Un nuevo estudio publicado en el Journal of Archaeological Science revela que las élites minoicas y micénicas de la antigua Grecia utilizaron hierro meteórico para elaborar joyas como símbolo de poder, mucho antes de que la fundición del metal se volviera una práctica habitual. El análisis químico de estos objetos de la Edad de Bronce sugiere que los meteoritos fueron una fuente poco común, pero disponible, de hierro para las culturas de aquella época.
Estudios arqueológicos previos ya habían identificado hierro meteórico en objetos de la Edad del Bronce hallados en Egipto, Oriente Próximo, Europa y Asia. Uno de los hallazgos más célebres es una daga descubierta en la tumba del faraón Tutankamón, fabricada con hierro de origen meteorítico y datada aproximadamente en el siglo XIV a. C. El uso de este material resulta particularmente llamativo en un periodo en que la producción de hierro mediante fundición todavía no estaba generalizada.
El nuevo trabajo también arroja luz sobre el momento en que este extraordinario material comenzó a perder protagonismo entre las élites. "La explotación del hierro meteórico para fabricar objetos utilitarios, ornamentales, de culto o mágicos está documentada en todos los continentes, desde la prehistoria hasta la era moderna. El pueblo inuit del norte de Groenlandia fabricaba cuchillos y raspadores con los meteoritos de Cabo York. En la América precolombina, algunos meteoritos se enterraban ritualmente o se tallaban para hacer joyas. En Egipto, un talismán de hierro meteórico proporcionaba protección duradera a una manada de camellos contra la mala suerte", describen los autores del estudio.
Así, los anillos de meteorito pudieron estar de moda entre las élites de la antigua Grecia, según indica el análisis químico de las piezas halladas en Grecia y Creta.
Selección de joyas de hierro de la Edad del Bronce Tardía (L). El punto rojo indica un artefacto que contiene níquel. Foto: Journal of Archaeological Science
La duda sobre si los griegos de la Edad del Bronce empleaban hierro meteórico ha comenzado a resolverse gracias a nuevas herramientas de análisis. Hasta ahora, los estudios sobre objetos de hierro hallados en Grecia eran escasos, pues algunas técnicas de laboratorio podían deteriorar piezas de gran valor arqueológico. Además, se desconocía con exactitud el momento en que la fundición del hierro se inició en esa región.
La tecnología actual, basada en rayos X y aplicada en instrumentos portátiles, permite examinar la composición química de los metales sin causar daños. De esta forma, es posible estudiar piezas frágiles directamente en los museos, evitando su traslado a un laboratorio. Con este método, el equipo analizó 91 objetos de hierro pertenecientes a la Edad del Bronce y a la primera Edad del Hierro, provenientes de 33 yacimientos arqueológicos y custodiados en 19 museos.
El hierro meteórico se caracteriza por contener altas concentraciones de níquel, por lo que los investigadores midieron ese elemento en cada pieza para identificar un posible origen extraterrestre. De los 91 ejemplares estudiados, 13 mostraron niveles de níquel lo bastante altos como para ser compatibles con un origen meteórico. De ellos, 10 fueron considerados como muy probablemente fabricados con hierro meteórico, mientras que los otros tres podrían tener ese origen y necesitan análisis adicionales.
Uno de los hallazgos más notables fue que, entre herramientas, armas, joyas y demás objetos, únicamente los anillos presentaron evidencias compatibles con hierro meteórico. La mayoría de estos anillos fueron hallados en tumbas junto a otros bienes de gran valor, y algunos combinaban hierro con oro, plata o bronce. Ese contexto llevó a los investigadores a sugerir que pudieron haber funcionado como símbolos de poder y estatus entre las élites de la época.
Doce de los 13 objetos con alto contenido de níquel corresponden a la Edad del Bronce Tardía, mientras que los anillos de periodos posteriores no muestran concentraciones elevadas de níquel compatibles con un origen meteórico. Los investigadores plantean que esta aparente moda de los anillos fabricados con hierro meteórico floreció durante esa época y desapareció antes o alrededor del colapso del sistema palaciego micénico, proceso que coincide con la expansión de la producción de hierro mediante fundición.
La única excepción fue el anillo de Anemospilia, hallado en el dedo de un hombre que los arqueólogos interpretaron como un sacerdote de alto rango, también en un contexto destacado. "La asociación del hierro con otros metales preciosos como el oro, la plata e incluso el bronce refuerza la suposición de que estos objetos eran símbolos de poder. Sus dueños probablemente eran personas nobles, miembros de la élite, ya que la mayoría de los anillos que contienen níquel se han encontrado en tumbas de cámara y tholos ricamente amuebladas, posiblemente vinculadas a entornos palaciegos en Micenas, Vapheio o Kakovatos", señalan los investigadores.
En cuanto al origen de la materia prima, los investigadores señalan que los meteoritos de hierro son difíciles de encontrar en Grecia debido a los efectos del clima sobre el metal expuesto. En regiones más áridas, como Egipto, las condiciones favorecen una mejor conservación de estos materiales. Por ello, plantean que los meteoritos utilizados pudieron haber sido importados desde Egipto, aunque no existe evidencia directa que permita determinar dónde fueron encontrados originalmente.
En total, el equipo pudo establecer con seguridad el origen fundido de 78 objetos de hierro. De todos ellos, solo un colgante de Dendra y un anillo de Skoura, cuyas evidencias más antiguas e indiscutibles se remontan a los siglos XIV-XIII a. C., muestran un uso contemporáneo de hierro fundido y hierro meteórico. “Nuestros análisis también confirman que el uso del hierro fundido (de producción local o importado) comenzó a florecer tras la caída de los palacios, es decir, aproximadamente entre los siglos XII y XI a. C., con cierto retraso en comparación con el Cercano Oriente”, señalaron los investigadores.
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