Fotografía de la ceremonia de premiación. Foto del autor La 30.ª edición del Festival de Cine de Lima cerró con la victoria de 'Seis meses en el edificio rosa con azul', largometraje mexicano dirigido por Bruno Santamaría Razo, quien recibió el trofeo Spondylus del jurado como mejor película de ficción. La competencia destacó por los títulos que abordaron entornos vulnerables, dictaduras y violencia de género, pero también se centró en la defensa del cine latinoamericano. La cinta narra cómo, en México a principios de los 90, un niño de 11 años desarrolla sentimientos hacia su mejor amigo mientras su familia enfrenta el diagnóstico de VIH del padre. La obra ya había sido estrenada en Cannes y ganó previamente el premio a mejor película con temática LGTBIQ+. Al recibir el galardón, Santamaría Razo agradeció la comunidad: "Como decían las compañeras de Chicas tristes (Rocío Guzmán y Darana Álvarez, reconocidas como las mejores actrices), en comunidad construimos algo que queríamos compartir. Algo que a todos nos emocionaba, nos dolía y nos enamoraba". Añadió que se celebra "con mucho gusto en este espacio". Otra producción con múltiples reconocimientos fue 'La noche está marchándose ya'. En esta cinta, tras perder su trabajo como proyectista en un cine club, el protagonista sobrevive laborando como vigilante sin dejar de ver cine. Uno de los directores, Ramiro Sonzini, reflexionó sobre la importancia de estos espacios: "Ojalá estos lugares crezcan, se conecten más con la gente y nos ayuden a no aislarnos". La gala también incluyó menciones especiales a 'Chicas tristes', dirigida por Rocío Guzmán y Darana Álvarez. Esta película explora las relaciones entre dos jóvenes en un contexto de violencia familiar y social, mostrando cómo el amor puede ser una forma de resistencia frente al dolor. El jurado valoró especialmente la actuación de sus protagonistas y la profundidad con que se abordaron temas como la pobreza, el abuso y la esperanza. Además, se reconoció la labor de los cineastas que usan su arte para denunciar injusticias sociales y políticas públicas fallidas. La elección de 'Seis meses en el edificio rosa con azul' refleja una tendencia hacia historias que humanizan a quienes suelen ser marginados por la sociedad. Su éxito en Cannes y en Lima demuestra el potencial del cine latinoamericano para conectar audiencias globales con realidades locales complejas. La ceremonia fue un momento clave para consolidar al Festival de Cine de Lima como plataforma indispensable para nuevas voces cinematográficas. Los ganadores no solo recibieron premios, sino también la oportunidad de ampliar su alcance internacional y seguir contando historias que importan.

El director argentino Ezequiel Salinas, cuya cinta se llevó el premio de la Organización Internacional del Trabajo a la mejor película latinoamericana de ficción en esta competencia, abordó durante su discurso la relevancia del cine público. “Eso tiene un valor muy especial porque habla de que todavía lo público es importante”, señaló. Salinus agradeció a sus compañeros y compañeras por ayudarle a sostener una creencia fundamental: el cine no constituye un lujo, sino un derecho esencial para narrar nuestra historia y ciudad. Su obra también obtuvo el Premio APC Signis Perú otorgado por la Asociación de Comunicadores, el trofeo del jurado de crítica internacional y el reconocimiento a la mejor ópera prima del festival.

Cine peruano: documental y regional

Por otro lado, en el ámbito nacional destacó como la mejor película peruana el documental Manuales de supervivencia, dirigido por Luisa García Alva. La cinta, un registro íntimo de la propia cineasta, también se adjudicó el premio especial del Ministerio de Cultura. En una declaración conmovedora entre aplausos, la directora reveló que cuando recibió su diagnóstico de VIH, su madre había sido incapaz de reaccionar; por ello, firmaron un pacto de no contarle a nadie hasta entonces. Han pasado diez años y ahora ella realiza esta película. “Mi madre, el día del estreno, se paró y, orgullosa, me mandó un beso y me aplaudió”, recordó García Alva. Agregó que actualmente su progenitora lleva a sus amigas al cine para verla, preguntándose con emoción qué tan poderoso es el arte capaz de lograr tales gestos de aceptación. “Me siento muy feliz”, expresó la realizadora. Reconociendo el apoyo indispensable de su equipo, añadió: “Gracias a mi equipo, sin ustedes esta película no hubiera podido hacerse porque había desorden y dudas en mi cabeza y ustedes me ayudaron y me acompañaron”.

Kleber Mendonça Filho, el director brasileño nominado al Óscar por El agente secreto, fue el invitado estrella en la edición número 30 del festival. Durante su discurso, el cineasta reflexionó sobre el rol educativo de los eventos cinematográficos: “Para mí, un festival de cine es también una escuela”. Desde el escenario, dedicó sus palabras a los jóvenes creadores y al público presente, señalando que las películas son herramientas poderosas para cuestionar la realidad. “Creo que las películas son una manera de mirar el mundo”, afirmó, advirtiendo sobre lo siniestro en cómo se presenta hoy la política globalmente, desde América Latina hasta Europa. Por ello, consideró un gran momento para hacer cine y destacó su capacidad para quebrar la narrativa oficial. En un gesto emotivo, el director entregó un premio a sus hijos, quienes ocupaban las butacas de la sala, así como a su esposa, la productora Emilie Lesclaux.

El evento también reconoció logros locales. La cinta filmada en Piura, Aquella sombra desvanecía, dirigida por Samuel Urbina, se llevó el trofeo Spondylus a la mejor dirección de la competencia peruana. El realizador expresó su compromiso con la diversidad nacional: “El Perú es muy grande y muy diverso y el cine debe ser esa herramienta que nos permita acercarnos a otras realidades”. Para él, proteger y promover esta industria es vital para que todas las historias merezcan ser contadas. Su mensaje culminó en un grito de apoyo al regionalismo cinematográfico: “¡Que viva el cine peruano!, ¡Que viva el regional! y ¡Que viva el cine hecho en Piura!”.

Por su parte, Daniel Vidal Toche, director de La anatomía de los caballos, subrayó la trascendencia de llenar las salas. “Ver tanta gente es fundamental”, comentó al notar que 33.000 espectadores asistieron a comprender que el cine va más allá del entretenimiento simple. Para Vidal Toche, la función del arte es hacernos sentir incómodos y presionar a los gobernantes de Latinoamérica y del Perú, quienes buscan silenciar esas voces críticas. “Todos los que hacemos cine sabemos que es imposible callarnos”, concluyó con firmeza, recordando que el cine está para servir como un mecanismo de presión social frente al poder establecido.

El director Juan Pablo Sallato, creador de Bacurau, pronunció discursos que resonaron con el reconocimiento al filme Hangar rojo. Por ello, recibió los premios APRECI y Spondylus a mejor dirección para hablar sobre la necesidad de recordar las dictaduras. A su vez, Álvaro Olmos, autor de La hija cóndor, ascendió al escenario tras obtener el reconocimiento especial del jurado. Desde allí, afirmó: «Desde aquí siempre vamos a resistir a los embates que vienen de afuera». Señaló que en Bolivia han eliminado por completo la cultura y que no existe ministerio ni oficina con esa palabra en el Estado desde hace semanas. Sin embargo, expresó su firmeza: «Igual vamos a sostener nuestro cine y vamos a seguir adelante buscando la manera de resistir como siempre lo hemos hecho en el cine latinoamericano».❖

google icon

Leer artículo completo en larepublica.pe →