Una persona que no se encuentra bien emocionalmente difícilmente podrá desenvolverse de manera adecuada en cualquier espacio. En el ámbito laboral, donde el trabajador pasa una parte importante de su día, esta realidad cobra una especial relevancia. Por ello, abordar la salud mental en el entorno laboral no es solo una opción, sino una necesidad.
Organismos internacionales como la Organización Internacional del Trabajo y la Organización Mundial de la Salud han dado cuenta de ello, advirtiendo que la salud mental constituye uno de los principales desafíos para la gestión moderna de personal, así como una problemática latente a nivel mundial que adquirió mayor visibilidad a raíz de la pandemia del covid-19.
Si nos remontamos al plano local, de acuerdo con el Observatorio de Salud Mental del Minsa, el Seguro Integral de Salud (SIS) registra, a este 2026, más de 3.5 millones de personas con algún problema de este tipo. Asimismo, se reportan casi 700 mil casos diagnosticados de trastornos mentales o problemas psicosociales, de los cuales el 58% corresponde a mujeres y el 42%, a hombres.
Considerando que la Población Económicamente Activa (PEA) en el cuarto trimestre del 2025 era de poco más de 18.5 millones de personas, estamos hablando de casi una de cada cinco personas que participan en el mercado laboral.
La Ley de Seguridad y Salud en el Trabajo (SST) impone a los empleadores la obligación de gestionar los riesgos psicosociales para proteger la salud mental de sus trabajadores. Esto implica realizar evaluaciones cualitativas y cuantitativas que aborden desde la organización del trabajo hasta las exigencias físicas y mentales propias de cada función.
Dentro del panorama laboral peruano, estos riesgos se vinculan directamente con prácticas dañinas como el mobbing o acoso laboral, la falta de reconocimiento y dificultades para conciliar la vida personal. Factores como la sobrecarga de tareas, la presión excesiva por resultados y las jornadas extendidas también entran en esta categoría.
Cuando estas condiciones se combinan con la situación individual de cada persona, el impacto es inmediato: surgen desmotivación, menor compromiso y una caída en el desempeño. Si no se actúa a tiempo, la prolongación de estos factores desencadena ausentismo y una elevada rotación de personal.
Tales fenómenos generan consecuencias graves que trascienden lo individual, afectando la productividad organizacional, la reputación corporativa y las relaciones con los distintos grupos de interés. Por ello, es vital identificar y prevenir estas amenazas antes de que se conviertan en crisis estructurales dentro de la empresa.
La gestión proactiva no es opcional; es una estrategia clave para mantener un entorno saludable donde el bienestar personal y profesional coexistan sin fricciones.
Por su parte, el incumplimiento de las obligaciones relacionadas con los riesgos psicosociales puede ser sancionado como una infracción grave en materia de Salud y Seguridad en el Trabajo. Esta medida se fundamenta en el artículo 27.9 del Reglamento de la Ley General de Inspección del Trabajo.LEA TAMBIÉN: El Niño no solo podría traer huaicos e inundaciones: sequía golpearía a estas regionesPero la normativa no se detiene ahí. A estos lineamientos legales se suman otras disposiciones complementarias esenciales para el bienestar laboral, como la Norma Básica de Ergonomía y de Procedimiento de Evaluación de Riesgo Disergonómico, el Reglamento de la Ley de Salud Mental y el Documento Técnico titulado "Promoción de la Salud en los Lugares de Trabajo". Ante esta problemática, el primer paso es que las empresas integren el cuidado de la salud mental dentro de su sistema de gestión. Para abordar esto con éxito, los empleadores deben ejecutar acciones concretas. En primer lugar, resulta vital capacitar a supervisores y líderes. Este entrenamiento les permitirá identificar señales de alerta tempranas, gestionar adecuadamente a sus equipos y fomentar entornos de trabajo verdaderamente saludables.
LEA TAMBIÉN: Familias peruanas aceleraron su consumo, ¿en qué gastaron más con sus tarjetas?Un segundo pilar es Involucrar al Comité de SST en la supervisión. La formación de los líderes debe ir acompañada por una participación activa del comité en la identificación, evaluación y seguimiento continuo de estos riesgos. Finalmente, las organizaciones deben implementar canales de comunicación y seguimiento. Es necesario contar con encuestas de clima laboral, buzones o canales confidenciales para sugerencias y denuncias, así como mecanismos de orientación. Aunque la normativa no exige un canal específico, tener estas herramientas permite identificar oportunamente los factores de riesgo, adoptar medidas preventivas a tiempo y reducir significativamente el riesgo de conflictos y contingencias laborales futuras. Las herramientas de gestión de salud mental permiten a una organización identificar factores de riesgo, adoptar medidas preventivas y reducir conflictos laborales. Esto no solo mejora el ambiente y fortalece el compromiso de los equipos, sino que también ayuda a la empresa a atraer al mejor talento. El liderazgo moderno ha puesto en evidencia la importancia de promover entornos colaborativos, basados en confianza y flexibilidad. Bajo este esquema, la salud mental trasciende la esfera individual del trabajador para convertirse en un aspecto estratégico que los empleadores deben gestionar. Lucianna Polar, socia del Estudio Olaechea, señala que esta gestión debe ser preventiva, responsable y parte esencial de una administración integral y sostenible del talento humano. Dejar de verla como una responsabilidad exclusiva del empleado es clave para construir organizaciones más seguras y eficientes a largo plazo, integrando el bienestar en la estrategia central de negocio y fomentando una cultura organizacional donde el cuidado personal y el rendimiento profesional caminan juntos hacia un futuro más productivo.
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