La CADE Educación 2026 reúne a las voces autorizadas para aterrizar y trazar las rutas a seguir en pro de la formación de los peruanos del mañana; sin embargo, el sector arrastra una crisis desde hace 15 años que no hace más que debilitar el potencial del país, según Gonzalo Galdós, presidente de IPAE Acción Empresarial, en un escenario donde la inteligencia artificial y los avances tecnológicos redefinen el mercado laboral.
José Carlos Saavedra, economista principal de Apoyo Consultoría, reveló a Gestión que no hay una mejora clara en los logros de aprendizaje a pesar del incremento nominal del presupuesto para educación: en 2015 el pliego fue de S/ 22,000 millones y ahora supera los S/ 48,000 millones. El nivel satisfactorio apenas es del 13%, llegó a su pico de 18% en 2019, pero tras la pandemia se retrocedió.
“Algo estábamos haciendo bien. El Perú destacó como uno de los países que más mejoraron. No quiere decir que era el país que estaba mejor, sino que estaba mejorando”, señaló a Gestión.
En datos del Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación (LLECE) de la UNESCO, Perú supo mejorar hasta 38 puntos en lectura y matemática de sexto grado al combinar un mayor gasto educativo con una gestión más descentralizada entre el MINEDU, las DRE y las UGEL.
Según la Evaluación Nacional de Logros de Aprendizaje (ENLA), 1 de cada 10 estudiantes de quinto de secundaria logra un nivel satisfactorio en lectura y matemática. En colegios privados la media es de 3 de cada 10 estudiantes y en estatales, 1 de cada 10.
La crisis educativa no solo se refleja en las aulas, sino que termina condicionando el futuro laboral de los estudiantes. Giancarlo Vera, director del Departamento de Educación de la Universidad Católica San Pablo (UCSP), advirtió que el déficit en la formación escolar puede convertirse en barreras para acceder a la educación superior, elevar la deserción y limitar la preparación de trabajadores para sectores clave que el país busca impulsar, como minería y energía. En esa línea, un análisis del Banco Mundial basado en información acumulada durante seis décadas encontró una relación positiva entre los años de estudio y los ingresos: cada año adicional de escolaridad está asociado con una tasa de retorno cercana al 9%. Así, una carrera educativa interrumpida o marcada por dificultades de aprendizaje puede acarrear consecuencias económicas de largo plazo.
El problema de fondo, según Saavedra, es que “ahora damos más dinero por alumno, pero los logros académicos siguen siendo bajos”. La variación real del presupuesto se destina mayormente al pago de remuneraciones (S/ 166 millones) y no a infraestructura (S/ 104 millones). Ese desbalance explica que el 30% de los locales educativos esté en riesgo de colapso, que solo el 22% de los colegios rurales cuente con los tres servicios básicos y que el 20% de las computadoras esté inoperativo —cifra que en 2019 era del 12%—.
La brecha también es profunda entre lo público y lo privado. Susana Díaz, gerenta de Desarrollo Institucional de ADECOPA y presidenta del Comité Estratégico de Educación de IPAE Acción Empresarial, señaló que las posibilidades de alcanzar el nivel esperado son tres veces menores que las de un centro privado, lo que revela que “no estamos formando a todos por igual”.
Marcela Benavides, presidenta de CADE Educación 2026, advierte que la inteligencia artificial no debería convertirse en el centro de la reforma educativa, sino en una herramienta al servicio del aprendizaje y no un sustituto del docente. El objetivo no es tener una educación simplemente “más digital”, sino una educación que funcione y en la que la tecnología contribuya a cerrar las brechas.
“Las brechas se van acumulando mientras nuestros alumnos avanzan a través del sistema educativo”, puntualizó. En esa línea, los panelistas coinciden en que el reto no pasa solo por ampliar el acceso a la educación, sino por garantizar que los estudiantes desarrollen las competencias necesarias que exige la transformación tecnológica.
Angello Midolo, director de Comunicaciones de la UCSP, señaló a este diario que la tecnología puede acelerar determinados procesos, pero no resuelve por sí misma las brechas estructurales del sistema educativo; la prioridad, dijo, sigue siendo fortalecer las capacidades de las personas.
De cara al 2030, será determinante mejorar los aprendizajes en secundaria, fortalecer la formación de profesores y garantizar que los jóvenes continúen exitosamente su trayectoria educativa. Eso no solo elevaría los resultados académicos, sino que ampliaría la disponibilidad de capital humano que requiere la economía peruana.
Para recuperar los niveles de aprendizaje previos a la pandemia, el Perú necesitaría un horizonte de cinco años, tomando como referencia el avance registrado entre 2015 y 2019. Así lo considera Saavedra, quien añade que el Ministerio de Educación tiene que priorizar la mejora de infraestructura mediante mecanismos que incorporen a las empresas privadas —como Obras por Impuestos— y vincular el ascenso dentro de la carrera magisterial con el logro educativo.
Ante la inestabilidad del sector —en los últimos 10 años hubo 20 ministros de Educación—, Benavides hizo un llamado a fijar metas de corto, mediano y largo plazo asumidas como una política de Estado que no dependan del gobierno de turno. “Los programas que estén funcionando debemos resaltarlos y aquellos que estén funcionando a nivel pequeño, escalarlos; y los que no estén funcionando, evaluarlos y cambiarlos”, resaltó.
Comentarios 0
Súmate a la conversación
Tu comentario es anónimo, pero para evitar bots necesitamos que te registres. Es gratis y toma 30 segundos.
Crear cuenta para comentar Ya tengo cuenta