Renato Cisneros y la vigencia de “Dejarás la tierra”: una historia familiar que retrata un país de apariencias y memorias borradas <<>

La nueva edición de Dejarás la tierra, publicada por Alfaguara y presentada en la última Feria Internacional del Libro de Lima, llegó en un momento en que la novela ya baila con pañuelo propio. Y es que, aunque en 2017 se la promocionó como la precuela de La distancia que nos separa, el tiempo le ha permitido desprenderse de las resonancias de aquel éxito editorial que dos años antes había opacado a otras muy buenas novelas de ese año y del subsiguiente.

En La distancia que nos separa, publicada en 2015, Cisneros narró la historia de su padre, el general Luis Cisneros Vizquerra. La crítica la recibió muy bien, pero fueron los lectores quienes la consagraron: agotaron miles de ejemplares en poco tiempo. Ese fenómeno, sin embargo, terminó afectando la recepción inicial de Dejarás la tierra, que aun así logró muy buenos resultados tanto en crítica como en lectoría.

En esta novela, el autor cuenta los orígenes de su familia y cómo esta ha atravesado la historia peruana desde diciembre de 1820, mes en que el sacerdote Gregorio Cartagena vio por primera vez a Nicolasa Prieto. Se trata de una historia familiar signada por los secretos y por la vergüenza social que estos generan, pero también por una actitud de resistencia que se refleja principalmente en las mujeres luchadoras de la trama. Ese factor le otorga señas universales con las que miles de lectores se han identificado: total, ¿qué familia no tiene secretos ocultos?

“En todo narrador hay un deseo de dinamitar el lugar de donde proviene”, dice Cisneros, y esa pulsión atraviesa una obra que no solo es una historia familiar, sino también el retrato de un país enfocado en las apariencias y en el borrado, o acomodo, de la memoria. He ahí la vigencia de esta saludada novela, que en estos años ha ido creciendo ya libre de las resonancias de su predecesora.

Renato Cisneros. Foto: Marco Cotrina.

La República conversó con Cisneros sobre esta obra y sobre los hilos que conectan ambos proyectos narrativos, que en principio formaron uno solo.

-La distancia que nos separa y Dejarás la tierra formaron en principio un solo proyecto narrativo.

El escritor confiesa que, de niño, aprendió a admirar a las figuras masculinas de su familia por los cargos que ocuparon y por su relevancia en el mundo periodístico, cultural y diplomático. Sin embargo, lo que lo impulsó a escribir esta historia fue descubrir que ese apellido ligado a la vida pública peruana tenía un origen espurio. Le resultó muy transgresor contar que el prestigio social de la familia se hubiera edificado sobre un secreto del que nadie quería hablar. "En todo narrador, sospecho, hay un deseo incontrolable de querer dinamitar el lugar de donde proviene", afirma, y agrega que quería dinamitar el prestigio de ese apellido que provenía de un lugar que no había sido contado.

También revela que, delante de los hombres de la familia, había "una coreografía de mujeres interesantísimas, personajes nunca visibilizados y que habían sido tan o más decisivos que los personajes masculinos para que esa familia saliese adelante".

En cuanto al origen de sus proyectos narrativos, explica que ambos formaban parte de un mismo fresco: el siglo XX republicano atravesado por cuatro historias sentimentales peruanas. Empezó con la historia de su padre, pero luego la curiosidad se fue expandiendo hacia la de su abuelo durante la dictadura de Leguía, la de su bisabuelo —que en la época de la guerra con Chile había tenido tres hijas con la amante de Ramón Castilla— y la del cura en medio de la guerra de la Independencia. Su editor, Jerónimo Pimentel, le dijo que no, porque esta última historia era más próxima al narrador. Aunque al principio le costó aceptar, reconoce que fue la decisión correcta y que ambas novelas dialogan mejor por separado.

El escritor reflexiona sobre el silencio familiar y su vínculo con el qué dirán. “Sí, totalmente. Yo creo que esa es como una herida, no sé si virreinal, pero que en todo caso la arrastramos y que la notas tanto en las dinámicas familiares como en la propia dinámica social”, responde. Sostiene que “de estas cosas no se habla, vamos a empezar a mirar el futuro. Hay que dejar el pasado”. En ese contexto, advierte que su novela, al ser “sobre todo un trabajo sobre la memoria familiar y social, reaparece en un momento en el que en el Perú la memoria se está volviendo a poner en discusión”.

"Dejarás la tierra" (Alfaguara). Precio: 79 soles. Imagen: Difusión.

“Dejarás la tierra” (Alfaguara) tiene un precio de 79 soles. La obra ha sido traducida y ha recibido buena crítica. Sobre el tono narrativo, el autor cita a Juan José Saer: “Toda novela segrega su teoría”. Explica que toda novela parte de una historia y que “en el corazón de esa historia está el tono que debería tener esa novela”. La suya es “melodramática, es exagerada, los personajes juegan en el límite de lo permitido, de lo legal”. Por eso quiso que “el lenguaje dialogara con el corazón de esa historia”, pues “un narrador tiene que entender el lenguaje que le demanda la historia”.

Consultado sobre si el Perú podría reconciliarse mediante sus pequeñas historias, Cisneros responde que “siempre ha creído que si hay una posibilidad de reconciliación, que es una palabra que se usa mucho pero que se entiende poco, nunca va a ocurrir a partir de un gesto del Estado”. Un documento como el de la CVR “puede ayudar a poner en discusión asuntos, pero no por leerlo nos vamos a reconciliar”. Para él, si la reconciliación ocurre, “es por las indagaciones individuales que se hagan respecto de cada grupo, de cada familia, de cada sector”. Eso exige “tener interés en remover estructuras”, algo que, a su juicio, “es lo que se quiere impedir”.

El escritor también reflexiona sobre el deseo y la sexualidad en el pasado. “Estamos como acostumbrados a pensar que, en los siglos precedentes, el erotismo, el sexo, el deseo, las pasiones no formaban parte del registro cotidiano de esos personajes a los que hemos aprendido a admirar porque los hemos visto en una foto o en un cuadro”, señala. Le resulta interesante pensar en la sexualidad de los bisabuelos o abuelos, quienes no solo estaban dominados por la idea de sacar adelante el país y la reivindicación patriótica, sino también subyugados por la sexualidad, por la adrenalina, y tomaban decisiones a veces correctas o incorrectas. “Creo que siempre ha sido parte intrínseca del ser humano el deseo. Pero hemos crecido creyendo que no, creyendo que es una liberación de estos tiempos, que sin duda lo es, pero que también operaba en las vidas de hace uno o dos siglos”, agrega.

En cuanto a la historia novelada del Perú en Dejarás la tierra, Cisneros menciona la recurrencia de la negación de lo sucedido tanto en lo familiar como en lo social. Para abordar este punto, cita al autor australiano Richard Flanagan, quien dice en una de sus novelas que hay cosas que nos han pasado, que nos siguen pasando y que nunca nos van a dejar de pasar. A Cisneros le interesa esa idea porque considera que el periodo violento de los años 80 hasta el 2000, como todos los periodos violentos previos, son cosas que nos están pasando, que nos han pasado y que nunca nos van a dejar de pasar. Es decir, hay que vivir con la paradoja de buscar la reconciliación sabiendo que el conflicto siempre va a ser parte de nuestra dinámica. “Pero creo que hay que entender esa paradoja y asimilarla, interiorizarla y vivirla. Pero no negar lo que nos ha ocurrido ni tratar de ponerle el nombre que no ha tenido”, sostiene.

De esta manera, el autor plantea que el diálogo con la actualidad mediante el deseo es otro aspecto clave de su novela, pues el erotismo y las pasiones también gobernaban las vidas de quienes nos precedieron.

Leer artículo completo en larepublica.pe →