La cartera de proyectos abarca 19 departamentos, pero la ejecución efectiva continúa dependiendo de la ubicación de las grandes operaciones.

El Ministerio de Energía y Minas (Minem) confirmó que la inversión minera en Perú alcanzó los US$3.304 millones entre enero y junio de 2026. Este monto representa un aumento del 42,7% frente al mismo periodo del año pasado. Sin embargo, el repunte no responde únicamente a nuevos yacimientos; una parte importante de los desembolsos está relacionada con infraestructura, ampliaciones y preparación de nuevas áreas en operaciones que ya están en marcha.

Solo en junio se ejecutaron US$662 millones, el monto mensual más alto del año y 39,1% superior al registrado en junio de 2025. Frente a mayo, el incremento fue de 10,6%. Los mayores avances interanuales se produjeron en Desarrollo y Preparación, con 113,5%; Infraestructura, con 84,9%; y Otros, con 76,6%. También aumentaron Planta de Beneficio (11,4%) y Exploración (2,8%). Este crecimiento es impulsado principalmente por la infraestructura y el desarrollo operativo.

La composición del crecimiento es relevante porque muestra que el mayor gasto no necesariamente significa que nuevas minas estén entrando inmediatamente en producción. Parte del dinero se dirige a sostener o ampliar unidades existentes, una dinámica que permite mantener capacidad productiva mientras los proyectos de mayor escala atraviesan sus distintas etapas de evaluación, permisos y construcción.

El Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) ya había registrado este cambio de ritmo durante el primer trimestre. Entre enero y marzo, la inversión minera llegó a US$1.500 millones, una cifra que superó en US$456 millones al mismo periodo de 2025. En ese momento inicial, las empresas Southern Peru, Shougang, Las Bambas y Antamina concentraron los mayores desembolsos.

A pesar de estos avances locales, el país mantiene una cartera total de 66 proyectos por más de US$64.000 millones, demostrando que la actividad sigue postergada en ciertos frentes debido a trabas regulatorias y logísticas.

El dinero se concentra en pocas compañías

La edición 2026 del Minem contempla 66 proyectos distribuidos en 19 departamentos, con una inversión conjunta estimada en US$64.075 millones. Sin embargo, es crucial aclarar que ese monto corresponde a una cartera de iniciativas en diferentes etapas, no a dinero que esté siendo ejecutado actualmente. El otro dato que permite poner el resultado en contexto es precisamente esta cartera de proyectos.

El ranking empresarial del primer semestre vuelve a mostrar una alta concentración de la inversión en grandes operaciones mineras, lo que significa que una parte considerable del crecimiento registrado depende de decisiones tomadas por un grupo reducido de empresas. Por ello, el aumento de la cifra agregada no debería confundirse automáticamente con una expansión generalizada de toda la actividad.

Southern Peru Copper Corporation lidera la lista en primer lugar, impulsada por desembolsos en la acumulación Toquepala 1 y la planta de beneficio Concentradora de Botiflaca. Además, la compañía ha invertido en infraestructura, desarrollo, preparación y equipamiento.

En segundo lugar figura Shougang Hierro Perú, cuya inversión creció 135,4% interanual. Este incremento se debe principalmente a mayores desembolsos en la planta de beneficio Acumulación San Nicolás y en la unidad económica administrativa CPS 1.

Minera Las Bambas ocupa el tercer puesto con inversiones vinculadas a sus unidades Ferrobamba y Chalcobamba. El caso resulta especialmente relevante por el tamaño de los desembolsos que requiere mantener y ampliar una operación de esta escala.

La concentración no es un fenómeno nuevo. Al cierre del primer trimestre, Southern había invertido US$188 millones, Shougang US$153 millones y Las Bambas US$144 millones. En conjunto con Antamina, las cuatro compañías explicaban 40% de la inversión minera ejecutada en ese periodo.

Esto implica que el dinamismo actual se sustenta mayoritariamente en el esfuerzo de estas pocas gigantes del sector, dejando de lado a una industria más amplia.

La diferencia es sustancial entre una propuesta en cartera y una operación que ya produce. Los proyectos deben atravesar exploración, estudios de factibilidad, evaluación ambiental, permisos, construcción y puesta en marcha para materializarse. Por ello, el valor total de la cartera funciona como referencia del potencial futuro, pero no equivale a inversión asegurada. En paralelo, el Minem reportó en marzo una cartera de 69 proyectos de exploración por US$757 millones. Esta fase es determinante para cuánta riqueza geológica puede convertirse posteriormente en nuevas operaciones.

El BCRP también contempla un escenario de mayor inversión minera para 2026-2027, asociado principalmente con proyectos como Tía María, Reposición Antamina y Reposición Ferrobamba. En 2025, la inversión minera ascendió a US$6.225 millones, según el banco central.

El desafío no termina con invertir

El crecimiento de 42,7% llega en un momento clave: el sector minero mantiene un peso importante en la economía peruana, pero enfrenta obstáculos para convertir proyectos en producción efectiva. El incremento de los desembolsos en infraestructura y desarrollo indica que las empresas están destinando más recursos a sus operaciones.

No obstante, para que ese esfuerzo se traduzca en mayor producción, exportaciones, empleo y recaudación, los proyectos deben avanzar más allá de las etapas de inversión y sostener su actividad en el tiempo. Otro elemento es la distribución territorial. La cartera de proyectos abarca 19 departamentos, pero la ejecución efectiva continúa dependiendo de la ubicación de las grandes operaciones y de la capacidad de cada proyecto para superar sus etapas administrativas, ambientales y sociales.

Entre enero y abril de 2026, el impacto regional de los recursos fiscales se hizo evidente. El Minem registró más de S/15.000 millones en ingresos por la actividad minera, sumando transferencias superiores a S/4.121 millones que incluyeron canon, regalías mineras y derecho de vigencia con penalidad. No obstante, el salto hasta los US$3.304 millones en inversión solo cuenta una parte de la historia. El resultado económico real dependerá de cuánto capital termine ampliando producción frente a lo destinado al sostenimiento de operaciones existentes. Mientras tanto, las compañías que concentran mayores inversiones definen el ritmo del sector. En junio, con US$662 millones ejecutados en un solo mes, el mercado volvió a plantear una interrogante crucial: cuánto de este desembolso se convertirá en nueva capacidad productiva y cuál será el plazo estimado para ello. La aceleración de los gastos es clara, pero la conversión efectiva en producción sigue siendo la variable determinante. Así, aunque los números prometen un ciclo dinámico, la transformación tangible de esa inyección financiera en poder industrial requerirá tiempo y una gestión eficiente que garantice que cada dólar invertido genere valor real para el país a largo plazo.

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