Ana Cecilia Mauricio, docente y arqueóloga de la PUCP, advierte que el Ministerio de Cultura (Mincul) carece actualmente de los recursos operativos y presupuestarios necesarios para proteger más del 70% del patrimonio arqueológico nacional frente al Fenómeno El Niño. En una conversación con Canal N, la especialista explicó que miles de yacimientos en la costa peruana están expuestos a lluvias torrenciales, inundaciones y la activación de quebradas sin contar con medidas de protección física ni vigilancia técnica adecuada.

El impacto climático será más severo en la región norte, mientras disminuye hacia el sur y la costa central. Esta franja concentra una alta cantidad de monumentos construidos en barro y adobe. Aunque sitios emblemáticos como la Ciudad Sagrada de Caral, Chan Chan, las Huacas de Moche y el santuario de Pachacámac cuentan con proyectos de conservación gestionados por el Mincul, la gran mayoría de asentamientos en valles medios y litoral carecen de resguardo debido a los fondos limitados del sector cultura.

Para abordar esta brecha económica, un equipo liderado por Ana Cecilia Mauricio ha desarrollado una metodología estandarizada basada en Sistemas de Información Geográfica (SIG). Esta propuesta integra bases de datos espaciales libres producidas por entidades públicas como el CENEPRED, el MVCS, el Minedu y el MINEM. La idea es crear mapas de riesgo que permitan priorizar las intervenciones donde más se necesita.

"La vulnerabilidad no está solo en los sitios famosos, sino en aquellos invisibles para la administración pública", señaló Mauricio. Su equipo trabaja para sistematizar el conocimiento sobre estos lugares, utilizando datos abiertos para generar alertas tempranas y estrategias de mitigación específicas según las condiciones geográficas de cada zona afectada por las lluvias intensas.

La especialista destaca que esta nueva metodología busca democratizar la información sobre los riesgos climáticos en el patrimonio. Al procesar la información de diversas fuentes oficiales, se logra una visión integral del territorio, permitiendo identificar qué yacimientos están en mayor peligro inmediato y diseñar planes de acción realistas dentro de las posibilidades presupuestarias actuales.

Así, se busca transformar la gestión cultural ante desastres naturales, pasando de un enfoque reactivo a uno preventivo basado en evidencia científica y datos geoespaciales confiables que guíen las políticas públicas hacia una protección más equitativa del legado histórico peruano.

Autoridades pueden generar matrices de riesgo y mapas de calor mediante la superposición de datos abiertos. Estas herramientas identifican los sitios arqueológicos más expuestos a sufrir erupciones de lodo o empozamiento de agua. La metodología prioriza el análisis en un rango específico: los primeros 1000 metros contados desde la línea de costa hacia las partes altas de los valles. Además, incluye guías técnicas paso a paso para que áreas de catastro e ingeniería de gobiernos regionales y municipalidades ejecuten diagnósticos directos, sin necesidad de realizar inversiones presupuestales ni contratar consultorías privadas.

No obstante, el impacto trasciende lo físico. La investigadora sostuvo que el fenómeno pluvial desencadena problemas sociales que incrementan la vulnerabilidad del patrimonio. Cuando precipitaciones destruyen viviendas o campos de cultivo adyacentes a los ríos, pobladores damnificados tienden a trasladarse y ocupar terrenos pertenecientes a polígonos arqueológicos intangibles. A esto se suma el avance no regulado de la frontera agrícola sobre áreas monumentales. Un caso crítico ocurre en la región Lambayeque, donde la activación del río Reque representa una amenaza directa para yacimientos de las civilizaciones Moche, Lambayeque y Chimú.

Ana Cecilia Mauricio enfatizó que el patrimonio arqueológico constituye un recurso no renovable, por lo que cualquier daño o pérdida física resulta irreversible para el país. Su deterioro no solo afecta la investigación científica y la identidad cultural, sino que destruye la economía de las poblaciones locales al frenar el desarrollo del turismo sostenible.

Frente a las proyecciones científicas que señalan que los eventos de El Niño serán cada vez más frecuentes e intensos, la docente instó a los organismos del Estado a adoptar una gestión preventiva basada en evidencia técnica antes del inicio de las lluvias. La prioridad es actuar con anticipación para evitar que la naturaleza y el cambio climático destruyan nuestra herencia histórica.

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