El sur de Lima se sumió en el caos luego de unas horas de lluvias. Pero eso no fue todo, la DANA Aníbal generó precipitaciones extraordinarias y destrucción también en Arequipa, Tacna, Moquegua e Ica. Si unas horas de temporal generaron angustia y terror entre la población, imagínese un fenómeno natural por meses, como El Niño.
No hay tiempo para lamentos ni para buscar culpables cuando llegue la emergencia. Tampoco podemos esperar que las lluvias comiencen para recién descubrir que faltan equipos, protocolos o capacidad de respuesta. Las autoridades nacionales, regionales y locales tienen que coordinar de inmediato. Hay que identificar las zonas de mayor riesgo, limpiar y reforzar cauces, revisar sistemas de drenaje, garantizar maquinaria disponible, preparar albergues y rutas de evacuación y asegurar que hospitales, colegios y servicios esenciales tengan planes de contingencia.
Pero también corresponde a la ciudadanía asumir su responsabilidad. No podemos esperar que todo lo haga el Estado. Las familias que viven en zonas vulnerables deben conocer los riesgos y saber cómo actuar ante una emergencia. La prevención también comienza en casa.
El Niño ya nos respira en la nuca. Si no pudimos prevenir todo lo que debíamos, todavía podemos prepararnos mejor. Y esa debe ser la prioridad inmediata. Porque ante un fenómeno natural no podemos controlar la fuerza de la naturaleza, pero sí podemos decidir cuánto daño estamos dispuestos a permitir que cause. El momento de reaccionar es ahora, antes de que las primeras lluvias conviertan la advertencia en una tragedia.
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