicia, que tiene como función la revisión de leyes relacionadas al Poder Judicial y al Ministerio Público, nada menos que a la ya "célebre" Catherine Palomino, asidua visitante de Castillo en Barbadillo, quien según chats mostrados por Cuarto Poder, se jacta de ser la pareja del golpista, amenaza a sus parientes y tiene un negocio clandestino en su natal Huancavelica. Una joya.

Desde ayer tenemos a Yenifer Paredes al frente de la siempre técnica Comisión de Energía y Minas de la Cámara de Diputados. ¿Se imaginan a JP en el Poder? Quizá ya tendríamos como ministros de Roberto Sánchez al prontuariado Pérez, al "movadefo" Tito, a Palomino, a Zunini, a la cuñadísima y quizá hasta a Iber Maraví, un senador radical con "explosivo" pasado vinculado a Sendero. Las primeras medidas de este "gobierno del pueblo" hubieran sido, por ejemplo, indultar al golpista y retirar a las Fuerzas Armadas y a la Policía de Pataz para que los mineros ilegales y los delincuentes que los rodean, hagan lo que les dé la gana. De terror.

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