La situación financiera empeora para el Gobierno ruso, con un déficit presupuestario de 6,46 billones de rublos, mientras las grandes empresas trasladan fondos al exterior ante el temor de nacionalizaciones.

Los bancos enfrentan dificultades para adquirir bonos estatales debido a la escasez de liquidez y un déficit presupuestario. Foto: AFP. Foto del autor

La guerra en Ucrania está generando una presión cada vez más visible sobre las finanzas de Rusia: mientras el Kremlin necesita más recursos para sostener el gasto militar, hogares y empresas están sacando dinero de los bancos y reduciendo la liquidez disponible para comprar deuda pública.

En las dos primeras semanas de agosto, los retiros alcanzaron casi 3.400 millones de dólares (286.400 millones de rublos). La cifra se suma a los 7.300 millones de dólares extraídos en julio y a más de 4.500 millones de dólares en junio, según datos del Banco Central de Rusia. El flujo de efectivo fuera de las entidades bancarias se mantiene por séptimo mes consecutivo.

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El problema no se limita a los ahorros de los ciudadanos. La escasez de liquidez ya dificulta que los bancos participen en las emisiones de bonos con las que el Ministerio de Finanzas busca cubrir el déficit presupuestario.

Taras Skvortsov, alto ejecutivo de Sberbank, señaló que las entidades cuentan con menos recursos disponibles para adquirir bonos estatales. "Cada mes se produce una gran fuga de capitales", declaró a RBK Radio; además, añadió que "si esta tendencia continúa, la situación no va a mejorar".

El deterioro financiero del país ocurre justo cuando las necesidades presupuestarias del Gobierno se disparan. Entre enero y julio, el déficit llegó a 6,46 billones de rublos (76.100 millones de dólares), cifra que supera con creces la previsión anual de 3,8 billones. Esta crisis se agrava porque la salida masiva de depósitos deja a las entidades bancarias sin fondos libres para comprar bonos federales, lo que impacta directamente en las cuentas del Estado y complica su capacidad de endeudamiento.

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El efectivo como refugio ante la incertidumbre

Detrás de este retiro masivo hay una combinación de factores: ataques con drones ucranianos, cortes de internet que paralizan los pagos electrónicos y un temor profundo a posibles medidas estatales. Todo esto llevó a muchos ciudadanos a privilegiar el dinero físico. "El nerviosismo va en aumento", señaló un exfuncionario de finanzas ruso al Washington Post. "Y la gente empieza a darse cuenta de que necesita tener dinero en efectivo debajo de la almohada y no en algún banco donde quizás nunca lo recuperen".

Esta fuga de liquidez genera graves problemas sistémicos. En junio, el déficit de liquidez en rublos ya había alcanzado los 2 billones, obligando al Banco Central a ampliar su respaldo financiero a las entidades. A esto se suma el deterioro de la cartera crediticia; Sberbank reportó recientemente un aumento en sus préstamos viciados, elevando su participación de créditos problemáticos desde el 4,8% hasta el 5,5% en el segundo trimestre.

"Para algunos bancos esto sí que es un problema", dijo el exfuncionario. "No se lo esperaban e invirtieron todo el efectivo en otros lugares, y aun así la gente viene y retira medio billón de rublos al mes". La dificultad aparece en un momento especialmente delicado para Moscú. El gasto relacionado con la guerra podría superar lo presupuestado y obligar al Ministerio de Finanzas a incrementar el endeudamiento interno. En julio, las autoridades suspendieron subastas de deuda después de que los precios de los bonos cayeran y sus rendimientos aumentaran. Craig Kennedy, exvicepresidente de banca de inversión en Bank of America Merrill Lynch e investigador del Centro Davis de Estudios Rusos y Euroasiáticos de la Universidad de Harvard, interpretó los problemas de financiación como una señal de presión sobre el modelo económico. "Las grandes potencias no sufren repetidos fracasos en la emisión de bonos del Tesoro en medio de una guerra". La desconfianza no se limita a los pequeños depositantes. Grandes compañías están trasladando fondos fuera de Rusia ante el temor de que sus activos puedan quedar bajo control estatal. Durante el segundo trimestre de 2026 salieron del país más de 9.400 millones de dólares, de acuerdo con los datos citados del Banco Central. Entre las alternativas utilizadas para colocar recursos en el exterior aparecen cuentas de corretaje en Kazajistán, Kirguistán y Armenia. La inquietud está vinculada también con la campaña de nacionalizaciones emprendida por el Estado ruso. En junio, las autoridades confiscaron activos por 7.600 millones de dólares (550.000 millones de rublos) relacionados con Vadim Moshkovich, fundador de Rosagro. La posibilidad de nuevas incautaciones alimentó el temor entre empresarios y multimillonarios. Estos eventos reflejan una crisis de confianza que va más allá del pánico inicial por la guerra. El sistema financiero ruso enfrenta un estrés sin precedentes mientras se busca mantener la estabilidad monetaria. Los movimientos masivos de capital hacia países vecinos como Kazajistán muestran cómo las empresas buscan seguridad jurídica en jurisdicciones estables. La suspensión de subastas de deuda en julio marcó un punto de inflexión crítico para el presupuesto nacional. Expertos advierten que esta situación podría erosionar aún más la posición estratégica de Rusia a largo plazo. La combinación de sanciones, fugas de capital y medidas estatales agresivas crea un escenario complejo para cualquier inversionista internacional.

El enfriamiento económico ya es visible en los datos oficiales: el producto interno bruto ruso creció solo un 0,3% en el primer semestre de 2026, una cifra menor al 1,2% del mismo periodo en 2025. Esta desaceleración refleja las consecuencias de años de expansión crediticia hacia la industria militar. Según expertos citados por The Washington Post y The Telegraph, dicha política incrementó la exposición bancaria a empresas con dificultades financieras y redujo los recursos para la economía civil.

La presión también golpea el sector energético. Los ataques ucranianos contra refinerías han afectado la capacidad de procesamiento de petróleo rusa, provocando una fuerte crisis de combustible. Al mismo tiempo, el Estado enfrenta una caída acumulada en sus ingresos: pese al repunte de julio, los ingresos por petróleo y gas permanecen un 11% por debajo del nivel registrado entre enero y julio del año anterior.

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