Washington, mediante una operación sigilosa, ha logrado establecer un corredor marítimo secreto para el traslado de millones de barriles de petróleo diarios hacia los mercados internacionales. Esta ruta oculta, ubicada en Omán y vigilada por militares estadounidenses en barcos que eluden la vigilancia iraní, fue revelada este miércoles por el medio Axios.
La maniobra logística, que lleva semanas en marcha bajo estricto sigilo, busca mitigar las interrupciones globales derivadas del conflicto con Irán y estabilizar los precios del crudo disparados por la inestabilidad regional. El dispositivo permite que entre 15 y 20 petroleros transiten cada noche por un canal situado al sur, pegado a la costa de Omán, facilitando el transporte de unos 10 millones de barriles diarios.
Aunque esta cifra representa aproximadamente la mitad del volumen previo a la guerra, en jornadas recientes el flujo ha alcanzado picos de hasta 20 millones. El operativo no solo protege la salida del crudo, sino que también asiste a buques vacíos que cruzan desde el Mar Arábigo hacia el Golfo Pérsico para recoger combustible en puertos de socios estratégicos como Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Kuwait.
"Hemos estado controlando el carril sur del Estrecho de Ormuz durante dos meses. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica puede ser una molestia, pero ellos no controlan el estrecho. Nosotros sí", declaró a Axios un oficial estadounidense con conocimiento directo del asunto.
Con esta exclusiva, Axios pone en evidencia cómo Estados Unidos ha desafiado la capacidad de vigilancia de Teherán para garantizar que las rutas energéticas críticas no se cierren por completo. La operación demuestra que, a pesar de las amenazas y el bloqueo naval iraní, Washington mantiene una presencia decisiva en uno de los puntos más sensibles del comercio mundial.
El presidente Donald Trump confirmó a Axios el miércoles que "hay una tremenda cantidad de petróleo saliendo del Estrecho de Ormuz". Esta operación, detallada por el medio estadounidense, se sustenta en una campaña militar previa de dos semanas liderada por el Mando Central de EE.UU., la cual logró degradar significativamente los radares y los sistemas de vigilancia marítima de Irán. Actualmente, la capacidad de monitoreo de Teherán se encuentra limitada a unos pocos radares reconstruidos y al uso de lanchas rápidas de la Guardia Revolucionaria que actúan como observadores. Esta situación de "ceguera" parcial ha llevado a las fuerzas iraníes a lanzar ataques en direcciones generales hacia las rutas de navegación, muchos de los cuales han sido neutralizados por las fuerzas estadounidenses, incluyendo el derribo de ocho drones y dos misiles de crucero en una sola noche. Para garantizar la seguridad de los convoyes, aviones de combate de la Fuerza Aérea patrullan el espacio aéreo con la misión de interceptar posibles ataques de drones o misiles de crucero. La dirección de esta fuerza de tarea se centraliza en la sede de la 82.ª División Aerotransportada en Fort Bragg, Carolina del Norte, desde donde se coordinan las listas diarias de buques con los socios del Golfo. El medio estadounidense indica que la viabilidad de este corredor secreto fue posible gracias a una campaña militar previa de dos semanas liderada por el Mando Central de EE.UU., la cual logró degradar significativamente los radares y los sistemas de vigilancia marítima de Irán. El movimiento de las embarcaciones se organiza en ventanas horarias estrictas para entradas y salidas, estableciendo puntos de control donde los capitanes deben reportar su posición, señala el informe. Este operativo implica una coordinación logística precisa que permite el tránsito seguro a través de uno de los pasos más críticos del mundo energético global. La estrategia combina la superioridad aérea con un control marítimo riguroso para mitigar las amenazas asimétricas que representan los drones y misiles iraníes en la zona. La reducción efectiva de la vigilancia local ha forzado a Teherán a depender de sensores obsoletos, lo que facilita la planificación de rutas por parte de los aliados estadounidenses. Cada paso de este corredor está monitoreado desde Fort Bragg, asegurando que cualquier anomalía sea detectada y respondida en tiempo real. La eficiencia del sistema reside en la capacidad de anticipar movimientos hostiles antes de que se materialicen en el área de operaciones, manteniendo así abiertas las vías de suministro vitales para la economía mundial.Al respecto, el presidente Trump le dijo a Axios que "a los iraníes todavía les queda algo de lucha, pero en general son una sombra de lo que fueron".
"Están perdiendo el tiempo. Es una pérdida de tiempo negociar con ellos", añadió Trump sobre el régimen de Teherán.
Tensión política y control estratégico
El éxito de esta operación sigilosa coincide con un endurecimiento de la postura de la Casa Blanca, que ha llegado a sugerir la posibilidad de incorporar el estrecho como territorio tras una eventual derrota de Irán.
Las negociaciones entre ambas naciones se mantienen estancadas tras el vencimiento del plazo de 60 días pactado para un cese de operaciones militares, lo que ha convertido a esta vía marítima en el foco principal de la tensión bélica.
Washington asegura tener ahora el control total de la zona, afirmando que ningún buque atraviesa la estratégica ruta sin su previa autorización.
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