Un estudio de Bumeran, elaborado a partir de las respuestas de 3.503 trabajadores y especialistas en Recursos Humanos de Perú, Argentina, Chile, Ecuador y Panamá, reveló que el contenido publicado en plataformas personales influye cada vez más en la vida profesional. Según el informe, el 48% de los reclutadores revisa los perfiles públicos de los postulantes durante los procesos de selección, lo que representa un aumento de ocho puntos porcentuales frente a 2025.

Entre quienes llevan a cabo esa revisión, el 52% indica que busca conocer aspectos de la personalidad e intereses del candidato, y otro 52% presta atención a su reputación online. Además, un 30% de los especialistas afirma que intenta identificar posibles conductas controversiales en las publicaciones.

La tendencia también genera efectos en los propios trabajadores: el 63% admite que controla lo que publica en redes sociales por temor a que afecte su carrera laboral. De esta manera, la experiencia y la información presentada en el currículum ya no son los únicos factores considerados por las organizaciones, sino que la huella digital se convierte en una referencia para conocer la reputación y el perfil profesional de una persona.

La huella digital también puede convertirse en una referencia para conocer la reputación y el perfil profesional de una persona.

El estudio analiza cómo el contenido publicado en plataformas personales puede influir en la percepción que tienen las organizaciones sobre sus trabajadores y en las decisiones vinculadas al ámbito laboral, un espacio donde las redes sociales personales empiezan a ocupar un lugar cada vez más visible.

El impacto de las publicaciones en redes sociales ya se ha traducido en experiencias concretas dentro del ámbito laboral peruano. El 35% de los trabajadores afirma haber experimentado o presenciado algún caso en el que el uso de redes sociales personales tuvo consecuencias negativas en el trabajo. Esa cifra bajó cuatro puntos frente al 39% registrado en 2025, pero aún representa a más de tres de cada diez personas consultadas. De quienes reportaron estas situaciones, el 79% señala que el caso ocurrió a alguien de su entorno laboral o personal, mientras que el 21% afirma que le sucedió directamente.

La principal consecuencia mencionada fue el deterioro de la reputación laboral, con pérdida de confianza y credibilidad, señalada por el 59%. También se reportaron pérdida de oportunidades de ascenso (34%), pérdida del empleo (22%), cambio de rubro laboral (10%) y pérdida de clientes o potenciales clientes (9%).

La preocupación no se limita a quienes participan en procesos de selección. El 63% de los trabajadores consultados en Perú afirma que controla lo que publica en sus redes sociales por temor a que una publicación pueda tener una repercusión negativa en su carrera laboral. La proporción es similar en otros países incluidos en el estudio: Chile registra 64%, mientras que Ecuador y Panamá alcanzan 63% y Argentina, 57%.

El profesionalismo también aparece entre los criterios que los reclutadores consideran al revisar estos perfiles: 26% de los especialistas señala que revisa las redes con ese objetivo y otro 26% las utiliza para comprobar si la información presentada por el candidato mantiene coherencia con lo que aparece públicamente en sus perfiles.

Empresas monitorean más las redes, pero pocas tienen reglas específicas

El interés de las empresas por las redes sociales de sus trabajadores no siempre se traduce en normas formales. El 93% de los trabajadores asegura que su organización no cuenta con políticas específicas sobre el uso de sus cuentas personales, y solo el 7% afirma haber recibido información al respecto. Entre los especialistas en Recursos Humanos, el 81% también reconoce que sus organizaciones carecen de reglas claras sobre este tema.

Pese a esa falta de regulación, el monitoreo creció de forma notable. El 38% de los especialistas en RR. HH. afirma que realiza algún tipo de seguimiento de las redes de los empleados, frente al 25% registrado en 2025: un incremento de 13 puntos porcentuales en solo un año. Dentro de ese grupo, el 50% revisa las cuentas de toda la organización; el 33% vigila perfiles específicos, como voceros o representantes, y el 17% observa las de quienes ocupan cargos directivos.

La ausencia de reglas no implica que lo publicado se considere irrelevante. El 78% de los especialistas estima que ciertas publicaciones de un colaborador pueden afectar su posición dentro de la empresa, mientras que el 85% cree que los comentarios o publicaciones personales tienen capacidad de repercutir en el entorno laboral, la cultura o la imagen organizacional.

La brecha entre lo que ocurre en la práctica y lo que perciben los trabajadores queda evidenciada en el estudio: mientras el 61% considera incorrecto que las organizaciones evalúen sus redes sociales personales, el 39% restante cree que sí debería hacerse. Frente a un incidente de este tipo, las reacciones de los especialistas varían: el 29% aconsejaría al trabajador sobre el uso responsable de las redes, respetando que son espacios personales; un 21% condicionaría su respuesta a la gravedad del caso, con opciones que van desde una conversación informal hasta la desvinculación; otro 21% aprovecharía la situación para revisar las políticas internas, y solo el 18% ofrecería capacitación específica.

El panorama revela una contradicción: los perfiles personales ganan relevancia en la selección y seguimiento de colaboradores, pero la mayoría de empresas aún carece de reglas claras para abordar ese contenido. Así, la creciente atención que reciben las redes en el ámbito laboral contrasta con la ausencia de políticas específicas en buena parte de las organizaciones.

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