El exfutbolista, empresario y conductor Puchungo Yáñez se sumó a la familia de Trome con su nuevo programa, Lateando con Puchungo, que se estrena este viernes a las 6 de la tarde por YouTube. Su llegada se da luego del paso de Ariel Bracamonte por el Café con la Chevez, y ahora fue el turno del expelotero de confesarse con Carla Chevez en el exitoso podcast del ‘diario papá’.

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En una conversación íntima, Yáñez abrió su corazón y habló de la muerte de su padre, un momento muy doloroso en su vida, y de la decisión de vivir con su madre a sus 56 años. También contó detalles de su estadía en Ucrania en el inicio de sus 20 años, cómo trajo 50 mil dólares en un avión sin declarar el dinero y hasta su corta estancia detenido en Argentina. El expelotero confesó dónde se originó su fama de ‘chipi’ y se refirió a los superdotados del mundo de la pelotita, como Kukín Flores y el Puma Carranza.

PUCHUNGO FUE EL PRIMER COLÁGENO DE LA FARÁNDULA

La conductora le recordó que fue “el primer colágeno de la farándula”, a lo que Yáñez respondió con una sonrisa: “¿Colágeno? A mis 56 años…”. Chevez le recordó que cuando ella llegó a un departamento a hacer una entrevista, salió la señora Giovanna y después apareció él, muy joven. “Un pulpín eras pues. Yo llego a hacer la entrevista, sale Giovanna y después sales tú…”, le dijo. Puchungo recordó que era “como dueño de casa”, y Chevez lo comparó con “Io Hugh Heffner”, con bata incluida.

Sobre Giovanna Valcárcel, Yáñez contó que se encontró con su hija en una discoteca: “Estaba yo en una disco con un grupo de gente y vemos al costado una chica linda besándose con el novio. Entonces comenzamos a bromear, oye vayan a besarse más allá, uno está acá entre amigos y era la hija de Giovanna. Ella voltea, me ve y me dice Alfonso y Alfonso no me dicen. Nos dimos un abrazo, la conozco de niñita. Imagínate, ahí en la casa y se acordaba de mí, qué chévere. Pero me encantaría, le mando un beso a Giovannita. La conocí chibolo y templado, templadito, claro…”.

El exfutbolista también rememoró la vez que fue con su mamá al teatro a verla. “Me mandó dos entradas, dije con quién voy. En El Callao nadie quiere salir del Callao a esa edad. La gente me decía dónde vas a ir. A Miraflores, estás loco, muy lejos me decían. Mamá vamos, vamos y todavía me vacila el tío, el que ya murió, el cabezón, este… Fernández…”. Cuando Chevez le preguntó si se trataba de Ricardo Fernández, Yáñez continuó: “Que hacía ‘Detectilocos’, yo lo veía y comenzó a vacilarla con que ahora te pones los chimpunes y no sé qué más le decía y yo no sabía dónde meter la cabeza. Estaba con mi mamá”.

Luego, Puchungo le invitó al estadio a Giovanna. “Le mandé un par de entradas. Fue con su hermana creo y de ahí fuimos a comer. Luego, nos vimos por unas fotos de un diario, no me acuerdo, Hoy o Ídolo, uno de esos. Hicimos unas fotos y linda, preciosa, yo la había visto en periódico nada más…”.

Puchungo Yáñez en el Café con la Chevez. Foto: Joel Alonzo @Photo.Gec

Cuando Chevez le dijo que estaba “face to face” y que “babeaba Puchungo”, el expelotero confesó: “De verdad, cuando la vi… Yo no voy a mirarla, pero nos hicieron unas fotos como diciendo mírense. Me acuerdo que era en el ‘Lolo’ (el Estadio ‘Lolo Fernández’), no me dejó marcado, pero me acuerdo de todo, ¿no? Estaba chibolo, era en la cancha auxiliar del ‘Lolo’, que es una cancha de fulbito. Había un arco y nos pusieron a los dos palo a palo y teníamos que mirarnos y yo no podía mirarla. No, muy linda, muy linda, llegué a mi barrio y me emocioné. Ella fue a mi barrio, bajó a mi barrio varias veces…”.

La relación duró aproximadamente dos años. “Salimos como dos años, más o menos. De ahí ella tuvo un problema, se fue a Estados Unidos y ya supe que se casó, no le fue bien y después nuevamente ya. Solo por el chismoso de Soriano, ese rata e’jebe, que me llama y me cuenta cuando viene a Lima, pero nunca la he podido ver desgraciadamente. Me encantaría…”.

Puchungo también recordó las reuniones en casa de Giovanna, donde solía esconderse. “Iba gente a entrevistarla, tenía muchos amigos en la prensa y entraban a la casa y yo me quedaba en el cuarto, a veces dos horas y ya quería irme pues, ¿no? Mi carro tenía que ponerlo en otro lado para que no lo vean…”.

Más allá de la farándula, Yáñez tiene una larga historia en los camerinos. “En esa época salía un contrato acá, un contrato allá y yo iba a Ucrania. Yo me fui a Ucrania sin saber dónde quedaba, me fui a Arabia Saudita, un poco más México, Aruba que fue al último, pero igual lo demás. Si salía un buen contrato yo iba. Yo siempre quise jugar en Boys, lo cumplí el 93, pero no fue porque me dio la gana, sino porque de la ‘U’ me sacaron”.

El exjugador contó que campeonaron el 92 y al año siguiente se quedó sin equipo. “Boys me habla, me voy al Boys y después me hablan de la ‘U’ para volver, porque Markarían había pedido que vuelva, pero yo ya tenía contrato con Boys. De ahí ya me voy a México y comienzo a hacer mi carrera futbolística, pero donde había contrato había que ir y más dónde te querían Carlita. Porque puede ser que haya más dinero de repente, pero si en un sitio no te quieren tanto como en otro lugar, entonces ahí tú pones en la balanza que te conviene”.

Finalmente, comparó sus primeras ofertas: “Como mi primer contrato era Muni o la ‘U’. La ‘U’ me daba 8 mil dólares por 2 años y el Municipal me daba 10 mil por 2 años, que eran 2 mil dólares más, un montón de plata para nosotros pero tomamos la decisión de ir a la ‘U’. No me arrepiento, dejas de ganar 2 mil dólares, pero ganas en otras cosas”.

LOS NEGOCIOS DE PUCHUNGO

“Atentamente, la gerencia”. Esa firma se volvió su sello, pero nació de una broma entre amigos. “Eso es por los vagos del barrio, porque en el barrio siempre nos sentamos en la esquina y un lunes a las 10 de la mañana la gente debería estar trabajando, pero los gerentes estamos conversando a esa hora. Entonces me decían oye, gerente de qué. Nada, estos son más vagos. Entonces la gerencia decíamos, atentamente la gerencia. Hace tiempo que no lo pongo…”, confiesa.

Su faceta de empresario tampoco fue un camino directo al éxito. “Sí, sí, de todo, pero por aventurero, ¿no?. Puse una pollería, a la gente se le dio por comer chifa ese mes; puse farmacia, poco se enfermaban, no sé. Iba en caída y caída, pero arriesgaba, porque estaba con mi viejo con vida y mi viejo me decía dale pues si te gusta”. Hasta que hace dos décadas encontró el rubro que sí funcionó: un sport bar inspirado en lo que vio en Estados Unidos. “Es algo que me gustó, me atrajo mucho el tema de la pelota, la barra en forma de pelota y lo traje para acá, lo puse…”. ¿Y le va bien? “Sí, gracias a Dios…”.

PUCHUNGO Y SU BARRIO

Pese al éxito comercial y la fama, en su barrio sigue siendo el mismo de siempre, y eso es justamente lo que más valora. “Lo que me agrada de mi barrio es que no soy un ídolo. En mi barrio soy el Puchunguito que conocieron las señoras que me criaron, los tíos que me criaron siguen en mi barrio. Yo nunca dejé de ir a mi barrio, nunca, por más que jugué fuera. Yo venía estaba en mi casa y me iba a mi barrio y ya, te ven pasar, de repente has pasado por otro lado y te miran o te saludan y sentado en la esquina con ellos, conversando. Entonces no te ven diferente y a mí me gusta que siga siendo el mismo puchungo que ellos conocieron cuando éramos niños y corríamos atrás de una pelota o tomábamos una cerveza en la esquina, que yo comencé a tomar tarde, pero ya recuperé. Yo comencé como a los 21 a tomar, yo no tomaba de chibolo en el barrio…”.

Puchungo Yáñez en el Café con la Chevez. Foto: Joel Alonzo @Photo.Gec

La presión de la palomillada existió, pero él tuvo un escudo inesperado: los mismos amigos del barrio. “Sí, sí estaba con ellos, pero gracias a muchos de ellos yo no me fui por otro lado, porque a veces los palomillas mayores, oye vamos que hay una chambita y se iban a hacer algo malo. Ellos mismos me decían hey, sal, sal quédate en la esquina. Por eso yo quiero tanto a mi barrio de verdad…”. Y ese agradecimiento se extiende incluso a quienes hoy están presos. “Sí y gente que ya no está con nosotros, que ha fallecido, gente que está presa y que van a seguir siendo mis amigos. Yo no comparto lo que ellos hacen, pero no soy quien para juzgarlos y hasta donde yo pueda darles la mano, se las voy a dar y donde yo pueda decirles oye, lo que has hecho está mal y estás pagando bien, se lo he dicho también. Pero es gente que a mí me cuidó, tengo que ser agradecido con ellos, no vayas, no hagas, no fumes. Yo nunca en mi vida he fumado un cigarro, la gente no lo puede creer…”.

“Te lo juro, nunca mi vida he fumado, no he probado droga, no he fumado marihuana, no sé nada, que golpear, no sé. Yo antes golpear, pensé que hacías el cigarro así. Nunca use una droga en mi vida, nunca he jalado, nunca he fumado marihuana, menos pasta. He tenido droga en mis manos de chibolo, cuando te dan para que arranquen los otros, porque al chiquito no lo revisan y nunca me ha dado ganas de hacerlo será, porque he visto”.

El ejemplo más poderoso vino de su padre. “Mi viejo hizo algo muy fuerte, que era sacarnos a las 4 de la mañana cuando él se iba a trabajar al puerto, a mi hermano y a mí, a los dos hombres, y salir a la esquina y encontrar a mis amigos, con los que yo jugaba pelota cada día, mirando el suelo, buscando palos. Parecían unos zombies. Entonces mi viejo pasaba y hacía que los miremos. Nosotros los mirábamos y al día siguiente, cuando íbamos a jugar, yo les decía oye, compadre y lo de ayer, qué buscabas, caminabas. Estás loco me decían. No había para grabar, tomar fotos y así. Mi viejo nos decía ustedes van a escoger su camino, yo no voy a estar detrás de ustedes todo el día, no hagan, no hagan, porque es peor, ustedes escojan. Nunca me gustó ser monito de nadie, pero gracias a Dios en mi barrio me cuidaron mucho…”.

PUCHUNGO SE MAREÓ POR LA FAMA

La fama llegó temprano y con ella una combinación peligrosa. “Sí, sí, sí. Hay una frase que siempre digo, que la fama con dinero es fatal. Esa combinación es brava y a temprana edad peor, pero yo tuve a mi familia cerca. Tuve gente del barrio que también igual, porque llega un momento que tienes que hacer chancha entre todos para comprar un pollo y al día siguiente yo tenía 8 mil dólares míos, que me pertenecían que era un montón de plata…”. Ese salto abrupto lo desconcertó. “Claro y yo podía comprar con eso la casa que alquilábamos. Entonces te cambia la perspectiva de vida, empiezas a mirar diferente y después tienes que darte cuenta que las cosas siguen tal cual como son, pero sí te llega a golpear comienzas a caminar diferente. Ahora lo veo más, pero siempre tienes que tener gente al lado para que te encamine, siempre tu lapo…”.

En lo personal, su vida familiar siempre estuvo marcada por la cercanía con sus padres. “Yo he vivido con mis viejos toda mi vida. He convivido con dos parejas, pero no me casé, estuve uno a punto de casarme…”. ¿Llegó a pedir la mano? “Pedí la mano a la antigua…”. Esa decisión, sin embargo, le costó caro con su padre. “Si a la antigua. Mi viejo hasta ahora no me va a perdonar. Por eso se aparece en mi casa, nos mueve la puerta, porque lo hice ponerse terno mi viejo. Mi viejo odiaba ponerse terno. Creo solo se puso terno para el matrimonio de mis hermanos, ese día para la pedida que me dijo no voy a ir con corbata no seas cargoso y cuando se fue, en el cajón lo mandamos con su saco para que reniegue allá. Mi mamá dijo ponle saco, con su chompa del Boys y el saco. Así se ha ido renegando seguro, pero no le gustaba y se tuvo que poner. Me dijo ya, voy a ir, porque no quería. Pero sí he convivido dos veces y con mis viejos y hay gente que te dice oye, pero ya vive solo. Pero por qué si soy soltero, tengo a mi viejita viva. ¿Por qué voy a dejar que viva sola?”.

LA MUERTE DEL PAPÁ DE PUCHUNGO

La partida de su padre es uno de los episodios que más lo marcó. Puchungo recuerda que su papá ya estaba delicado de salud cuando falleció, y no fue por covid ni durante la pandemia, aclara. Él solía visitarlo con cuidado: “Yo pasaba le decía papi ya vengo, le daba un beso volado y me iba. Cuando llegaba igual, entraba por su puerta, le mandaba un beso volado, para no contagiarlo”. Esa vez, al despedirse, notó que su padre estaba peor. Le dio un beso volado, salió al Callao, bajó a la playa y ahí recibió la llamada de su mamá. “Siempre las mamás”, dice. A pesar del momento, sola con su papá muerto, su madre lo llamó sin llorar y le dijo: “ven tranquilo, pero ven a la casa”.

Antes de esa llamada, él sintió algo extraño: “Te juro que en ese momento, antes que mi mamá me llame, sentí como que me había caído un baldazo de algo y sentí como escalofrío. Yo estoy seguro que ha sido el viejo que me ha dicho oye, ya encárgate de la casa”. Al regresar, encontró a su mamá llorando a un costado y a su papá tendido. Lo que hizo después sorprende: “me eché en su barriga y me quedé jato te lo juro. Yo dije por qué. Lo normal es que yo lloré, te tires encima”. Él lo interpreta como una señal de paz: “Creo que eso, cuando lo he conversado con gente, es porque se ha ido tranquilo y tú estás tranquilo, porque has hecho lo que has podido”. Se quedó dormido unos 40 minutos sobre el cuerpo de su padre, mientras su mamá lo miraba sin llorar, hasta que llegaron el doctor y sus amigos del barrio, a quienes adora, para levantar a su viejo. “Pero fue una tranquilidad, como que ya cumplimos”, reflexiona.

Él asegura que no se trata de “mamitis” ni de no haber crecido o desarrollado, como muchos asocian. Simplemente disfruta a su madre, como disfrutó a su padre. De hecho, tras esa experiencia, cuenta que durmió como nunca: “Me quedé jatito y hacía tanto que no dormía tan tranquilito, de verdad”. Hoy, las cenizas de su papá están en la casa. “No quiero que mi mamá vaya a un cementerio y le vaya a pasar algo. Prefiero tener al viejo ahí y ahí vamos a estar todos le dicho a mi mamá, los tres vamos a estar ahí juntos, que nos guarde alguien ahí…”, dice, y agrega que el viejo “igual está contento, se aparece en la casa siempre”.

PUCHUNGO EN UCRANIA

Su primera aventura fuera del país fue a los 22 para 23 años. No fue Ucrania el primer destino, sino México. “México normal, pero Ucrania sí era lejísimos. Yo no sabía ni dónde iba”, confiesa. Viajaron a prueba cinco jugadores y, aunque le pagaron bien, solo él se quedó. “Hicimos un partido de práctica y eran canchas rápidas, todo mojado, la lluvia, el frío. Yo decía que voy a jugar acá, qué hago acá y al último el entrenador dijo no, se queda solamente él”. Así, tuvo que permanecer solo unos 6 o 7 meses, y fue “terrible”.

PUCHUNGO LLEVÓ 50 MIL DÓLARES PEGADOS EN EL CUERPO

En Ucrania, el frío era tan intenso que ni siquiera pensaba en el amor: “No quería sacarme la ropa para dormir y voy a sacarme la ropa para que… No seas mala. Un frío allá. Es en lo que menos pensaba. Son lindas las chicas, pero no”. Su única obsesión era que llegue fin de mes para cobrar y mandar la plata. El problema era que no se podía enviar por banco porque “era tiempo comunista”. Entonces le dijeron que “había que sacar la plata en el cuerpo”. Eran unos 45 mil o 50 mil dólares. Él se negó a comprar algo allá: “Qué voy a comprar acá, si no quiero ni regresar nunca más en mi vida. Que voy a comprarme un departamento si no pienso ir nunca más. Dije no, me llevo mi plata. Me la metí en el cuerpo y me fui y pasé…”.

La travesía fue una “irresponsabilidad terrible, pero por desconocimiento”, admite. En ese tiempo no existían las declaraciones de ahora. Para el frío, usaba unos calzoncillos grandes como los de la Familia Ingalls. “Yo paraba con eso todo el día, ya por dentro estaba para freír, estaba negro, porque no me lo sacaba, tres días que ni me bañaba por el frío”. Ahí guardó su dinero y pasó los controles. “Te revisan cuando sales del país, porque con qué entré con una pulsera, 300 dólares y una cadena y eso te lo verifican. En ese tiempo gracias a Dios no había rayos x, nada y era todos con su metralleta en el aeropuerto y yo pasé mi plata Carlita”. Con ese dinero, compraron una casa en el Callao y otra en San Miguel.

El susto no terminó ahí. Llegó a Nueva York y, por “estupidez e ignorancia”, no declaró el dinero. “Me metí al baño y tenía que declarar de Nueva York para Perú también. Yo con mi plata guardada en mis bolsillos…”. En el baño, los billetes estaban mojados por los nervios: “les metí su soplada sentado en el water y secaba mis dólares. Los doble así, los guardé”. Él cree que “cuando no tienes miedo no pasa nada”, y así pasó. Al llegar a Perú, su papá lo regañó: “oye tarado, ¿qué has hecho?”. Él respondió que había traído su plata, pero su papá le explicó que debía declarar. “Eso es lo más cercano que he estado a una cárcel, ¿no? He estado en batidas nada más, pero sí he estado como preso en el extranjero”, adelanta.

La anécdota del calabozo en Buenos Aires comenzó a las 6 de la mañana de un sábado, cuando Puchungo Yáñez llegó con su equipo para jugar un campeonato de Show Gol contra Maradona. Al llegar, un oficial lo detuvo: su pasaporte estaba vencido y en Argentina no trabajan los fines de semana. “Tú no puedes entrar”, le dijo el pata. En ese tiempo, varias bromas habían hecho a Chiquito Flores, incluso una con Damián, en la que dejaron colgado a su primo, y siempre lo amenazaban: “te voy a agarrar, te voy a agarrar”. Por eso, cuando lo frenaron, pensó que era otra cámara escondida. Además, uno de los que hacía las bromas, el Cabezón Aranda, jugaba con ellos pero no había viajado ese día: recién lo haría al día siguiente. “En Perú tendrían que haberme dicho no puede viajar”, razonó, y entonces “la pegué de valiente, porque si yo sé que es verdad me orinaba en el momento”.

“Pero yo como pensé que es broma, que había una cámara escondida dije señor, qué tengo que hacer”, recuerda. Le respondieron que debía regresar a su país, que su vuelo salía a las 10 de la noche. “¿Y qué voy a hacer, caminar por el aeropuerto?”, preguntó, y la respuesta fue contundente: “Pierdes, te vas preso, calabozo”. Entonces, decidido a seguirle el juego a la supuesta broma, agarró su maletita y se fue al calabozo. Adentro había un nextel y, en Argentina, Estados Unidos y Perú, se podía llamar gratis. Así que llamó al Cabezón Aranda: “Mitrón ya para con la broma pues compadre. Estoy acá preso con un chileno”. El chileno le contó que estaba detenido por 10 kilos, y Puchungo le pedía al Cabezón que les diga que lo suelten, pero el Cabezón se mataba de risa y le decía que no sabía de qué le hablaba. “Ahí yo pensé es broma”, insiste.

El calabozo era de esos normales, pero no había huequitos. “No hay un huequito por acá”, pensaba, y hasta sospechaba que el chileno podía estar “chambeando con ellos”. De pronto, se llevaron al chileno y se quedó solo. Para pegársela de canero, se echó en el suelo a dormir, pero no dormía: “cerraba el ojo nomás”. A mediodía tocaron la puerta: “Cabezón se me está acabando la batería, compadre me duele el cuerpo, ya para con esta vaina”, le decía, y el Cabezón seguía muerto de risa. Le abrieron la puertita y le metieron su comida, pero ni hambre tenía: “decía estos están esperando que yo reviente y comí un poquito así”. Le preguntó al maestro a qué hora se iba y le dijeron que a las 10 de la noche salía su vuelo. Para ese entonces, Papelito Cáceres, que vivía allá y estaba en la organización, se fue hasta la casa del cónsul, dos horas, y trajo al cónsul al aeropuerto para que firme y selle su pasaporte y pueda salir.

“A las 5 de la tarde, cuando yo ya estaba en desesperación, dije esto no es broma, ya esta vaina no es broma, me dolía el cuerpo…”, confiesa. Llegó el policía y le preguntó: “quién sos”. “¿Quién sos qué? Compadre déjame salir quiero irme a mi casa”, le respondió. El policía le dijo que allá viene el cónsul, que le ha sellado, que te vas a la calle. Y ahí estuvo varias horas. “Dije no ha sido una broma esta vaina. Pero la pegue de valiente, porque si yo sabía que era verdad me daba pataleta de repente, ¿no?”, reflexiona. Y concluye: “Valió la pena la cana, la única vez que he estado en esos aprietos”.

Finalmente pudo jugar contra Maradona. “Fue un partidazo. Maradona ya estaba mal estaba de la rodilla, pero igual enfrentarlo y tenerlo cerca es alucinante. Pude jugar contra los tres hermanos, contra Lalo, contra Hugo y contra Diego pues, ¿no?”, recuerda. Hubo un video del encuentro. “Creo que perdimos, como era Show Gol, 14-13 creo o 15-14. Por 1 gol nos ganaron. Valía todo, no sale la bola, rebote en la pared, los cambios a cada rato y súper chévere jugar contra Maradona”.

LATEANDO CON PUCHUNGO

Y Alfonso Yáñez volverá a la televisión. “Nuevamente. Voy a regresar. Estuve como dos años con Depor más o menos y ahora vamos a estar con Trome. Vamos a hacer algo bien chévere, bien bacán, callejero como me gusta…”, adelanta. Y cuando le mencionan lo rico que es sentarse en su esquina, comer su choclo con su queso o su papita sancochada con ají, él agrega: “O tu raspadilla. La tía que ponía sus pies en el hielo y después levanta el hielo y hacía su raspado. Es verdad, te lo juro no había microbios, nada”.

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