La región Ucayali tiene un margen de maniobra mínimo frente a cualquier interrupción en el ingreso de nuevos cargamentos: los inventarios disponibles en Pucallpa y otras zonas alcanzan para apenas entre 1.5 y 3 días de consumo. Esa limitada capacidad de almacenamiento, sumada a la dependencia de rutas terrestres para el ingreso de combustibles, ya ha generado dificultades de suministro y presión sobre los precios que golpean a transportistas y usuarios.

El Ministerio de Energía y Minas (Minem) reconoció que la baja capacidad de inventarios ha favorecido episodios de especulación. Por ello, decidió declarar en emergencia las actividades de hidrocarburos vinculadas al abastecimiento en Ucayali por un periodo de hasta un año. La medida permitirá evaluar el uso temporal de tanques que actualmente tienen otros fines para almacenar hidrocarburos, principalmente diésel, con el objetivo de elevar la capacidad de inventario de la región hasta unos siete días de consumo.

El problema no es necesariamente que la región se haya quedado sin combustible, sino que dispone de poco espacio para responder ante una interrupción en el ingreso de nuevos cargamentos. En ese contexto, la emergencia busca ampliar el margen de reservas y reducir la vulnerabilidad logística del mercado de combustibles en la zona.

La limitada capacidad de almacenamiento deja a la región con poco margen para enfrentar interrupciones en el ingreso de combustibles. lr.pe

¿Por qué Ucayali tiene tan poco margen de almacenamiento?

El problema no estalla cuando los grifos se vacían, sino antes, cuando las reservas caen y la reposición deja de llegar al ritmo habitual. Esa es la lógica que explica por qué una autonomía de entre 1.5 y 3 días resulta tan riesgosa para Ucayali: no se trata de comparar con el promedio nacional, sino de medir cuánto puede resistir el mercado regional una contingencia en sus rutas de suministro.

La región depende del ingreso de combustibles de otras zonas del país, y las vías terrestres que llegan a Pucallpa pueden verse afectadas por bloqueos, accidentes, huaicos, deslizamientos o conflictos sociales. Cuando ese flujo de cisternas se interrumpe, un territorio con pocos días de inventario tiene menos margen para absorber la demora.

Osinergmin ya ha advertido este año que la limitada capacidad de almacenamiento y el crecimiento de la demanda son factores que pueden comprometer la seguridad del abastecimiento. Por eso, el regulador monitorea la autonomía de los combustibles y los niveles de inventario de los establecimientos de la zona.

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¿Qué cambia con la declaratoria de emergencia?

La declaratoria habilita la adopción de medidas excepcionales para ampliar temporalmente la capacidad de almacenamiento. Una de las opciones contempladas es utilizar tanques que hoy cumplen otras funciones para guardar combustibles, principalmente diésel 2.

La declaratoria, sin embargo, no implica que los nuevos tanques ya estén operativos ni que el abastecimiento esté resuelto. La efectividad dependerá de qué infraestructura pueda habilitarse, bajo qué condiciones técnicas y cuánto combustible adicional pueda almacenarse. El objetivo es elevar el inventario disponible desde los niveles actuales hasta aproximadamente siete días; de concretarse, la región tendría un colchón mayor para enfrentar retrasos en el transporte y evitar que una interrupción logística se traslade rápidamente a los consumidores.

Una mayor capacidad de almacenamiento no elimina la dependencia de las rutas de transporte. Lo que cambia es el margen disponible para enfrentar una interrupción mientras se restablece el flujo normal de combustible.

La escasez de inventarios tiene una segunda consecuencia: puede aumentar la presión sobre los precios. Cuando los operadores cuentan con poco combustible almacenado y existen dificultades para reponerlo, el riesgo de desabastecimiento puede generar comportamientos especulativos y trasladar mayores costos a los consumidores. El Minem señaló precisamente que el reducido nivel de inventarios en Pucallpa y otras zonas de Ucayali había generado dificultades en el suministro y favorecido la especulación de precios.

Este factor adquiere mayor importancia en una región donde el transporte terrestre y fluvial tiene un peso significativo en la conexión entre localidades y en el traslado de mercancías. Un incremento sostenido del precio del combustible puede terminar incorporándose a los costos de transporte y, posteriormente, a los precios de otros bienes y servicios.

La declaratoria de emergencia no debe leerse como la confirmación de que todos los grifos de Ucayali están sin combustible, sino como una respuesta ante una vulnerabilidad de abastecimiento. Según la información del Minem, el problema real está en el reducido nivel de inventarios y en la dificultad para mantener un margen suficiente frente a eventuales interrupciones.

El principal desafío será aumentar las reservas antes de que ocurra una nueva interrupción logística. Si la capacidad regional llega a unos siete días, Ucayali tendría mayor margen para enfrentar retrasos en el ingreso de cisternas. Si no se concreta esa ampliación, la región continuará expuesta a que cualquier problema en las rutas de abastecimiento tenga un efecto rápido sobre el stock disponible y los precios.

Este caso también evidencia un problema más amplio del mercado de combustibles: tener producto disponible a nivel nacional no garantiza que todas las regiones cuenten con el mismo nivel de seguridad de abastecimiento. En el caso de Ucayali, la distancia de los centros de suministro y la limitada infraestructura de almacenamiento hacen que la continuidad del transporte sea determinante para evitar desabastecimiento.

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