por Paloma Verano
Los casos de dengue aumentaron 41% a nivel nacional y la costa norte concentra el mayor incremento, según cifras del Minsa. Con temperaturas récord para julio y agosto, la enfermedad está en ascenso justo cuando históricamente debería descender, advierte el epidemiólogo e investigador Willy Lescano.
El aumento de los casos de dengue en el Perú ocurre bajo condiciones climáticas que preocupan a los especialistas. El país ya ha comenzado a superar los casos acumulados de 2025 y las proyecciones para los próximos meses son alarmantes, afirmó el epidemiólogo e investigador Dr. Willy Lescano en RPP.
"En términos climáticos, el escenario es muy problemático, similar o peor al 2023 (...) Tenemos un escenario climático muy complejo delante de nosotros, con meses de temperaturas altas, mucho más que en otros años. Entonces, es un escenario de alto riesgo", advirtió el también profesor asociado de la Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH).
Lescano explicó que los casos deben analizarse según la región. La costa norte ya muestra un comportamiento llamativo: los contagios están aumentando en una época en la que normalmente la transmisión era menor y el incremento solía registrarse hacia los primeros meses del año.
"En la costa norte actualmente ya hay un pico y tenemos una temperatura altísima para julio y agosto. Son condiciones ideales para que haya un año de muy alta transmisión por las temperaturas", indicó.
El escenario es distinto en la Amazonía, donde el dengue suele alcanzar su mayor transmisión hacia el final del año debido a su régimen de lluvias. Por ello, Lescano considera necesario observar ambos territorios por separado y determinar si la Amazonía también comienza a registrar un incremento temprano.
"Hay que mirar más la costa norte y mirar separadamente la zona de la Amazonía que tiene otro ciclo", sostiene el experto, quien recalca la necesidad de monitorear estas dinámicas regionales para anticiparse a una posible nueva ola epidémica en los meses venideros.
El criadero de dengue no está afuera, está en casa
Lescano corrigió una idea muy extendida sobre el vector Aedes aegypti. El especialista aclaró que el agua donde deposita sus huevos no es la de los charcos ni la que se empoza en las calles —esa corresponde al vector de la malaria—, sino la que las propias familias almacenan para su consumo cuando no cuentan con agua potable las 24 horas: tanques, bidones y baldes. "También se reproduce en floreros, en las botellas que se dejan en los cementerios y en llanterías donde el agua se acumula. Por eso la prevención pasa por eliminar esos criaderos ahora, cuando los casos todavía no son altos, para evitar que la curva se dispare más adelante", precisó.
Lescano recuerda que el ciclón Yaku, en 2023, estuvo fuertemente asociado al incremento de casos, en línea con estudios desarrollados junto al equipo de la Universidad de Stanford. Las altas temperaturas y las lluvias arman el escenario; por ejemplo, un coco vacío, una botella o una llanta bastan para formar pequeños criaderos. Aquel brote de 2023 fue el más grave de la región en toda América Latina, señaló.
Prevenir hoy para no colapsar mañana
El epidemiólogo planteó que la respuesta debe avanzar en dos frentes: reducir la mortalidad y disminuir la transmisión. Para esto último, consideró prioritario trabajar desde ahora con las comunidades en la eliminación y manejo adecuado de recipientes donde pueda reproducirse el mosquito Aedes aegypti. "No podemos solo enfocarnos en la mortalidad que podríamos evitar más adelante, tenemos que tratar de reducir la transmisión también", afirmó.
Ante un eventual incremento de contagios, el investigador consideró que la respuesta debe concentrarse únicamente en contar con medicamentos. Para reducir la mortalidad también será necesario disponer de personal entrenado, espacios para atender a los pacientes y capacidad para monitorear y tratar los casos graves. "Sabemos que los casos se van a incrementar y hay que evitar que esos casos mueran", sostuvo Lescano. Para ello, dijo, es fundamental que lleguen oportunamente los implementos y medicamentos, pero también contar con una logística que permita atender un mayor volumen de pacientes.
En esa línea recordó que el dengue puede agravarse con rapidez: un paciente estable puede deteriorarse en pocas horas, por lo que se requieren observación, seguimiento y capacidad hospitalaria para los casos graves. La fumigación, precisa el epidemiólogo, es un recurso para cuando los casos ya están muy altos, no la primera línea. "Lo central es el manejo ambiental de los recipientes de agua y la comunicación con una población que está aburrida después de 30 años de tener dengue y tener que seguir haciendo lo mismo tanto tiempo", añadió.
La Interoceánica y las nuevas rutas para el dengue
Una investigación desarrollada por el Dr. Willy Lescano, PhD en epidemiología global y control de enfermedades de la Escuela Bloomberg de Salud Pública de la Universidad Johns Hopkins, junto con investigadores de la Universidad de Stanford, encontró que la pavimentación de la carretera interoceánica entre Brasil y Perú podría ser la causa de un incremento del 403% en los casos de esta enfermedad en comunidades cercanas.
El estudio partió de una investigación previa que ya recogía esa percepción entre los pobladores, y tomó fuerza cuando la investigadora principal, Alice Singleton, recorrió la zona y notó que reunía las condiciones ecológicas para ponerlo a prueba. La lógica de fondo, explica Lescano, no es nueva: "Las carreteras históricamente mueven personas, y mueven personas sanas y también pueden mover personas con enfermedad".
A partir de ahí, se identificaron tres mecanismos. El primero, y probablemente el más importante, es el movimiento de personas: "Los humanos pueden moverse miles de kilómetros en un día y traer enfermedades en mucha mayor cantidad", de modo que la llegada de alguien infectado a una comunidad sin dengue previo abre nuevas oportunidades de transmisión.
El segundo es el desplazamiento del propio mosquito, que viaja atrapado en vehículos o en los huevos pegados a recipientes con agua: "Se ha visto que eso ocurre hasta en botes en la Amazonía peruana", apunta. Y el tercero es el cambio en el uso del suelo que trae la vía: "Se urbanizan más las zonas, se ponen más zonas agrícolas y generan espacios donde le dan más oportunidades al mosquito para expandirse". Estos mecanismos, aclara el investigador, fueron explorados en el estudio, aunque no eran su foco central.
Lescano concluye su estudio señalando que “las carreteras las vamos a necesitar, sólo tenemos que estar pendientes de los riesgos y evaluarlos para después incorporarlos en los costos de las acciones y las decisiones. Y así poder responder a los impactos que puedan tener”.
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