La arqueóloga Ana Cecilia Mauricio, docente de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), ha alertado sobre una crisis inminente para el patrimonio nacional: más de 8.000 sitios arqueológicos quedan expuestos a las fuertes precipitaciones asociadas al fenómeno El Niño. La especialista propone que se utilicen mapas de riesgo y datos públicos para identificar qué monumentos requieren atención prioritaria antes del inicio de las lluvias, previstas desde noviembre debido al mar caliente.
La preocupación principal recae en la costa norte, donde el impacto podría ser más severo, aunque también existen riesgos en las costas central y sur. Muchos yacimientos carecen de medidas adecuadas de protección y vigilancia técnica. Mauricio advirtió que el Ministerio de Cultura no tendría capacidad operativa ni presupuesto suficiente para proteger más del 70% del patrimonio arqueológico nacional.
La fragilidad aumenta drásticamente en monumentos levantados con materiales sensibles al agua, como el adobe y el barro. En estos casos, una temporada de lluvias intensas puede provocar erosión, empozamientos y daños estructurales graves. Según la experta, los yacimientos costeros menos conocidos enfrentan una situación más compleja porque no disponen del mismo nivel de inversión ni de programas permanentes de conservación que los complejos emblemáticos como Caral, Chan Chan, las Huacas de Moche o Pachacámac.
Mientras estos sitios cuentan con proyectos de conservación activos, numerosos yacimientos ubicados entre los valles y el litoral permanecen indefensos ante la activación de quebradas y posibles inundaciones. La mayor parte del patrimonio cultural nacional se encuentra en una situación crítica que exige una gestión urgente para evitar la pérdida irreversible de nuestra historia ante las tormentas que se avecinan.
Lambayeque se destaca como zona prioritaria ante el peligro de activar el río Reque, lo que amenaza sitios Moche, Lambayeque y Chimú. Más allá del agua directa, surgen nuevos riesgos: familias desplazadas por inundaciones o pérdida de cosechas podrían ocupar terrenos intangibles, mientras la expansión agrícola avanza sobre arqueología. Ante esto, un equipo de la PUCP liderado por Mauricio diseñó una metodología con Sistemas de Información Geográfica para priorizar la protección. Esta propuesta integra datos públicos de Cenepred y ministerios clave como Vivienda, Educación y Energía y Minas para crear mapas de calor que identifiquen monumentos expuestos a lodo, inundaciones o acumulación hídrica.
El análisis se enfoca en los primeros 1.000 metros desde la costa hacia las partes altas de los valles. La estrategia busca empoderar a gobiernos regionales y municipalidades para que elaboren diagnósticos con sus propios técnicos, evitando depender de consultorías externas. Mauricio enfatizó que el patrimonio arqueológico es un recurso no renovable; cualquier daño físico sería irreversible y tendría consecuencias graves. La pérdida material también afectaría la investigación científica, la actividad turística y las economías locales dependientes de estos sitios históricos.

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