En varias ciudades de China, los proyectos urbanos ya no se ejecutan a cielo abierto. Una alternativa poco convencional está ganando terreno: cubrir las obras completas con enormes estructuras inflables que funcionan como una envolvente temporal alrededor de la construcción.

Estas gigantescas cúpulas, que pueden alcanzar dimensiones comparables a varios campos de fútbol, permiten que excavadoras, perforadoras y trabajadores continúen con sus actividades en un espacio aislado. La tecnología busca evitar que el polvo y el ruido de las construcciones lleguen a los barrios cercanos, una molestia frecuente para quienes viven o trabajan en las inmediaciones.

Las ciudades chinas están innovando en la construcción con cúpulas inflables que cubren los proyectos, reduciendo el polvo y ruido para vecinos.

¿Cómo funcionan las gigantescas cúpulas inflables?

El secreto está en su diseño: una membrana que se mantiene en pie gracias a la presión del aire, por lo que no necesitan una compleja red de columnas en su interior. De esta manera, la maquinaria y los operarios pueden trabajar libremente dentro del espacio cubierto, sin que las obras de construcción generen las molestias habituales para el entorno.

En Jinan, capital de la provincia de Shandong, ya se ha puesto a prueba una estructura de unos 50 metros de altura y aproximadamente 20.000 metros cuadrados de superficie. Esta enorme cubierta puede instalarse e inflarse en cuestión de horas para generar un espacio protegido, y su principal objetivo es contener los residuos que se producen durante las obras. De acuerdo con datos difundidos por autoridades locales, estas burbujas gigantes retienen más del 95% del polvo generado en determinados trabajos y reducen de forma considerable el ruido que llega al exterior.

El sistema, además, permite continuar determinadas tareas cuando las condiciones meteorológicas son desfavorables, por ejemplo durante lluvias intensas o fuertes vientos. Pero sostener una cúpula de semejante tamaño exige ventiladores funcionando de manera constante, así como sensores que monitorean la temperatura, la presión y la calidad del aire. De esa forma, la burbuja no solo aísla el polvo y el estruendo de la obra, sino que también garantiza un ambiente controlado para que los trabajos no se detengan por el mal tiempo.

Leer artículo completo en larepublica.pe →