El economista jefe de la FAO, Máximo Torero, advierte que este año el fenómeno será especialmente fuerte y que el país arrastra además una crisis de insumos agrícolas por el conflicto en el estrecho de Ormuz
Alejandro Céspedes García: Estamos con Máximo Torero, de la FAO. Se vienen meses complicados, y uno de los temas es El Niño. Máximo, ¿cuál es el principal riesgo para la alimentación de los peruanos en los próximos meses?
Máximo Torero: Sí, mira, un gusto estar con ustedes. Un poco lo que hay que entender es que, como tú bien decías, hay dos problemas grandes. No es solo El Niño. Hay un problema que estamos arrastrando ya hace más de cien días, que es el problema del estrecho de Ormuz. Lo que ha hecho el estrecho de Ormuz es sacar de la oferta de insumos agrícolas entre el 20 y el 30% de los principales insumos, es decir, el petróleo que utilizamos para poder producir en la parte de procesamiento, transporte y bombeo de agua, que mayormente se hace con petróleo. Luego el gas natural, que se utiliza para producir nitrógeno, central en la urea y en los fertilizantes en general. El azufre, que se utiliza para generar fosfatos, también ha desaparecido. Y las semillas, porque las semillas híbridas, sobre todo de cereales, requieren mucha urea. Ese contexto ya ha llevado a que los precios de esos insumos sean muy altos, y por lo tanto los productores han tenido que decidir producir con menos insumos o cambiar a productos que utilizan menos urea, por ejemplo moverse de cereales a soja, o vender a biocombustibles en los países donde los hay.
Tenemos menos oferta de alimentos a nivel mundial y precios que están empezando a subir. Los principales commodities afectados ahora son el arroz, el trigo duro, que es para la pasta, y poco a poco el maíz y el trigo para el pan también están empezando a subir lentamente. Hemos tenido suerte, por otro lado, a nivel mundial, porque ha habido una buena cosecha de trigo para pan y de maíz, lo cual nos ha ayudado a compensar un poco la situación. Pero en ese contexto tenemos además ahora el Niño, y es un fenómeno que va a afectar a muchos países del mundo, no solo a Latinoamérica. Eso se puede ver históricamente. Pero además, lo que está diciendo la NOAA y lo que está diciendo la Organización Meteorológica Mundial es que este va a ser un Niño muy especial y muy fuerte. No necesariamente esperan que el impacto sea igual que antes en términos históricos, pero sí esperan que sea muy fuerte.
Entonces, en esas condiciones, con pocos insumos, El Niño va a afectar más, simplemente porque nuestros suelos van a estar en mayor estrés respecto a la situación actual. Si venimos al caso del Perú, el país históricamente se ha visto afectado por El Niño. Hemos perdido alrededor del 10% del PBI, entre 3 mil y 3.500 millones de dólares o más, en pérdidas por este fenómeno, y mayormente no hemos estado bien preparados. Hemos esperado a que pase para recién reaccionar y tratar de recuperar la situación.
Eso no lo podemos permitir esta vez. ¿Qué es lo urgente? Lo más urgente, y lo que hay que entender, es que El Niño va a ser heterogéneo: va a haber inundaciones en la costa y escasez de agua en la sierra. Entonces hay que hacer una estrategia que tome en cuenta esas características. Tenemos que evaluar lo que ha pasado históricamente en el caso del Perú y empezar a dar soluciones. Nosotros lo vemos desde dos puntos de vista. El primero es la prevención. Eso implica sistemas de alerta temprana, que ya existen y están avanzando, pero hay que mejorarlos. Implica tener seguros, en la medida de lo posible, que nos permitan protegernos. Implica estar preparados para lo que va a pasar en términos de enfermedades de animales y plantas, y estar listos para los choques que ya conocíamos históricamente.
Máximo Torero, economista jefe de la FAO, detalla que el impacto de El Niño en la economía peruana ronda el 10% del PBI y que la meta es reducirlo al 5% o incluso al 3%. "Ese es el rol del gobierno", sostiene, y añade que debe existir "un programa de protección social muy bien focalizado". Frente a la pregunta de cuánto afectará esto a la canasta familiar, el especialista reconoce que "es muy difícil saber ahora cuál sería el impacto".
El segundo componente de la estrategia, quizás el más relevante, es la capacidad de absorción de los productores. Torero señala que ya se observan cambios en la costa vinculados a la agroexportación: se intenta adelantar las cosechas, migrar hacia cultivos más resistentes a la humedad como la sandía y proteger lo ya sembrado mediante mecanismos de irrigación. En la sierra, en cambio, "todavía no hemos visto mucho avance ni mucho cambio". Allí propone pensar en pequeños reservorios que acumulen agua para los períodos de escasez y permitan irrigar esa zona del país.
La infraestructura también sufre los embates del fenómeno climático, sobre todo los caminos. Torero plantea revisar la historia para identificar los tramos que usualmente resultan afectados y, a partir de ahí, definir rutas alternativas, posicionar tractores y maquinaria para resolver los problemas con mayor rapidez, limpiar los cauces de los ríos y reforzar los puentes que suelen colapsar. "Hay un montón de medidas de infraestructura y productivas que nos pueden ayudar a minimizar esa pérdida, esos tres mil millones que siempre perdemos, y a tener mayor capacidad de absorción y prevención a la vez", afirma.
Consultado sobre con qué ministerios debería reunirse la FAO de inmediato, el economista responde que eso es una decisión que el gobierno debe tomar "de arranque". Su recomendación inicial es crear un panel de control que sea "descentralizado, pero a la vez centralizado", con el fin de establecer prioridades: qué inversiones de infraestructura ejecutar con rapidez, dónde posicionar activos para minimizar riesgos y qué inversiones en tecnología y transferencia tecnológica realizar, y en qué parte del país. Torero destaca que hoy existe abundante información satelital de alta resolución sobre el nivel de estrés de las siembras; combinada con el historial de eventos previos, ese panel de control puede convertirse en una herramienta muy útil para la priorización.
En la distribución de responsabilidades, el MIDIS aparece como la institución más vulnerable, la "cola de la distribución". Sus programas de transferencias condicionadas deben focalizarse en los sectores con mayor probabilidad de ser afectados por El Niño. "No a todo el mundo, tienen que estar focalizados", enfatiza.
El Ministerio de Agricultura, por su parte, tiene la tarea de garantizar que los productores cuenten con semillas resistentes a la sequía en la sierra y semillas resistentes al exceso de agua en la costa. También debe brindar apoyo tecnificado, coordinar con la inversión regional la construcción de pequeños reservorios en la sierra y supervisar la limpieza de los cauces de los ríos, así como la infraestructura de mayor escala.
Sobre las regiones donde la FAO intervendrá primero, Torero aclara que la organización es "una entidad de asistencia técnica calificada" que debe ayudar a armar ese centro, ese dashboard o panel de control, con toda la información disponible, y trabajar de manera articulada con el gobierno central y los gobiernos regionales. "No puede estar desvinculado", subraya. Las zonas más afectadas serán toda la costa norte y, en la sierra, Huancavelica, Ayacucho, Arequipa y "sobre todo Puno, que también se va a ver afectada". También habrá que atender partes de la selva.
El economista jefe de la FAO también advierte que la pesca sufrirá el impacto del fenómeno. La anchoveta, al buscar temperaturas más bajas, se desplazará a mayores profundidades, lo que golpeará directamente a la pesca artesanal. Por eso, sostiene, se requiere una estrategia específica para ese sector. Y en la sierra, el plan debe enfocarse en el alimento del ganado: si las cosechas se pierden, no habrá forraje para los animales. “Tenemos que estar preparados para eso”, afirma.
Consultado sobre la ganadería, un tema del que dice que se habla poco, Torero insiste en que la clave está en tener el forraje reservado y en “ver la forma de hacer las compras necesarias para que la ganadería no se vea impactada”.
La conversación deriva luego hacia las cifras del hambre en el Perú. Tras el cambio de metodología del INEI para medirla, los números locales no mejoraron como en el resto de la región. Torero revela que la tasa de hambre o desnutrición crónica en el país se mantiene alrededor de 5,7% en los últimos tres años. “Históricamente ha bajado, pero podría estar mucho más baja”, admite. En su opinión, una meta que debería plantearse el actual gobierno es el hambre cero, algo que, recuerda, acaba de lograr República Dominicana. El año pasado, además, Brasil apareció en el mapa del hambre.
Pero existe otra medición que el INEI implementó y lanzó hace pocos meses: el FIES (Food Insecurity Experience Scale, en inglés), la escala de inseguridad alimentaria. Esta escala distingue dos componentes: la inseguridad severa, equivalente a la desnutrición, y la moderada, que corresponde a la sobrenutrición. En el Perú, la cifra llega a 30,5%, “y eso es lo que hay que bajar”. Torero explica que este indicador no está atado solo a la desnutrición, sino también a la sobrealimentación, es decir, a las dietas saludables. Y aquí aparece otro problema: el costo de las dietas saludables en América Latina es el más alto del mundo, incluido el Perú.
Frente a ese escenario, el economista plantea revisar qué pasa con los mercados locales y con la diversidad de alimentos que se requiere para abaratar la dieta saludable. Reconoce que la apuesta por la agroexportación “es algo muy bueno, porque genera ingresos y ayuda a incrementar mercados para nuestros productores”, pero advierte que también hay que preocuparse por el mercado local. “Hay que trabajar con ambas estrategias”, sostiene, y remata: “Hemos sido muy exitosos en la agroexportación. Tenemos que empujar mucho más nuestro mercado local”.
Sobre el programa de alimentación escolar, que ha cambiado de nombre varias veces —de Qali Warma a Wasi Mikuna y ahora al PAE—, Torero recuerda que la FAO cuenta con una red latinoamericana basada en la experiencia brasileña, de la que casi toda la región forma parte: la RAES. Esa red, dice, ha acumulado el aprendizaje de las mejores prácticas. Y lanza una reflexión: el sistema de alimentación escolar de Brasil no fue exitoso desde el primer día, tuvo muchos problemas, pero de esos errores se puede aprender y se pueden saltar etapas.
Lo que ha hecho la FAO, junto con su oficina regional y la oficina de país, es sistematizar toda esa información. ¿Qué implica eso? Que no solo se habla de calorías, sino de dietas saludables. La pregunta es cómo lograr un programa de alimentación escolar que las incluya. En el Perú, dice, “es inadmisible que tengamos los niveles de anemia que tenemos”, y eso se puede solucionar con un sistema de dietas saludables, desayunos y meriendas escolares.
Además, la FAO está midiendo los desperdicios en las dietas saludables en República Dominicana. La lógica es simple: si un niño deja de comer algo y lo bota, quiere decir que no le gusta, y ahí hay que cambiar el menú. “No es que el programa esté mal, es simplemente que no se está adaptando a las necesidades del niño”, aclara. Y añade: “Que sea saludable no quiere decir que no sea delicioso. Se quiere que sea delicioso, para que el niño lo consuma”. Para ese aprendizaje, la FAO desarrolló una aplicación llamada OptiWaste, que mide esos desperdicios, es muy fácil de usar y además ayuda a cambiar el comportamiento de los niños.
Alejandro Céspedes García: ¿Ya se usa en el Perú?
Máximo Torero: No, todavía no, y queremos aplicarlo, pero tenemos que empezar poco a poco.
Alejandro Céspedes García: ¿Qué le dirías a un padre o una madre que no sabe cómo alimentar mejor a sus hijos con lo poco que tiene?
Máximo Torero: Mira, hay que entender un poco nuestra realidad. Si ves en el mundo a los países que han logrado salir o bajar sustancialmente su hambre, y salir de un mapa de hambre, son países que han tenido dos enfoques grandes. Uno es la protección social, no solo transferencias sino también meriendas escolares, y el otro es la mejora de la producción y la productividad de forma sostenible. Ese es el caso de Brasil, el caso de Chile, y ahora el caso de República Dominicana.
Alejandro Céspedes García: ¿Productividad de qué, del trabajo?
Máximo Torero: No, estamos hablando de productividad en términos de las semillas, del producto que rinden. Por supuesto que también se incluye la productividad laboral.
Esos son los dos mecanismos. Ahora, hablando de la merienda escolar, la realidad peruana es bastante compleja. Hay escuelas donde los niños caminan tres horas para llegar y tres horas para regresar. En algunas no es así, pero mayormente tenemos un problema de movilidad enorme, sobre todo en la sierra. Ahora las zonas más vulnerables están en el sur y en la Amazonía, donde la situación es todavía mucho más compleja. En esa realidad tenemos que adaptarnos y vivir en ella. Un niño que camina seis horas al día va a tener una sola merienda al día, y si esa merienda no es adecuada, se le está haciendo un daño que va a afectar su futuro. Por eso es tan importante, dentro de los programas sociales, el componente de la merienda escolar. El Perú tiene que ponerle mucho énfasis a mejorarla.
El primer objetivo de la merienda escolar es alimentar bien al niño, con dietas saludables. Una vez logrado eso, la siguiente etapa es hacer compras locales para promover también la agricultura. Pero el primer objetivo es que el niño tenga buena alimentación, porque eso beneficia hoy y mañana. La segunda etapa es ver qué se puede comprar localmente, y ahí hay que avanzar cuidando la salubridad alimentaria, porque lo último que se quiere es que un niño se enferme por la comida que come. Ahí hay que poner estándares de salubridad muy altos. Y luego se puede empezar a ver cuestiones de agricultura sostenible o regenerativa. Pero hay que ir en secuencia, no se pueden saltar etapas. El primer objetivo es alimentarlo bien, y creo que el Perú lo puede lograr. Es cuestión de armar la institucionalidad y los estándares de salubridad que se requieren para que esos niños puedan alimentarse mejor.
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