Aunque se espera un repunte del mercado, el panorama para los organizadores de bodas y fiestas infantiles sigue siendo incierto. La demanda comenzaría a rotar en 2022 con un crecimiento de casi el 40%, impulsada por quienes postergaron sus celebraciones durante dos años previos. Sin embargo, Lynda Lamadrid, vocera de la Cámara de Profesionales de Eventos (Capev), advierte que «les tendríamos que decir que no si no se levantan las restricciones». El obstáculo principal es que el sector de eventos sociales y deportivos carece de un protocolo sanitario aprobado oficialmente. Aunque existe una norma aprobada por el Ministerio de la Producción, el Ministerio de Salud aún no le da su visto bueno. De este modo, separar un local abierto para estos eventos «oficialmente, no está autorizado», limitando así la reactivación completa.

Esta situación generó una sorpresa en Lamadrid cuando el presidente Pedro Castillo organizó una fiesta infantil con show incluido a su hija menor en Palacio de Gobierno. La vocera explicó que la norma vigente solo aprueba eventos corporativos, mientras que los sociales permanecen prohibidos pese al protocolo listo desde hace casi dos años del inicio de la pandemia.

Las consecuencias humanas y económicas han sido graves. Según testimonio de Lamadrid, floristas reconocidas y dueñas de catering fallecieron de COVID-19 sin ver reactivarse sus negocios. Esta realidad afectó a los 220,000 eventistas que operaban en el Perú a inicios de la crisis: desde wedding planners hasta decoradores, tolderos, sonidistas y mozos.

Como resultado, al menos el 50% de los asociados se vio forzado a buscar otras fuentes temporales de ingresos para subsistir. En tanto que otro porcentaje pequeño continúa ofreciendo servicios, lo hace «casi en la informalidad». A pesar del potencial crecimiento del 2022, la falta de un marco normativo claro sigue siendo el freno principal para que este sector pueda operar con normalidad y seguridad.

«Demanda del servicio hay, recibimos siempre llamadas, pero sin reglas de juego claras en muchas ocasiones debemos declinar. En otras, se les explica a la pareja que se puede organizar el evento pero sin pista de baile, sin show. Y otros, tratan de implementar sus propios protocolos para que el negocio no muera. Así estamos. Vemos que todos se reactivan pero nosotros somos los olvidados», refirió.

De ocurrir el escenario pesimista, las pérdidas aumentarían a más de S/ 2,000 millones, principalmente por las postergaciones de los matrimonios que son el evento social que más dinero mueve, seguido de fiestas de cumpleaños. Cabe indicar que de las 100,000 bodas proyectadas, las denominadas bodas destino representaban un 30%, es decir, aquellas parejas conformadas por algún extranjero que optaba por casarse en Perú, o cuando la boda se trasladaba de una región a Lima o viceversa.

Sin embargo, el próximo año ese ticket disminuiría "porque, en el caso de los novios, optarían por celebraciones no tan pomposas", una salida frente a los menores ingresos de la pareja. Y es que el ticket para una boda en Perú, para un promedio de 100 invitados, podía oscilar entre los S/ 35,000 y S/ 150,000 en las denominadas boda sencilla, tradicional o premium.

Una boda fastuosa, en cambio, podía cotizarse en más de US$ 300,000. Fuente: Capev

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